Ignacio Muro Benayas

Política, economía, medios, participación

“Llevamos décadas viviendo por debajo de nuestras posibilidades”

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Entrevista en Nueva Tribuna el 17 de julio de 2012

(Omito la presentación y los datos biográficos, ya presentes en este blog)

P. Se dice que la crisis se ha debido fundamentalmente a que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”.

R. Cuando las personas llegan a pensar que la crisis es una especia de péndulo que viene a corregir una época en la que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, eso es que la venta de las políticas de ajuste ha hecho ya su efecto. Desde la perspectiva del trabajo y del ciudadano común, podemos decir que no es así, que los datos estadísticos dicen justo lo contrario, que nunca vivimos por encima de nuestras posibilidades, sino más bien por debajo, que llevamos varias décadas castigados con lo que llamaban “moderación salarial” que, en realidad, era descenso.

P. ¿Como fueron las cosas realmente en los años de bonanza?

R. Entre 1995 y 2007 la evolución de los salarios medios reales de los trabajadores españoles o se mantuvo “cerca de cero”, como señala la OIT, o según otras referencias decrecieron en un 10 %. Eso significa que, mientras se producía el mayor periodo de auge económico conocido, o estuvieron congelados  o sufrieron una merma de hasta 0,6% en promedio anual.  La misma tónica la sufrieron otros países de la OCDE como Japón o EEUU.

P. ¿Y como se explica entonces la expansión del consumo que acompañó a la burbuja entre 1996 y 2007?

R. Buena pregunta. Porque los incrementos salariales que fueron negados, se compensaron con mayores facilidades de crédito. Amparados en los bajos tipos de interés y en la liquidez aportada por los bancos alemanes y franceses aumentó exponencialmente el endeudamiento de las familias.

P. ¿En qué medida se produjo este endeudamiento?

R. A razón de un 6% anual. Como señala el Informe sobre la Democracia en España 2010 elaborado por la Fundación Alternativas, desde 1996, año en el que el endeudamiento representaba el 43% de la renta disponible, se pasó a un 143% en 2008, un incremento del 100% del PIB español en trece años. Cifras no muy lejanas se produjeron en las otras economías occidentales.

P. ¿Vivir a crédito es un modelo impuesto?

R. Sí, así es. Hacer que la población viva a crédito, en lugar de de su propio sueldo, ha formado parte del modelo económico y social propugnado desde los 80, cuando Reagan y Thatcher iniciaran la revolución conservadora y dio comienzo el desarrollo de la globalización neoliberal. Es la forma en que el sistema capitalista se asegura una demanda interna mientras se apropia de los incrementos de la productividad del trabajo y mantiene los salarios congelados en terminos reales.

P. ¿Pero no sería el único factor?

R. Efectivamente, a pesar del descenso salarial, las familias mejoraron su renta disponible por la generalización de un segundo sueldo en el hogar como consecuencia de la incorporación de la mujer al trabajo. Hay que tener en cuenta que, en España por ejemplo, más de 3 millones de mujeres entraron al mercado laboral desde finales de los años 80, y ese proceso fue más intenso al final. De modo que aunque los salarios decrecieran o fueran bajos, esa segunda entrada de dinero ha permitido aumentar la capacidad de consumo y la renta  de las familias.

P. ¿Entonces la crisis actual es la consecuencia de un modelo fracasado?

R. Insostenible al menos. Y difícilmente reproducible en los próximos 10 años o incluso más. La incorporacion de la mujer al trabajo es un proceso histórico que estaba cerca de agotarse pero que, ahora, da marcha atrás, de modo que el segundo sueldo está en trance de desaparecer. Y además, ahora, con menos ingresos, hay que pagar los créditos que pedimos para sustituir a los aumentos de sueldos que no nos concedieron en las épocas de bonanza.

P. A pesar de ello, los trabajadores son presentados como responsables.

R. La crisis facilita el fomento de un complejo de culpa colectiva, amparado en la interiorización de  que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” y carga sobre supuestos vicios públicos los que eran, esencialmente, despilfarros privados. Se acentúa el relato del sacrificio.  Indiferentes a la caída de la demanda  que provoca la asfixia financiera, se centran en las políticas de oferta, aquellas que priorizan los intereses empresariales y los costes de producción.

P. España es de los países que más está sufriendo esta situación.

R. España y el conjunto de los países periféricos. Para nosotros, se han inventado un nuevo paradigma que viene a decir que necesitamos una imprescindible “devaluación interna”, un conjunto de medidas que significaría una bajada más o menos acompasada de precios y salarios para ganar competitividad con el exterior sin que sufra excesivamente la capacidad de consumo interno.

P. Pero no parece que esto se esté produciendo exactamente así.

R. Obviamente, se trata de un nuevo ardid ya que el descenso de las retribuciones se está acompañando con un alza de los precios en energía, transportes y todos aquellos bienes y servicios en sectores controlados por mercados oligopolizados. Y ahora agudizado con el hachazo del IVA. La devaluación interna sólo sería posible mediante un gran pacto de rentas acordado con los sindicatos; pero como ésto no es así, es una nueva falacia.

P. O sea, qué se trata de una estrategia claramente preconcebida.

R. La devaluación interna forma parte en realidad de una política de ajuste salarial global, que supera el perímetro de los países periféricos. Forma parte de una estrategia general, común a todo Occidente, que en círculos académicos utiliza como referencia la expresión wageless recovery es decir, una recuperación basada en el rápido descenso de los sueldos y del nivel de vida de los ciudadanos. Estos términos, impulsado entre otros por Steve Roach, presidente de Morgan Stanley en Asia, desde 2005, apuntan a un objetivo permanente, con crisis o sin ella, durante muchos años.

P. El horizonte al que se nos quiere abocar resulta tremendo.

R. No se atreven a decirlo abiertamente porque resulta tremendo. La “única salida posible“ de Occidente ante la deslocalización de actividad hacia los países emergentes, dicen, es dejar jugar al mercado hasta que la bajada de sueldos de sus trabajadores se coloque en un punto no demasiado lejano de los salarios en alza de China o Brasil, de India o Turquía. Teniendo en cuenta que los niveles salariales de los países emergentes son hasta 10 veces inferiores a los existentes en Alemania o EEUU, no es difícil imaginar que el camino que nos quieren hacer transitar está preñado de minijobs y precariedad y significa un retroceso de cien años en las señas de identidad occidentales.

P. China, como modelo.

R. Efectivamente. El retroceso y la precariedad como modelo. Si durante décadas, Europa era el espejo de bienestar y democracia en el que se miraban los chinos, ahora nos destacan “su laboriosidad” y “su entrega”, sus “horarios permanentes”, o cualidades que no son otra cosa que el hambre de progreso cuando vienes de la miseria más absoluta.

P. Pero deprimiendo los sueldos nunca saldremos de ésta.

R. Claramente. El consumo es la variable fundamental que tira de la demanda interna, en España algo menos del 60% del PIB, en EEUU casi un 70%. Sin volver a una espiral basada en el endeudamiento para facilitar el consumo, es imposible que la economía global tire; si se deprime el consumo de Europa y EEUU que, conjuntamente, representan más del 65% del consumo mundial el mundo no tira.

P. O sea, que saben lo que quieren y nos llevan al desastre.

R. Algo así. Pero mientras tanto han conseguido una gigantesca transferencia de renta desde el trabajo al capital, sea este formalmente europeo o norteamericano o asiático. No hay un capitalismo asiatico, son nuestras empresas occidentales las que transfieren alli el know how y las innovaciones ya testadas, son ellas las que trasladan a China e India los centros de I+D. El modelo neoliberal significa un puro retorno a mecanismos de explotación simples basados en bajos salarios, pocos derechos y jornadas interminables típicas del siglo XIX. Y eso les ha funcionado en las últimas décadas.

P. Y luego nos dirán, si pedimos créditos, que vivimos por encima de nuestras posibilidades.

R. Efectivamente. Por eso lo importante es no autofustigarse: la crisis no es una oportunidad para depurar una época de excesos de los ciudadanos comunes, sino una vuelta de tuerca más en la vieja política de ajuste.

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Written by Ignacio Muro

17/07/2012 a 19:43

2 comentarios

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  1. Interesantes algunas observaciones, pero, a mi juicio, poco argumentada la idea de que hay una estrategia preconcebida para empobrecer a la mayor parte de la población.

    ¿No podría ser resultado de un proceso no controlado, en el que una espiral de oferta, creciente en cantidad, en diversidad y en velocidad de cambio, coincidente con bajos precios en muchos productos y con bajos tipos de interés, y, en ciertos países, como España, coincidente también con una ilusión de riqueza creciente por la escalada de precios de los bienes inmuebles, ha colapsado, como parece que era inevitable?

    ¿Por qué era inevitable? Porque tarde o temprano la financiación termina imposibilitando el consumo, dado que el dinero hay que devolverlo y con intereses, aunque no sean muy altos, lo cual ha sido cierto en los préstamos hipotecarios y en los préstamos al consumo a corto plazo, pero mucho menos cierto en los de medio o largo plazo.

    Dicho esto, creo que la austeridad es necesaria, pero no funcionará como única receta. A corto plazo, los “vendedores”, léase países como Alemania, léase Bancos que vendieron crédito a discreción, léase promotores inmobiliarios, deben pagar su parte del desaguisado, no tanto por una cuestión de justicia, que me temo que la ley no contempla, como por una cuestión de interés: para que la oferta pueda seguir jugando en el tablero, los consumidores deben disponer de recursos.

    Disculpas por la extensión.

    Saludos.

    Juan Carlos Rodríguez Rojo

    17/07/2012 at 21:18

    • Absolutamente de acuerdo en todo lo que dices, Juan Carlos. Tu comentario se debe, entiendo, a un mal titular del periodista en Nueva Tribuna, que ya he cambiado. La crisis no fue urdida por nadie pero surge como consecuencia de una lógica implacable. La austeridad es un valor progresista pero debe rescatarse mientras lo alejamos de los auténticos despilfarradores.
      Mil gracias por el apunte.

      Ignacio Muro

      18/07/2012 at 09:02


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