Ignacio Muro Benayas

Política, economía, medios, participación

España como “nación de naciones” y la batalla por la centralidad.

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autonomias

Para Diario Bez

Que Pedro Sanchez asumiera en su entrevista con Jordi Evole que España es una ‘nación de naciones’, un término defendido casi en exclusiva por el PSC, sonó en los oídos del socialismo tradicional como la prueba de su traición. Y es que las palabras cuentan mucho en la política española de hoy en día, especialmente las que se refieren a la cuestión territorial. Es España un estado o es una nación? Lo son Cataluña y Euskadi?

El debate nominalista se enquista. Mientras en Canadá a los territorios federados se les llaman provincias, en EEUU estados y en Alemania cada lander se autodefine como quiere (Baviera como Estado libre Asociado y Bremen como ciudad-libre), en la España actual, con una creciente tensión centro-periferia, el peso de las palabras mantiene su carga simbólica o pasa a ser esencial.

Nacionalidad, un término vacío, no-jurídico, ambiguo, inventado como palabra de tránsito para no denominar nación a las comunidades históricas, es lo máximo que se ha avanzado en el pacto territorial histórico que define a la España del 78. Tampoco la alabada constitución de Cadiz de 1812 abordó definitivamente la cuestión territorial: en el artículo 11 aplazaba para “cuando las circunstancias políticas de la nación lo permitan’ una organización ‘más conveniente’ del territorio.

España, el estado-nación en discusión

Y es que España fue pronto, en el siglo XV, un estado unitario, pero tuvo que esperar al siglo XIX para sentirse como nación en el fragor de la lucha contra el invasor francés que cristaliza en las cortes de Cadiz. Pero doscientos años después, la cuestión sigue sin resolverse del todo: no solo porque no existe consenso en el reconocimiento de las comunidades históricas como nación, nacionalidad o simple región, sino porque tampoco está claro como éstas reconocen a España: si como estado-nación, estado plurinacional o nación de naciones. A veces, parece estar más cerca que España reconozca a Cataluña como nación que Cataluña reconozca como nación a España.

El Estatut de Cataluña que se presentó a las Cortes en 2005, con el apoyo del 85% del parlamento catalán, establecía en su Preámbulo, que ‘Cataluña es una nación”y, más adelante, que ‘España es un estado plurinacional’. En términos similares, se presentaba, años antes, la propuesta de Estatuto vasco elaborada por Ibarretxe, que contraponía la idea de ‘nación vasca’ a la de’ estado español’. También en Común Podem defienden que España es un estado plurinacional. Considerar España como un estado, es decir como mera superestructura institucional y negarle el carácter de nación, tiene una larga tradición: también esos eran los términos que utilizaba la oposición antifranquista hasta los años 80.

La España plural como nación de naciones, recuperada por el PSC

La idea de una España plural no es agota en la idea del ‘estado plurinacional’. Gregorio Peces-Barba (PSOE), Miquel Roca (CiU) y Jordi Solé Tura (PCE-PSUC) invocaron el concepto “nación de naciones” durante los debates constitucionales de 1978. Más recientemente, 26 de julio del 2010, poco después de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut, Felipe González y Carme Chacón reivindicaban, en sus ‘Apuntes sobre Cataluña y España’ el mismo término en un artículo conjunto en El País. Decían los firmantes que ‘cuando se disipe la espuma y se observe con serenidad la situación (…) comprobaremos que la concepción de España como “nación de naciones” nos fortalece a todos. Que no hay ninguna razón para rechazar la diversidad identitaria que caracteriza a España como una nación política y cultural, no como un mero armazón jurídico’.

Seis años después parece que la espuma no se ha disipado todavía. Más bien, sigue creciendo entre actores políticos presos de tacticismo y faltos de memoria. El hecho es que sólo el PSC se atreve a dar pasos prácticos. Fuera de sus filas el debate territorial no toma tierra. Los del ‘derecho a decidir’ son conscientes que deberán votar propuestas concretas pero no quieren dar un primer paso. Tampoco da un paso la propuesta federal del PSOE ni se mueve el PP de Rajoy, buscando, una vez más, el agotamiento del contrario. Las tensiones centrifugas y centrípetas se alimentan

Es Miquel Iceta el único líder que se mantiene fiel a esa idea, sabedor que sería un éxito para la unidad de España el que los nacionalistas admitieran a España como nación plural a cambio de reconocer también como nación a Cataluña o Euskadi. Supone reconocer que hay una unión compartida, conflictiva pero compartida, entre los ciudadanos de sus comunidades y los de resto. “Nadie –insistía Iceta en la reciente clausura del Congreso del PSC- ha de ver la denominación de nación para Cataluña ningún riesgo para la unidad de España’ cuando se asocia a la expresión ‘nación de naciones’, una fórmula acuñada por el leonés Anselmo Carretero para reconciliar a todos los españoles. La misma idea que defendía Felipe Gonzalez seis años antes. Se trata, añade en su deseo de ganar centralidad y coser diferencias, de construir un “federalismo de naciones y regiones en el Estado con competencias blindadas”, lo que supone una explícita referencia a la Declaración de Granada de 2013 del PSOE.

 El PP del “bloque constitucional’ continuación del PP del Estatut

 Las palabras no son significantes vacíos. En el conflicto entre España y Cataluña lo que está en juego es definir el sujeto origen de la legitimidad democrática, o lo qué es lo mismo, decidir donde reside la soberanía: si en el pueblo español, en el catalán o si, como defiende el constitucionalista andaluz Javier Perez Rollo, debemos de acostumbrarnos a construir una legitimidad compartida a doble vuelta, en los parlamentos autonómicos y en las Cortes. Lo que España necesita, dice, es avanzar en una doble legitimidad que obligue al pacto, en el que una comunidad no puede imponer nada al Estado ni el Estado a la comunidad. Ese era justamente el camino que se estaba construyendo desde el 1978 y que fue interrumpido –sigue Perez Rollo- con la resolución 31/2010 del Tribunal Constitucional contra el Estatut, que si “formalmente” fue una sentencia, “materialmente” fue un golpe de Estado porque interrumpió, inducido por el PP, la lógica de confianza que se estaba construyendo.

Aquellos polvos traen estos lodos, aquella desconfianza esta desconfianza. Y aunque el separatismo tiene su propia dinámica sectaria, es imposible con esos antecedentes no justificar el rechazo del PSC a Rajoy en la investidura y a su intento de blanquear su responsabilidad impulsando un falso ‘bloque constitucional’ que no pretende resolver sino amordazar las posibilidades de avanzar en un acuerdo.

Con ello el PSC de Iceta completa su perfil y se capacita para ganar centralidad en Cataluña y el PSOE.

Ignacio Muro Benayas

 

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Written by Ignacio Muro

08/11/2016 a 10:58

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