Ignacio Muro Benayas

Política, economía, medios, participación

Trabajadores mayores de 50 años: hoy despreciados, mañana imprescindibles

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Para Bez.es

Si la plantilla de El Corte Inglés tiene una edad media de 41 años y la de Zara de 28, todo el mundo entiende que debe proceder a rejuvenecer su plantilla. Se festeja como un éxito que se hayan apuntado 2000 personas al correspondiente ERE. El rejuvenecimiento de plantillas se convierte en el nuevo leit motiv, la nueva justificación para avanzar en el low cost, el modelo empresarial dominante.

El argumento implícito es evidente: es preferible que sean jóvenes los que atiendan al público; mucho mejor si son mujeres como lo son el 91% de las empleadas en la red de tiendas de Zara. Más baratas, pero también más apropiadas. No solo es un problema de costes lo es también de valores. En este caso, sexismo y low cost van unidos. Segregación por sexo y (aunque los EREs disfrazan sus medidas bajo la voluntariedad) segregación por edad también.

No es sólo en el comercio ni se limita a los colectivos que atienden al público. Los bancos (Santander, La Caixa ….), las operadoras (Telefónica, Orange…), las navieras (Navantia) o los medios de comunicación (ABC, El Mundo, El País…) van en el mismo sentido, ratificando la tendencia de los últimos 15 años. De un lado, los ajustes de empleo sigue siendo la única solución para las grandes empresas; de otro, estos recaen preferentemente sobre los mayores de 55. Y cuentan, casi siempre, con el apoyo de los sindicatos.

Un amplio y difuso consenso social se instala en el ambiente de las grandes corporaciones, las que deberían marcar las tendencias del management. El mensaje es claro pero extraño: los profesionales de cierta edad no valen para ejercer de economistas, ni para ingenieros de telecomunicaciones, ni para el comercio. Ni para periodistas.

El desprecio a la experiencia se instala en las grandes empresas españolas. Si la alta rotación de los más jóvenes y los trabajos precarios a los que les someten reflejan la poca valoración de las nuevas capacidades, la prejubilación de los mayores refleja la incapacidad (o el desinterés) para sacar rendimiento a los viejos saberes. Ni para actualizarlos en formas más próximas a las necesidades actuales. O a la cultura digital.

El rejuvenecimiento imposible

La legitimidad de estas medidas de sustitución (cambiar personas mayores por jóvenes) puede estar justificada en algunos casos y como solución a corto plazo pero, como criterio general para gestionar el medio plazo, es una opción abocada al fracaso. Simplemente, no habrá suficientes personas jóvenes para cubrir esas necesidades de sustitución. Las tendencias demográficas nos marcan que el rejuvenecimiento, como criterio general, es imposible

imageCada vez tienen menos peso los menores de 35 años y más los colectivos de trabajadores situados en los escalones superiores de edad y madurez profesional. Solo hace falta comparar, con datos de la EPA, lo que ha ocurrido en los últimos 13 años en los que los junior, los menores de 35 años, han descendido 15 puntos en la composición del empleo que ha sido compensado con un mayor peso del colectivo senior, el que recoge los situados entre 35 y 50 años, y el de los mayores de 50.

 

No es algo que solo ocurra a España. En 2005 Edward E. Gordon, autor de “The 2010 Meltdown: Where will we find workers?” pronosticaba para EEUU que después de 2010, “los gestores y trabajadores de edades inferiores a 45 años comenzarán a contraerse al ritmo del 6% anual”.

El mercado de trabajo de todas las comunidades españolas lo refleja también. Un pantallazo sobre la página correspondiente del observatorio laboral de Fedea nos muestra el cambio producido desde el inicio de la crisis en 2007 y de cómo los mayores de 45 años invaden hoy la ocupación (colores verdes) y dominan las plantillas empresariales en todas las regiones de España.

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Significa que en 2025 los mayores de 55 años serán el grupo dominante de las plantillas empresariales en España

La presión europea por mantener activos a los trabajadores mayores

Todos los análisis y estudios fijan a partir de 2030 una crisis creciente del sistema de pensiones. Lo que no dicen estos datos es que antes, mucho antes, esa crisis se estará percibiendo en el mercado de trabajo a través del aumento de la edad promedio de las plantillas. De modo que estamos obligados a lidiar con este problema antes de preocuparnos por el de las pensiones.

Lo uno y lo otro están relacionados. Si el sistema económico es capaz de construir desde hoy empleos altamente productivos para los colectivos mayores de 50/55 años, y no solo trabajos residuales, entonces estará en condiciones de resolver mañana la quiebra de las pensiones. Pero si hoy los excluye de las áreas más productivas y tecnificadas, representada por las grandes corporaciones, para convertirlos en abuelos asistentes, ocupados en servicios auxiliares de la familia, la quiebra del sistema de pensiones futura estará asegurada.

Lo primero es mantenerlos activos. En Europa, la tasa de actividad de los trabajadores mayores crece mientras que en España, una de las más bajas del continente, sigue descendiendo. De acuerdo con un informe publicado por el Instituto de Estudios Económicos, a partir de datos de Eurostat, el porcentaje de empleados mayores de 60 años, activos, ha menguado dos décimas en España entre 2007 y 2014, para situarse en el 44,3%. Lo llamativo es que, en ese mismo periodo, ese porcentaje ha pasado del 44,5% al 51,8% de media en la Unión Europea, y que nos aleja del 74% que ostenta Suecia, del 65,6% de Alemania o del 64% de Estonia, los países que lideran el ranking.

De modo que los gobiernos y las empresas europeas sí se están adaptando a ese futuro, la sociedad española no. Con ello se desoye una resolución aprobada el 11 de noviembre de 2010 Retos demográficos y solidaridad entre generaciones del Parlamento Europeo, con la que se buscaba orientar a los estados miembros a la hora de implantar el envejecimiento activo entre sus ciudadanos.

Cómo gestionar plantillas envejecidas

El reto es cómo extraer los conocimientos y la productividad latente de esos colectivos. Parece poca cosa pero significa, exactamente, abandonar la lógica del low cost dominante en España. Con las prejubilaciones y la marginación del colectivo de expertos más maduro, las empresas están enviando a la sociedad un potente mensaje: a medida que se acumula la experiencia de una persona, pierde valor. Lo que ocurre realmente es que pierde valor para los negocios simples basados en la sobrexplotación del trabajo pero no los basados en el conocimiento.

La ironía, la distancia y el escepticismo respecto a las modas y los cambios de criterio empresarial son los atributos que el tiempo aporta al profesional experto, según Richard Sennet. Su libro “La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo” nos muestra como chocan con las formas de gestión más tradicionales basadas en la disciplina y el ordeno y mando.

Eso es lo que está en cuestión. La sociedad española y sus empresas deberá abordar la gestión de equipos humanos con presencia creciente de los mayores de 50 años. Los mismos que hoy son despreciados deberán construir la base de las actividades y trabajos del futuro.

+++

*Este artículo se publicó en bez.es y se reproduce aquí con la autorización del autor.

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Written by Ignacio Muro

19/04/2016 a 21:30

2 comentarios

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  1. Estoy de acuerdo en todo, pero creo que la comparación entre 2007 y 2014 debe ser considerada con precaución, si se quiere tomar la diferencia entre el peso de los ocupados de más de 44 años en uno y otro momento como indicador de la evolución del mercado de trabajo según la edad.

    Es cierto que la demografía empuja la edad hacia arriba en el conjunto de la sociedad y que eso se refleja también en la población activa y en la población ocupada. Pero, además, en 2007 había muchos jóvenes (casi todos varones) ocupados antes de tiempo, en el sentido de que habían abandonado los estudios para acudir a los cantos de sirena de trabajos relativamente bien remunerados en los que no se exigía gran experiencia ni cualificación, principalmente alrededor del auge de la construcción. Este hecho cargaba a 2007 con el efecto de una relativamente alta presencia de jóvenes en el mercado de trabajo.

    La crisis destruye, como sabemos, la mayor parte de esos empleos, casi todos esos jóvenes pasan primero al desempleo y después, en una parte apreciable, a la inactividad, pues intentan retomar de algún modo el camino educativo antes abandonado. Así que, si la diferencia es importante, no toda ella es estructural, una parte es coyuntural.

    Desde luego, ello no refuta ninguna afirmación importante del artículo, más bien acentúa el tono pesimista con el que observa cómo España va por detrás de la media europea y, no digamos, de países como Alemania o Suecia.

    Juan Carlos Rodríguez Rojo

    26/09/2016 at 22:27

    • Estoy de acuerdo en el matiz que incorporas que eso no quita que el envejecimiento de las plantillas cabalgue a toda velocidad. No ocurre solo en España, pero aquí seguimos ciegos de lo que significa.

      Ignacio Muro

      27/09/2016 at 09:28


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