Ignacio Muro Benayas

Política, economía, medios, participación

Complacencia y euforia en Davos, latidos de crisis

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Para ElDiario.es/EcoEFC

Parece que este año no está de moda hablar de desigualdad en Davos.

Los grandes medios prefieren hablar de euforia, de optimismo, destacar el repunte sin fin de la bolsa en EEUU y la (otra vez) buena nueva de un “crecimiento sostenido” en el mundo. Diarios económicos titulan un día sí y otro también cuánto recorrido alcista tiene la bolsa e invitan a entrar ahora para no perderse las próximas y eminentes plusvalías. Así hasta que llegan los sustos.

Nada nuevo. La economía vuelve a someterse a los “animal spirits”, el término utilizado por Keynes para referirse a los elementos subjetivos, cercanos y volátiles que sustentaban los comportamientos irracionales y las conductas temerarias de los agentes económicos. La lógica informativa de los grandes grupos vuelve  a facilitar el comportamiento procíclico de la economía que les empuja a insuflar aire a las burbujas en los momentos de auge lo mismo que a propagar el pánico en los momentos de crisis.

Una vez más, las burbujas de los mercados y las informativas caminan en paralelo. Es necesario sumergirse por debajo de esa capa superficial para conocer los rasgos de una realidad que se muestra tozuda.

La desorientación de las élites económicas

Las autoridades económicas siguen “desorientados por metas de inflación en un mundo sin inflación”. Este diagnóstico de Stephen Roach sirve para centrar la realidad del momento económico.  Una y otra vez desde 2010, los banqueros centrales y los economistas más cercanos han vaticinado que la inflación salarial y las tasas de interés más altas están a la vuelta de la esquina. Sin embargo, meses después, una y otra vez, han tenido que corregir sus pronósticos y aceptar un hecho: ni la inflación se concreta ni los intereses suben.

Siempre mañana, nunca hoy. “A medida que la actividad económica gane impulso y el mercado laboral se acerque al pleno empleo las presiones al alza sobre los salarios se espera que se intensifiquen”, fue la evaluación del BCE hace poco más de un año.

Hace unos días Mario Draghi reconocía su desconcierto. Decía que sigue siendo necesario “un amplio grado de estímulo monetario para crear presiones inflacionistas” incluso para alcanzar un nivel modesto, cercano al 2%. Dijo también que, a pesar de la recuperación y el crecimiento en la zona Euro, “las presiones sobre los precios siguen débiles y no han mostrado todavía señales convincentes de una tendencia al alza sostenida”. En consecuencia, se comprometía a mantener los estímulos monetarios necesarios antes de pensar en una subida de tipos de  interés.

El suministro de droga debe continuar. Las autoridades monetarias continúan inyectando dinero y alimentando burbujas financieras, repitiendo el mismo error que cometieron en los años previos a la crisis de 2003-2007.

Otra vez la deuda

Pero hay una diferencia: ahora los balances de los bancos centrales están inflados de activos públicos y privados, tanto de deuda soberana como o de las grandes corporaciones.

Este fenómeno, que no existía en 2007, adquiere hoy proporciones alarmantes. Según el Banco de Pagos Internacionales, desde 2008 hasta 2017, la tenencia combinada de activos de los bancos centrales en las principales economías avanzadas (Estados Unidos, la eurozona y Japón) se expandió 8,3 billones de dólares, mientras el PIB nominal en esas mismas economías de apenas crecía 2,1 billones de dólares en el mismo período. Significa que se inyecta casi 4 veces más dinero a la economía que lo que demanda la producción de bienes y servicios. Significa también que los 6,2 billones de dólares de exceso de liquidez han aumentado el volumen de activos financieros en forma de deuda y distorsionado sus precios al alza en forma de burbujas.

Si en el 2000 el endeudamiento global (público y privado) era del 250% del PIB mundial, en 2008 había aumentado hasta el 275% pero hoy representa más del 300%. Aún más grave. Otro informe del mismo Banco de Pagos añade que la deuda fuera de balance de los bancos equivale o excede la que existe en balance en el mundo desarrollado, al menos en el ámbito de las divisas.

No es solo que crezca el importe de deuda reconocida y oculta. La inyección de dinero superfluo está provocando también un incremento artificial de precios de las acciones en bolsa que alcanza ya limites alarmantes. Según Robert J. Shiller, su nivel, medido en ratio precio-beneficio ajustado al ciclo, es hoy en día es un 15% más alto que a mediados de 2007, al borde de la crisis de las hipotecas de alto riesgo. Un nivel más alto solo se ha conocido en dos ocasiones en los últimos 135 años: en 1929 y en 2000. Justo antes del estallido de dos grandes crack.

“Esto va a petar si nadie lo remedia” decía el tododeroso Schäauble mientras advertía que la espiral de deuda y liquidez auspiciada por los bancos centrales supone un enorme riesgo para la economía mundial, pues asegura la formación y el estallido de nuevas burbujas. Con unas consecuencias claras:  una mayor polarización social y profundas consecuencias políticas y sociales.

¿Se acerca una nueva tormenta perfecta?

Superado el falso mito de que los ciclos se habían acabado, cada vez más voces advierten, que “la tormenta llegará seguro y no estaremos preparados para el diluvio”. Y entonces se evidenciará que no hay margen de maniobra en la política económica para combatir la crisis.

Aunque los bancos centrales pudieran implementar todas las subidas de tipos previstas, nunca los colocará en un nivel suficientemente alto como para que los descensos actúen de incentivo anticrisis. Hay que recordar que en las tres últimas recesiones, la Fed pudo bajar los tipos cerca de cinco puntos porcentuales, algo imposible en estos momentos.

Algo parecido pasa con los impuestos. Si en plena expansión los gobiernos compiten por desfiscalizar la economía, estamos quedando sin margen de maniobra para descensos rápidos de impuestos que actuaran como estímulos para combatir una recesión. Hay que recordar que el Congreso de EEUU acaba de aprobar el brutal recorte de Trump.

Las crisis siempre vuelven, pero lo peor es que el predominio de lo financiero otorga nuevos rasgos bruscos a los ciclos. Si los desajustes entre oferta y demanda de bienes y servicios eran los que provocaban los ciclos económicos en el capitalismo tradicional, ahora, como señalara en 1973 el norteamericano Hyman Minsky, la prosperidad desarrolla inevitablemente una euforia especulativa y un aumento rápido del volumen del crédito hasta que esa burbuja estalla y provoca la contracción del préstamo y la recesión.

Esa dinámica financiera es la que determina la profundidad y la frecuencia de los ciclos económicos. Los países centrales están sufriendo cada 7 u 9 años una crisis financiera: 1993 (Sistema Monetario Europeo), 2001 (burbuja tecnológica Punto.com), 2008 (subprime). No es difícil predecir que vuelve a tocar ciclo contractivo.

Da lo mismo. Parece que este año no está de moda hablar de desigualdad en Davos.

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Written by Ignacio Muro

22/02/2018 a 12:32

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