Ignacio Muro Benayas

Política, economía, medios, participación

Tecnología e innovación digital. Dinámicas territoriales, dinámicas publicas

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Ponencia al IX Congreso de Ordenación del Territorio- Cantabria, CIOT 2019

Introducción: las ciudades y los nuevos desequilibrios territoriales

La globalización ha redimensionado la importancia de los diferentes contenedores territoriales (Estados, regiones, ciudades) en beneficio de estas últimas. Los sistemas de producción han ido desplazándose de manera creciente desde las regiones a los centros metropolitanos extensos. Al igual que ocurrió en la Edad Media la escala metropolitana domina de nuevo.

Si las regiones industriales tradicionales eran, desde el siglo XIX, la columna vertebral del capitalismo, nuevas y enormes economías urbanas pasan a ser las plataformas de creación de valor en las cadenas de producción global. Es en torno a ellas donde se construyen las nuevas lógicas capitalistas y donde pugnan por nacer los nuevos modos de relaciones sociales.

El desarrollo inmobiliario se convierte en una pieza central de lo que se entiende como “economía productiva de la ciudad”, un fin en sí mismo, justificado por el reclamo de puestos de trabajo, impuestos y turismo. La reocupación del centro impulsa procesos de especulación y alimenta una estrategia de acumulación de capital que conforma un consenso inexpugnable para las economías urbanas en competencia.

Ese vector económico que asociamos a la modernidad parece definir la lógica económica del futuro. Pero no es el único. Aunque los Estados-Nación parecían que habían diluido sus funciones en la globalización multilateral, la crisis de 2008 y sus efectos les han vuelto a activar como contenedores determinantes en la cohesión social y las relaciones de poder. Si la cooperación supra regional aspiraba a diluir los conflictos norte-Sur o centro-periferia que dominaron el siglo XX, el retorno a las políticas aislacionistas y los repliegues nacionales invaden los comportamientos de los países anglosajones, precisamente aquellos que lanzaron al mundo hacia la modernidad neoliberal en el que el Estado se replegaba a su mínima expresión. 

Las siguientes líneas intentan poner orden en las relaciones entre tecnología e innovación y su interconexión con las dinámicas territoriales y las dinámicas públicas 

La globalización invierte la tendencia a la concentración territorial de recursos. 

La concentración territorial de recursos ha sido una tendencia constante desde el nacimiento del capitalismo. El reflejo más abrumador de esa tendencia es que la población de los países desarrollados, simbolizados en la Tríada (EEUU, EUROPA, Japón), que, a mediados de los 90 del siglo pasado, era solo el 20 % de la existe en el mundo, concentraba el 87 % de la producción y riqueza del planeta. Esa tendencia a la concentración territorial del poder y de riqueza venía creciendo particularmente desde los años 50 y conectaba directamente la idea de “desarrollo capitalista” a la idea del “desarrollo desigual” por su capacidad para fomentar los círculos viciosos de la dependencia, muy similares a las lógicas neocoloniales, que aumentaban la distancia entre “países ricos” (enriquecidos) y “pobres” (o empobrecidos).

Esa tendencia se empieza a romper en los año 80, coincidiendo con los primeros compases de la globalización neoliberal. El desarrollo de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) y sus consecuencias representadas por la externalización y deslocalización, muestran su capacidad para mantener la unidad de los procesos productivos aún dispersándolos en el espacio. La lógica “in situ” como símbolo de organización de la actividad económica empieza a ser sustituida por una lógica “in rete” -en red- basada en la descentralización y deslocalización de la producción que revoluciona y democratiza el concepto de innovación.

La caída del muro de Berlín en 1989, la aparición de los nuevos mercados nacionales de los países comunistas y la liberalización de China, territorios que el capitalismo necesitaba “seducir” e incorporar a su lógica, aseguran un aumento extraordinario de la demanda agregada global y la explosión del comercio internacional. 

  • La gobernanza global se identifica con el multilateralismo colaborativo y se instrumenta en la OMC.
  • La actividad productiva de las grandes corporaciones se traslada masivamente a la periferia del mundo (China y los BRIC como ejemplo) para aprovecharse de los bajos salarios.
  • Ganar competitividad y capacidad para ganar cuotas de mercado pasa a ser la receta del éxito de un país.

Ese multilateralismo colaborativo, especialmente intenso en los años 90, entra en crisis el 11S del 2001 y el derrumbe de las Torres Gemelas, que refuerza una política basada en la fuerza y en la “convicción moral” de EEUU de ser la única superpotencia capaz de defender la democracia y la prosperidad. Es también la excusa perfecta para que la administración de Bush (junior), empezara a cohesionarse contra el multilateralismo, por iniciativa de sus halcones.  

  • Se deja dormir la OMC en tanto que foro multilateral encargado de pautar la liberalización del intercambio de mercancías y servicios.
  • Se renuncia a las anunciadas reformas del Consejo de Seguridad de la ONU, del Banco Mundial y del FMI diseñadas para integrar a los BRICs.
  • Se recupera la lógica bilateral mediante “tratados comerciales de nuevo tipo” firmados por EEUU siguiendo la lógica del TTIP.
  • El nuevo orden auspiciado por EEUU no está gestionado desde organismos multilaterales sino desde una tupida red de tratados de ese nuevo tipo, que se van apoyando uno sobre otro hasta construir una maraña de difícil retorno. 

Es un cambio que satisface a las grandes corporaciones que consiguen sacralizar sus derechos como inversor y quedan liberadas de la mayor transparencia que la OMC las sometía.  

Globalización: resistencias sociales y modelos agotados

La deslocalización de la actividad estaba aumentando el nivel de vida de las clases medias en las periferias del mundo mientras las de los países occidentales se zambullían en el pesimismo hacia el futuro por los “efectos desiguales” de la globalización neoliberal les acarreaba. Ese estado de ánimo se acentúa dramáticamente con la crisis del 2008 hasta fraguar nuevas corrientes políticas de rechazo a las élites.

Pero hay tres cambios de fondo que acompañan a esos sentimientos y empiezan a reclamar un cambio de dirección pues afectan a la estructura productiva mundial y a los equilibrios geoestratégicos. 

  • Durante años todos los datos proyectivos emitidos por instituciones multilaterales confirmaban que la contribución al PIB global de los países más desarrollados se debilitaba aceleradamente. Así, el Banco Mundial, confirmaba que la Tríada (EEUU, EUROPA, Japón) había descendido 20 puntos su aportación en el año 2008 hasta el 66% del PIB mundial, (87% en 1995) y predecía que seguiría descendiendo su contribución hasta el 45% en 2030. El futuro seguiría perjudicando a los ciudadanos que vivían en los países desarrollados. 
  • La dispersión de actividad a favor de China y los países emergentes empezaba a tener efectos en los equilibriosgeoestratégicos del mundo. El momento en el que se decidía donde ubicar las “fábricas del mundo” intensivas en trabajo había quedado atrás: la  transferencia de tecnología y el desplazamiento de centros de investigación hacia los países periféricos, especialmente hacia China, les permitía comenzar a mostrarse competitivos no solo en actividades de low cost sino también en otras de medio y alto valor. Según el informe de UNCTAD 2005[1], más de la mitad de las transnacionales que más habían gastado en I+D de todo el mundo habían utilizado China, la India o Singapur para desarrollar sus programas. 
  • El comercio internacional estaba agotando su capacidad de ser el motor del PIB global. Si entre 1990 y 1995 el comercio internacional crecía casi 3 veces el PIB global, entre 1996 y 2000 ese ratio disminuía hasta casi 2,5 veces y entre 2000 y 2008 el comercio seguía descendiendo hasta 1,6 veces el PIB. Después de la crisis, entre 2011 y 2016 ese ratio sigue descendiendo y pasa a ser solo de 1,1 de modo que el comercio deja de ser el motor decisivo para el crecimiento del PIB. Esta carencia no encontraba solución con los mecanismos desregulatorios que imponían los nuevos tratados bilaterales. Un nuevo consenso empieza a surgir entre economistas críticos: en ausencia de mercados exteriores se necesitan nuevos mercados interiores que dinamicen la actividad económica.

¿Era/es sostenible ese debilitamiento silencioso del poder económico de los países centrales a favor de la periferia? ¿Qué alternativas factibles se presentaban/presentan al conjunto: qué nuevos mercados exteriores (Ruta de la Seda?), o interiores (finalizar austeridad, aumentar sueldos y consumo de familias?) o qué reajustes de poder (repliegues nacionales) ?

Relocalización y recentralización de la producción: China y EEUU ante el Nuevo Orden.

Tres son los cambios profundos que fraguan en los años posteriores a la crisis de 2008 y que, a diferentes niveles, definen un nuevo escenario en el que se desarrollan los avances tecnológicos.

  1. El primero es claramente determinante y se refiere a la madurez alcanzada por la economía digital y al liderazgo indiscutible de las grandes empresas tecnológicas norteamericanas que instauran otro modo de generar valor que vuelve a facilitar la concentración de poder y riqueza en los centros de innovación representados por EEUU y California. A la doble condición de concentración monopolista y concentración territorial que impulsan las nuevas lógicas dedicó el siguiente apartado. 
  • El segundo es una tendencia más difusa y de difícil cuantificación aunque genera consensos de los principales think tank por su influencia a medio plazo. Se refiere a las nuevas oportunidades de relocalización de la producción en los países centrales (retornos no solo hacia EEUU, sino también hacia Alemania y los países europeos en general…) que ofrecen la robótica y la inteligencia artificial.  

En la medida que los costes laborales de China y otros países emergentes han recortado su brecha con los de los países centrales y la accesibilidad de los avances tecnológicos en automatizaciones de la producción hacen disminuir el peso de los costes laborales, aumenta la capacidad de los países centrales para retener y recuperar producción. Ocurre ya en cierta medida en el textil y el calzado, en los astilleros y en ciertos segmentos industriales pero no parece que pueda considerarse, de momento, un factor determinante a corto plazo. 

  • El tercero si lo es: se refiere al papel ya incuestionable de China y al hecho de que EEUU se sienta impugnada por su rol como potencia tecnológica emergente que gana influencia en áreas de Asía, Latinoamérica y Africa que hasta no hace mucho las sentía como “propias”.  

El presidente Xi Jinping (en el poder desde 2012) había abandonado definitivamente la política de perfil bajo y máxima prudencia, tradicional en China desde Deng Xiaoping, y reconocido su voluntad de liderazgo con dos iniciativas de gran calado: una interna, “made in China 2025” [2]que manifiesta su voluntad de liderar la transición hacia la electrificación y la digitalización de la economía, y otro externo, la Ruta de la seda (One Belt, One Road) que supone la puesta en marcha del mayor programa de infraestructuras de la historia que afecta a 65 países con una población de 4.400 mill.

Al fijar su mirada en diez sectores críticos de alto valor se ha propuesto ocupar el segmento más sofisticado de la cadena global industrial, con un doble objetivo: huir por un lado de la competencia de los países de bajo costo, (Indonesia, India, Vietnam…) especializados en la producción de productos de consumo, como la electrónica de consumo, y ganar autonomía en los sectores más desarrollados conectados con la robótica y la inteligencia artificial. China se prepara así para ofrecer una integración eficiente a las corporaciones extranjeras y evitar que éstas se sientan tentadas a relocalizar a sus países de cabecera los productos de mayor valor agregado.  

Por otro lado, la Ruta de la Seda implica un esfuerzo inversor descomunal pero con gran capacidad para inducir actividad y nuevas relaciones comerciales. Sin decirlo, supone una alternativa a la lógica de los nuevos tratados tipo TTIP: no pone el acento en la desregulacion sino en la necesidad de generar demanda efectiva a la manera keynesiana en un gigantesco proyecto colaborativo global. 

Con estos pasos es evidente que China aparece como candidato al liderazgo mundial. Y lo hace en un escenario en el que nuevos factores tecno-estructurales ofrecen los rasgos diferenciales de una coyuntura histórica.[i]

Es ante ese reto que los dos últimos presidentes norteamericanos han ofrecido salidas distintas. 

Obama (entre 2009 y 2017) optó por mantener el bilateralismo y desarrollar tratados del tipo TTIP, (bloqueados en buena parte por el movimiento anti-globalización) que fortalecieran la posición de las grandes corporaciones con apabullante predominio norteamericano, mientras confiaba en ganar la batalla a China en el mismo entorno asiático. 

Trump y su “«Make America Great Again» opta, por su parte, por instaurar una forma de unilateralismoimperial, vestido de repliegue nacional, que antepone fortalecer su posición “en casa” y en el continente americano. 

Si Obama se apoya en el discurso más optimista de las tecnológicas de California, con Trump retornan al poder las elites extractivas más “puras” (minería, petróleo… ), que actúan como si la riqueza fuera finita y debiera ser explotada en una carrera contra reloj, conectadas con sectores desenganchados de la innovación productiva, (juego, ocio, inmobiliaria…).

Cuando Trump se dirige a las tecnológicas las implica en políticas regresivas y de control social. Cuando el Partido Demócrata recurre al liderazgo de los Google, Appel, Microsoft, Facebook, Amazon… los aprovecha como generadores de innovación disruptiva, capaces de atraer, como nunca antes, a los mejores talentos a sus universidades y centros tecnológicos. Les reconocen así, la capacidad de seducción sobre miles de millones de ciudadanos de multitud de países, convirtiéndose en los proveedores indiscutidos de los nuevos mitos e ideologías (emprendimiento, economía colaborativa, entornos abiertos, creatividad) que triunfan en el mundo. 

Mientras Obama optaba por un liderazgo basado en la lógica seductora del soft power Trump retorna a la lógica más dura del hard power.

Monopolios tecnológicos y California: la riqueza se concentra

La economía digital es algo más que el uso intensivo de las tecnología basadas en la explotación sistematizada de información y el big data que se asocia a la innovación disruptiva. Es un MODO ESPECÍFICO DE PRODUCIR que contamina todos las actividades, pero que se vuelca especialmente en los sectores de servicios destinados al consumo (que representan alrededor de un 20% del PIB global) que promueven pautas y valores con gran repercusión en la vida de la gente.

Ese nuevo modo de producción se basa en lógicas que rompen con las leyes subjetivas de valor defendidas por el marginalismo y la economía neoclásica e impulsan economías de escala explosivas en la producción de servicios intangibles.

  • En la economía digital los costes marginales (el coste de producir la última unidad) tienden a cero ([3]Jeremy Rifkin, 2014) mientras que en la economía material, los costes marginales pasan a ser crecientes a partir de un determinado volumen de producción. 
  • De otro,  las lógicas de red, tienen la particularidad de facilitar una percepción de utilidades marginalescrecientes al crecer el tamaño de la red.  Vuelven a romper la lógica del marginalismo que defendía que la percepción de utilidad de un bien es decreciente cuanto más se usa y lo dan la vuelta introduciendo lógicas de consumo adictivas. 

Este doble incentivo para ganar tamaño hace que sean las redes más grandes, (con más de 500 millones de usuarios), las que exhiben más ventajas para la intercomunicación y los negocios. 

El resultado es que se acelera la creación de corporaciones de servicios tecnológicos con rango de campeones únicos globales. Si se tardó más de 80 años en crear una marca como Toyota, nacida en 1933, en solo 8 años se construyen líderes globales como Facebook. 

Nuevos actores adquieren, en poco tiempo, la categoría de monopolios globales e invaden los mercados identificados con los sectores de servicios al consumo en los que la economía digital es hegemónica. Repasemos sectores: medios de comunicación (Youtube), industrias culturales (Spotify, Netflix, Nintendo), turismo, (Booking), comunicación (Faceboook), comercio (eBay), alojamiento (BnB), logística (Amazon), transporte (Uber)…

Una parte de la economía digital, la que asociamos con la economía colaborativa, tiene además la capacidad para convertir en servicios de mercado la oferta de servicios de proximidad que nunca necesitaron intermediarios ni eran fuente de negocio.  

  • Pedir un taxi (Uber), comprar una pizza (Just to eat), ligar con un/a vecino/a (Tinder) eran consecuencia de relaciones sociales propias de cada persona, no sistematizadas ni mercantilizadas. 
  • Con las nuevas lógicas, pasan a ser parte de relaciones mercantiles desarrolladas por plataformas globales que trasladan fondos a miles de kilómetros (California como destino paradigmático) para resolver necesidades que están a escasos metros de distancia.

El resultado es doblede un lado, la economía digital “colaborativa” es creadora de mercado. De otro, genera una ingente dinámica de excedentes, que equivale a entre el 10% y el 20% de la facturación generada en cada una de las grandes ciudades de todo el mundo por servicios de proximidad (todos los taxis de plataforma, buena parte de las peticiones de comida a domicilio, buena parte de todos los “contactos” afectivos) y que desembocan en EEUU. 

Innovación: “producto interno” o “externo” (compra de start ups)

¿Es la ventaja tecnológica la que justifica el éxito de California y EEUU? 

Si la innovación fuera un producto interno desarrollado en el interior de las grandes compañías tecnológicas o incluso en programas iniciados en el complejo ecosistema tecnológico de Silicon Valley, suma de centros de investigación de origen académico-universitario-industrial muy vinculado al presupuestos de defensa, la ventaja tecnológica de California y EEUU estaría ya plenamente justificada. Un éxito que se reforzaría día a día, además y sobre todo, por la capacidad para atraer talento de todo el mundo. 

Pero no nos engañemos. Más que afirmar que el ecosistema innovador de Silicon Valley sea la causa del éxito tecnológico de California habría que decir que es su consecuencia. Es la capacidad de la economía digital de generar monopolios globales trasladando a sus sedes ingentes cantidades de excedentes financieros la que está detrás de su éxito y de su capacidad de captar talento. 

El éxito financiero y el tecnológico caminan juntos pero es el primero el que resulta determinante. Y ello condiciona una evolución de la lógica innovadora que hace que, cada vez más, la innovación sea un producto externo que se adquiere en el mercado[4]. Y ello por varias razones. 

  • Dada la diversidad de campos en los que las oportunidades surgen es prácticamente imposible que las empresas, incluso si son de dimensión excepcional, (Disney, Google, Microsoft…) sean capaces de estar en primera línea en todos los frentes que les interesan. 
  • Por otro lado, los riesgos inherentes a los proyectos de I+D conllevan una modificacion de  la lógica del inversor: cada vez más huye de la lógica de ser el primero en llegar a un nicho de negocio. Es mejor ser el último y cerrar la puerta a la competencia tras la adquisición. 
  • Las empresas prefieren adquirir empresas innovadoras, es decir, pagar más por el talento cristalizado en proyectos exitosos desarrollados por emprendedores, que desarrollarlas en sus organizaciones. Esa es una de las razones por las que las adquisiciones de start up innovadoras son cada vez más comunes.

Todo ello permite concluir que es la capacidad financiera de las grandes tecnológicas la que permite conseguir ventaja para reproducir y distanciarse en nuevos espacios de innovación. Esta ventaja no solo se manifiesta en la capacidad de comprar cualquier nueva propuesta en sus fases iniciales… también se manifiesta en la capacidad de convertir una aplicación de ruptura en un éxito global, algo que depende, no tanto de saber explotar su ventaja tecnológicacomo de tener músculo financiero para lanzar y soportar un proyecto a gran escala y gestionarlo hasta que genera retornos.

Que cinco tecnológicas, todas de EEUU y la mayoría ubicadas en California, sean las empresas más cotizadas de Wall Street y de todo el mundo muestra hasta qué punto su potencia financiera llega a ser determinante de sus ventajas comparativas. 

Lo digital asalta al corazón del sistema productivo: “innovación disruptiva” versus “innovación continua”

No hay un solo modo de producción capitalista. Bajo el paraguas común de lo que son sus tres rasgos esenciales, (la propiedad privada de los medios de producción, la asalarización del trabajo y el uso del mercado como centro de asignación de recursos) coexisten modos de producir con valores y lógicas diferentes que compiten para conseguir hegemonía de las fuerzas que representan. Y cada uno de ellos tiene una idea específica de lo que supone en estos momentos la innovación productiva.

La economía digital ha encontrado en los servicios al consumo su espacio económico que lidera claramente pero, en los casi treinta años que tiene de vida, todavía no ha penetrado suficientemente en la industria y, en particular, en los sectores con más capacidad de arrastre (construcción, energía, industria metálica) como para modificar las pautas centrales del sistema productivo capitalista. 

Hay que recordar la importancia que la lógica industrial sigue teniendo en la economía mundial. No incluye solo a la industria propiamente dicha (un 20% del PIB mundial), sino, también, a los servicios a las empresas, denominados B2B (en sí mismos, casi un 40% del PIB mundial), que surgen de la externalizacion de operaciones pero que son pieza esencial del sistema productivo. Es desde esos servicios, (especialmente logísticos, de diseño, ingeniería y consultoría, de mantenimiento o comerciales…) desde donde la economía digital empieza a modificar las pautas centrales.

Es con la implantación de la robótica y la inteligencia artificial en los principales sectores industriales cuando “el asalto al centro” está asegurado y con ella la transformación en sí del trabajo y los cambios en la relación hombre-maquina que traen consigo. Sin embargo,  no es fácil predecir cómo se va a producir esa integración no exenta de conflictos. Hay que tener en  cuenta que la industria agrupa a los sectores más respetuosos con el trabajo, la concertación social, la importancia de los equilibrios y controles internos y la creación de valor a largo plazo, valores todos ellos ajenos a los que representan la economía digital.

Esa disputa de valores se materializa en dos ideas opuestas sobre la innovación: de un lado, la INNOVACIÓN DISRUPTIVA típica de la economía digital, de otro la INNOVACIÓN CONTINUA típica de la economía industrial. 

El ecosistema digital que caracteriza a la innovación disruptiva se caracteriza por los siguientes rasgos.

  • Potencia un camino directamente asociado con la idea del emprendimiento, que convierte el individualismo en un factor influyente de la mentalidad empresarial. En ese esquema, cada individuo debe interiorizar su rol vital gestionando su trayectoria como si de una empresa se tratara, en la que el fracaso o el éxito solo es función de cómo gestiona sus conocimientos y habilidades, descontextualizándolo de cualquier responsabilidad colectiva.
  • Ese concepto de innovación se asocia también con el capital riesgo, típica del sistema de los Estados Unidos, por el que toda iniciativa disruptiva precisa asegurarse del respaldo de un Business Ángel, inversor que les ayude a empezar a trabajar en los primeros compases del proyecto.
  • La lógica disruptiva está también directamente conectada con la innovación concebida como un producto del mercado, que necesariamente se materializa en la compra/venta de start up en el Nasdaq.
  • Enlaza también con la celebración del mito de la excelencia, una forma elegante de decirnos que la innovación es el resultado del trabajo de una exigua minoría capacitada para atender el cambio tecnológico, surgida del talento único del genio, idealizado como proveedor de la iniciativa salvadora.

Frente a esta lógica, la innovación continua típica del ecosistema industrial que tiene a Alemania como paradigma, se nutre de la capacidad de generar valor desde el conocimiento existente en las plantillas y desde la inteligencia colectiva generada en equipos de trabajo.

  • Su ecosistema innovador (denominado mittelstand) se caracteriza por desarrollar incrementos sucesivos basados en «mejorar lo ordinario» y aspira a lo que podríamos llamar la “perfección de lo banal”, gotas de agua que confluyen en una corriente colaborativa continua de éxito reconocido. [5]
  • No es un sistema que hace incursiones repentinas en áreas innovación radical. Su núcleo, que busca una mejora continua en la calidad de los activos intangibles, crea un círculo virtuoso a largo plazo que sustenta su capacidad para capear una tormenta y resistir el paso del tiempo

Como resultado, el enfoque gradual de la industria es una fuente de ventajas competitivas de valor incalculable que puede asegurar la cuota de mercado sólida y asegurar márgenes saludables. Hay que recordar que ese sistema está demostrando capacidad para impulsar la robótica más innovadora, interfases que se caracterizan por la búsqueda de la “amigabilidad” de las aplicaciones y la “humanización” de las máquinas, eliminando la complejidad y facilitando el trabajo.

La  renacionalización económica y el nuevo papel del Estado

La coyuntura económica está cargada de preocupación por el futuro: de un lado, los analistas asumen como inevitable que se acerca una recesión que se teme sea superior a la del 2008; de otro, EEUU se siente impugnada por China como potencia emergente que gana influencia en áreas de Asía, Africa y Latinoamérica que hasta no hace mucho las sentía como “propias”.

En esa coyuntura, Trump opta por un orden mundial basado en el repliegue nacional mientras instaura una forma de unilateralismo imperial alejado de cualquier propuesta integradora.

La nueva dinámica unilateral está calando ya en el corazón de EUROPA: también Alemania empieza a estar sometida a una lógica de renacionalización económica. El Plan alemán “Estrategia Industrial Nacional 2030”, da un paso más respecto a su plan “Industria 4.0” e incorpora, en palabras del ministro de economía germano, Peter Altmaier, el derecho a intervenir [6] en industrias estratégicas para defenderse de los movimientos corporativos de las multinacionales chinas.

Estas prácticas aislacionistas se desarrollan en un contexto en el que la desigualdad no solo es efecto de unas relaciones de poder sino también causa de las caídas de productividad. En un contexto en que el comercio internacional no es ya ese motor que la coyuntura necesita y en un contexto en el que se reconocen limitaciones al desarrollo económico mientras los cambios tecnológicos incorporan una innovación tras otra. 

En ausencia de un motor que impuse un crecimiento más equilibrado las fuerzas del mercado ralentizan el crecimiento y provocan lo que Dany Rodrik [7]  denomina “cambio estructural reductor del crecimiento”.  

  • La conexión entre economía digital y los sectores de servicios al consumo, con poca capacidad de arrastre sobre los sectores que impulsan las infraestructuras y el empleo, explica -así lo señala Robert Gordon- [8]que los incrementos de productividad que, sin duda, aportan las tecnologías digitales no provoquen aumentos en la productividad agregada, síntoma de una realidad que impide la generalización de los cambios. 
  • No está en discusión el cambio tecnológico sino los efectos de su difusión, refuerza en la misma línea Dany Rodrick. Estamos creando una economía dual, con sectores muy dinámicos que conviven con actividades de muy baja productividad. De una parte, una minoría se ocupa en servicios de alto valor tecnológico, de otro, los servicios de escaso valor y poca productividad son los que generan el empleo masivo aunque precario: vendedores al detalle, cajeros y trabajadores en servicios de fast food son las ocupaciones más numerosas según la Oficina de estadísticas de EE.UU.

El motor que reclama esta coyuntura no puede ser otro que un gran impulso público. En este contexto, la tesis del “Estado emprendedor”[9]  defendido por Mariana Mazzucato, se abre paso. Se necesitan instituciones que asumen el riesgo de impulsar grandes proyectos bajo modos de cooperación público-privada de largo plazo en los espacios de frontera que definen la alta innovación y la productividad.

Históricamente ha sido siempre así. Pero eso no significa defender el aislacionismo o abandonar la colaboración multilateral sino todo lo contrario: no es el momento en que las actuaciones descoordinadas de los estados compitan a la manera del mercantilismo por arañar espacios. Significa justo lo contrario: que desde la UE se asuman proyectos que impulsan simultáneamente integración económica e incremento de la demanda efectiva. 

Y que se apoye el gran proyecto neo keynesiano que supone la Ruta de la Seda, eliminando con ello la ventaja que se le concede a China por ser su impulsor.

Supone también asumir que es un momento en que las políticas públicas son determinantes; que es el momento de recuperar el impulso del Estado para acelerar los efectos positivos del cambio y corregir los efectos negativos de las transiciones en sectores y comarcas; que cada país debe definir su posición en la cadena de valor para perfilar sus ventajas comparativas ante el nuevo ciclo económico a largo plazo. 

Ignacio Muro Benayas

@imuroben


[1] World Investment Report 2005, “Transnational Corporations and the Internationalization of R&D”. https://unctad.org/en/Docs/wir2005_en.pdf

[2] Made un China 2025. Eugenio Bregolat Estudios de Política Exterior n 185. Octubre 2018,https://www.politicaexterior.com/articulos/politica-exterior/made-in-china-2025/

[3] La sociedad del coste marginal cero. PAIDOS-Estado y Sociedad, 2014. Jeremy Riftin

[4] Apple compra una empresa cada quince días, reconoce Tim Cook”. El Economista, 6/5/2019. https://www.eleconomista.es/tecnologia/noticias/9861146/05/19/Apple-ha-comprado-una-veintena-de-empresas-en-los-ultimos-seis-meses-reconoce-Tim-Cook.html

[5] La globalización Financiera, Michael Agletta, Revista Sin Permiso, 01/08/2000. http://old.sinpermiso.info/textos/index.php?id=50

[6] Giro proteccionista de Alemania: planea comprar sus empresas antes de que lo haga China. https://magnet.xataka.com/en-diez-minutos/giro-proteccionista-alemania-planea-comprar-sus-empresas-antes-que-haga-china

[7] https://www.project-syndicate.org/commentary/innovation-impact-on-productivity-by-dani-rodrik-2016-06/spanish?barrier=accesspaylog

[8] “Is U.S. Economic Growth Over? Faltering Innovation Confronts the Six Headwinds”, 

Robert J. Gordon, NBER Working Paper No. 18315. August 2012

[9] M. Mazucato, El Estado Emprendedor, RBA Libros, Barcelona, 2014.


 

Written by Ignacio Muro

03/03/2019 a 14:16

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