Ignacio Muro Benayas

Política, economía, medios, participación

El papel de las Agencias de Noticias, una nueva mirada

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Publicado en Conexiones, Revista Iberoamericana de Comunicación,

Diciembre de 2011

Resumen

Las agencias son consideradas normalmente mayoristas de información, no propiamente “medios”, acepción que parece se limita a las organizaciones que proporcionan noticias a las audiencias finales. Desde otra perspectiva, las agencias suelen ser consideradas “fuentes”, acepción que las ubica también fuera del sistema de medios, olvidando que son piezas esenciales en la credibilidad de los flujos informativos.

Se trata en ambos casos de una mirada tradicional que queda dedibujada por la múltiple crisis de mediación que está asociada a la cultura digital. Una nueva realidad resitúa el papel de todos los agentes que participan en la cadena de valor informativo y singularmente a las agencias, que pasan a ocupar espacios visibles de notoriedad y credibilidad que las reposiciona en los lugares centrales del sistema. Los cambios las empujan y habilitan para una estrategia multicanal que compagina su rol de mayoristas con el de medios finalistas dirigidos al público.

Nociones como fuente, credibilidad, audiencias, “interés general”, gatekeeper, medio y, finalmente, agencia quedan alteradas por la globalización de la información y la influencia de internet.

Palabras claves

Fuente, desintermediación, agencia de noticias, gatekeepers, credibilidad, notoriedad.

Indice

1.     La crisis de mediación y de credibilidad no afecta a todos por igual

2.     Notoriedad y prestigio de las Agencias, activos en alza.

3.     ¿Desintermediación? Una coartada que beneficia el poder creciente de las fuentes

4.     Las agencias legitiman los mensajes encriptados de las fuentes

5.     Agencias: gatekkepers esenciales para recuperar la credibilidad del sistema.

6.     Interés general y principios periodísticos.

7.     Conclusiones.

 

El papel de las Agencias de noticias: una nueva mirada

 1.     Las  crisis de mediación y de credibilidad no afectan a todos por igual.

La primera tentación para comprender la crisis que sufren los medios suele dirigir la mirada hacia los eslabones finales de la cadena informativa, allí donde reina Google como nuevo e indispensable intermediario, y donde las audiencias –es decir, los ciudadanos- se convierten en una parte activa del sistema mediante la web 2.0, los blogs y agregadores, comunidades y redes sociales.

Esa perspectiva puede ser imprescindible pero es insuficiente. No es momento de mirar solo a una parte sino de ver el todo, sobrevolar la realidad del conjunto del sistema de medios a “vista de pájaro”. Y es que, gracias a internet, los roles de todos los actores tradicionales de la cadena informativa quedan alterados. No ocurre solo con los usuarios. Si antes las fuentes quedaban a la espera de un periodista que pudiera atenderlas y contara su historia, ahora actúan de emisores a través de sus gabinetes de comunicación y sus propias webs y, mientras lo hacen, toman conciencia de la importancia de la comunicación para sus actividades y negocios. Su creciente actividad afecta esencialmente al papel de las agencias de noticias que dejan de estar en el origen del flujo informativo para pasar a ocupar “otro lugar” que se reubica en la medida en que lo hace el conjunto de los actores. Una visión del conjunto del sistema nos avisa que ni las agencias son ya el comienzo, ni los medios el final de la cadena de valor informativo: fuentes y usuarios reivindican también ese papel.

En paralelo, la preponderancia del valor económico sobre el informativo ha desbaratado la credibilidad imprescindible para legitimar su mediación entre los hechos y su publicación. El descrédito lastra la visión que la ciudadanía tiene sobre los medios tradicionales, especialmente de los diarios, la columna vertebral del sistema. En lugar de criterios periodísticos consistentes, las conveniencias económicas arruinan el poder de los contenidos de forma cada vez más visible. Un macroestudio que la asociación de editores de prensa norteamericanos (ASNE, American Society of Newspapers Editors) hizo en 2007, cruzando las opiniones de lectores y profesionales, llegaba a la conclusión que los usuarios percibían cada vez más los intereses ocultos en la preagenda, cada vez más visible. El 78% afirmaba que las “personas, grupos o instituciones” pueden introducir, silenciar o cambiar el contenido de las noticias de los diarios; casi un 60% creía que la obtención de beneficios para el medio está antes  que el interés público de sus lectores y un 50% que los intereses de los publicitarios influyen en los contenidos. La parcialidad de la información se convierte en fuente de deslegitimación. Otra investigación, patrocinada en 2009 por el Pew Research Center, confirma que la parcialidad de las informaciones es detectada por casi las tres cuartas partes (74%) de los entrevistados que afirman que “los medios de comunicación tienden a favorecer a una de las partes en el tratamiento de las cuestiones políticas y sociales”  Dos años antes, en 2007, los que pensaban que la prensa se inclinaba hacia una de las partes sumaban el 66 % y, veintidós años antes, en 1985 era el 53%.  El deterioro es evidente.

Tomando la parte por el todo, es frecuente transferir el descrédito a todo el sistema, como si la crisis afectara del mismo modo a todos los agentes mediadores, organizaciones o personas, medios o periodistas.

 “Estamos en un momento en el que la intermediación está desapareciendo. Y los periodistas, que somos intermediarios entre lo que pasa y los que demandan información, estamos viendo cómo son los demás, los no periodistas, los que cuentan lo que les pasa sin ningún tipo de intermediario”. (Juan Luis Cebrian, 2009)

 Estas palabras del consejero delegado de EL PAIS[1] son un ejemplo de cómo se generaliza un problema y se localizan sus causas al final de la cadena informativa,  en el conflicto entre el periodismo tradicional y el periodismo ciudadano. Al hablar de crisis de mediación como si fuera algo inexorable, producto del desarrollo tecnologico, se oculta la crisis particular de credibilidad localizada en los grupos dominantes, y se universaliza urbi et orbe a todas las organizaciones mediadoras incluyendo, por supuesto, a las agencias de noticias, a las “olvidadas” mayoristas de la información.

¿Qué piensan las agencias? Coincidiendo con estas declaraciones de Cebrián, en 2009, el Instituto Reuters para Estudios de Periodismo de la Universidad de Oxford destacaba en un informe “el riesgo de que los diarios dejen de ser intermediarios”. No se refería al conjunto de la profesión periodística ni al conjunto de las organizaciones, se refería a los diarios en particular. El mundo al revés. Las agencias, cuya desaparición era pronosticada hace una década, empiezan a dudar sobre la capacidad de intermediar de sus clientes principales, los diaeios.

La afirmación de Cebrián y otras similares no solo absolutizan un problema relativo sino que pronostican un desplazamiento de los flujos informativos dominantes hacia los estructuras de autocomunicación que representan las redes sociales, símbolo de la desintermediación informativa. La conversación ciudadana parece desbordar la capacidad de los medios tradicionales. Las campañas virales en la red, aquellas que se autoimpulsan por la calidad de su contenido o por la imaginación con las que se despliegan, parecen sustituir a los flujos unidireccionales que definen a los medios tradicionales. ¿Es así realmente? ¿Qué piensan los analistas que trabajan pegados a las redes sociales? La opinión de un experto como Duncan Watts[2], Investigador de Yahoo! Research parece caminar en la dirección contraria: son los medios tradicionales los que siguen originando los éxitos informativos, las noticias más leídas.

 “Todas las campañas virales han estado en los medios masivos. Está de moda decir que han muerto y que lo importante son los (medios) sociales, pero aun creo que es difícil ser conocido por un número grande de personas solo teniendo presencia en estos medios. A veces decimos que algo es viral cuando ha estado en la portada de Yahoo! ¿Qué viralidad es esta? ¡Ninguna!”

No es pues la capacidad de incidir con sus mensajes lo que está en discusión sino la credibilidad de éstos. No es una crisis de mediación, es, fundamentalmente, una crisis de credibilidad. Y lo que la revolución digital favorece es su mayor visibilidad, porque muestra las conexiones entre el poder y los medios.  El lector habituado a la red adquiere distancia sobre los contenidos: ya no depende de una sola cabecera ni de una sola mirada sobre la realidad sino que se acostumbran a observar cada acontecimiento desde todas sus lecturas posibles y, al hacerlo, aumentan su autonomía respecto a los medios que las concibieron. Si antes los medios eran los pivotes exclusivos sobre los que se visualizaban las noticias, ahora, internet hace pivotar a los medios alrededor de las noticias. Los medios no son ya la puerta de entrada de las noticias, más bien al revés, ahora, desde cada noticia se accede a todos los medios que la publican. La mayor distancia del lector pone en evidencia la pelea de unos medios con otros, las contradicciones y ocultaciones, la diferencia de jerarquía y encuadres de cada informaciónylos mecanismos de influencia en la construcción de la agenda lo que termina afectando a la credibilidad del discurso y a la legitimación de los medios como constructores de su realidad simbólica.

El espacio que ocupan los “argumentos” que justifican y arropan los intereses propios y los de sus aliados y anunciantes, esenciales en su negocio, se hace cada vez más visible. Más todavía cuanto que los cruzados intereses crecen día a día a través de alianzas con los grandes conglomerados industriales. Entonces, la búsqueda del máximo beneficio hace al editor permeable a influencias externas que terminan condicionando su jerarquía y sus silencios.

2.     Notoriedad y prestigio de las Agencias, activos en alza.

Decíamos que la crisis de mediación y credibilidad parece incluir a las agencias de noticias, a las “olvidadas” mayoristas de la información. ¿Olvidadas? ¿Mayoristas?

Mientras los medios tradicionales sufren desde su discutida credibilidad, las agencias crecen simultáneamente en credibilidad y notoriedad hasta ser reconocidas como los medios con más influencia global, según Google. Lo veremos enseguida. Esa situación difiere esencialmente de la desaparición que muchos auguraban hace 10 o 15 años: no solo siguen vivas sino que están recuperando una nueva centralidad en el sistema de medios mientras bascula hacia la red. Parece cumplirse la predicción que, casi en forma de deseo, vaticinaba hace 6 años.

“Cuanto mayor es la accesibilidad de la información para el público y mayor la saturación de contenidos en la red global, se hace más evidente la necesidad de fiabilidad de las noticias. Al tiempo que se trivializan o exageran los problemas del mundo, se fortalecen los deseos de rigor de los ciudadanos.” (Ignacio Muro, 2006)

La cultura digital recupera la veracidad como valor supremo y ello aumenta la relevancia y notoriedad de los contenidos de agencia. Los diarios on line multiplican el recurso a sus noticias y se ven obligados a reconocer su titularidad como aval de credibilidad: el crédito supera incluso el 40% en las versiones digitales de los grandes diarios, cuatro veces más que en las ediciones en papel. Esa mayor visibilidad tiene, como corolario, un incremento exponencial de la notoriedad de sus marcas hasta hacer cercanas a los ciudadanos lo que hace años se percibía como una sopa de letras (AP, AFP; Reuters, EFE; ANSA, DPA, UPI, PA…) inteligible solo para periodistas profesionales. Ese salto implica ser vistas por el gran público como fuente directa de credibilidad.

La clasificación tradicional entre mayoristas y minoristas, medios distribuidores y medios finalistas, se desdibuja ante los ojos de los usuarios. Las agencias pasan a ser un medio más. De ese paso dan fe las audiencias de los sitios en Internet de las que han decidido abrirlos a los lectores. Algunos datos: la agencia Reuters tiene más visitas que el Washington Post y la agencia Associted Press tantos como The Economist. France Presse, la única de las grandes agencias globales que mantenía restringidos al público el acceso a sus servicios, anunciaba el cambio en septiembre de 2010. En España, Europa Press, la segunda agencia de noticias, tiene 3,6 millones de usuarios únicos certificados al mes y es, además, uno de los sitios con más crecimiento, consolidando un 50% en dos años. Hoy se encuentra muy por encima de cabeceras de gran prestigio  como El Periódico de Cataluña, (2,5 mill) a la que sólo se acercaba hace dos años[3].

Un informe de Google sitúa a las agencias entre “los medios con mayor influencia global”. Se trata de una investigación realizada en febrero de 2011[4] sobre los medios más citados como fuentes informativas en las búsquedas que los usuarios realizan en Google, que concluía con una relación de los medios más influyentes del mundo. Pues bien, entre los 10 primeros había 4 grandes agencias de noticias: Associated Press, colocada como número 1, como el medio más influyente por delante de New York Times;  Reuters se sitúa en el numero 3 inmediatamente antes que Wall Street Journal; Bloomberg News en el 5, delante de la BBC; y France Press el medio número 7 antes que CNN que ocupaba el puesto número 8 y del Washington Post, que ocupaba el número 9.

¡Qué indica todo esto? Que las grandes agencias están ya superando sus miedos a un cambio de rol que compagina una nueva función de minoristas, que se ocupa de satisfacer directamente las demandas informativas de los usuarios, con su función tradicional de proveedores de contenidos a los medios. Su camino es reelaborar esa estrategia multicanal que compatibiliza lo uno y lo otro. El vértigo que les producía entrar en conflicto con sus propios clientes va desapareciendo. Se trata de un paso que consideran inexorable, fruto de la movilidad de las posiciones de unos y otros, y que se hace posible además por la diversificación creciente de sus fuentes de ingreso. Tom Curley, consejero delegado de Associated Press,  ha declarado que los ingresos por fee a los periódicos significan en 2010, solo un 20% de los ingresos totales de AP, cuando dos años antes aportaban el 25% y hace veinticinco, en 1985, representaban el 55%.

Son datos que confirman que no existe una crisis de mediación ni tampoco una crisis de credibilidad general del sistema.  Unos ascienden, entre ellos las agencias, y otros descienden.

3.     ¿Desintermediación? Una coartada que beneficia el poder creciente de las fuentes

A pesar de todo, el concepto “crisis de mediación” se impone. Y es que  la desintermediación informativa es vista por muchos como una oportunidad antes que como un riesgo. Todavía más, pasa a ser un deseo, un horizonte idealizado, el símbolo de una nueva utopía politica que imagina a los ciudadanos desembarazandose de todo tipo de mediadores sociales, desde los partidos a los sindicatos o a los medios de comunicacción. Es el retorno a las utopías del hombre libre, del individuo común capaz de prescindir de los profesionales del poder, el reino de los aficionados con acceso directo a la felicidad, que rememora otros momentos historicos, como la desintermediación reclamada en el “ni dios, ni reyes, ni tribunos”, la primera estrofa del himno de La Internacional que cantaban los proletarios comunistas en el siglo XIX.

Tambien ahora, ante la falta de credibilidad del modelo social actual se hace deseable un mundo sin mediadores como utopía política. Lo señalaba con agudeza Daniel Innerarity[5].

“Se está instaurando una visión según la cual la voluntad general es algo que se puede construir sin instituciones intermediarias. Es un tipo de sociedad que se considera mejor representada por los aficionados que por los expertos y que valora más al filtrador que al periodista. Este es el nuevo espíritu, y lo que indica que vivimos un cambio de época es que esta idea es compartida por gentes de procedencia e ideología muy diferentes. Se está creando una utopía positiva de democracia directa que podemos encontrar tanto en sectores de la izquierda como de la derecha ultraliberal, que defiende que cuantos menos intermediarios y menos regulación, mejor”.

Volvamos a la información. A esa democracia directa como alternativa a la mediación informativa actual se refería, temeroso, el periodista Enric Gonzalez como un escenario en el que “millones de voces inconexas gritan al oído de millones de ciudadanos inconexos”.[6]

La realidad es que, donde la mediación tradicional pierde espacio, el hueco vacante lo ganan, no los ciudadanos, sino las grandes corporaciones, o, si se prefiere, no la honradez y el rigor informativo, sino las fuentes y su capacidad para condicionar mensajes desde su doble condición de suministradores de noticias y potentes inversores publicitarios. El camino no es la desintermediación sino la recuperación de la honradez profesional y la centralidad de los medios como entes independientes en el enfoque de los problemas. Por muy difícil que sea conseguir mediadores independientes, su ausencia dibuja un camino mucho peor, sujeto a intereses espurios de los grandes intereses políticos y económicos. Vale para la comunicación y vale para la politica como demuestra la Italia de Berlusconi. Cuando la sociedad, los ciudadanos, se quitaron de en medio a los partidos tradicionales, por corruptos en lo económico y sectarios en lo ideológico, el espacio vacante fue llenado por Forza Italia, una gran corporación tecnocrática de la politica y los negocios, experta en la manipulación de las conciencias.

El desarrollo sistemático, casi industrial, de las fuentes como emisores de información provoca ya las distorsiones más peligrosas sobre la agenda mediática. No se puede informar de finanzas sin recurrir a las fuentes institucionales o a entes sectoriales dominados por la gran banca, ni de telecomunicaciones sin aceder a los organismos o fundaciones financiadas por las grandes operadoras. Ni de energia o distribución o tecnologias de los alimentos sin recurrir a las equivalentes  controladas por las grandes corporaciones. Con un añadido: en todos los casos, además de fuentes imprescindibles se convierten en obligatorias y dominantes, espoleadas por su condición de mayores inversores publicitarios, financiadores de los propios medios.

Ese factor cualitativo es además cuantitativo, hasta el punto de alterar las rutinas productivas. Mas del 70% de las noticias publicadas corresponden ya a noticias programadas por las fuentes. Del resto, la mitad corresponde a los casos en los que la actualidad se impone al periodista, en forma de sucesos imprevistos, mientras solo un 15% en los grandes diarios son noticias procedentes de la agenda del medio (Pilar Díazandino, 2006).Los mismos resultados se obtienen del análisis de las principales cabeceras inglesas como ha puesto en evidencia Nick Davys (N. Davys, 1998) que ha probado que el 70% de las informaciones de los principales medios ingleses han sido escritas fuera de las redacciones, y copiadas por éstas, pero sólo en el 1% de los casos se ha reconocido abiertamente tal circunstancia. La masificación de notas altera en todas partes las rutinas productivas hasta el punto que la actualidad programada por las fuentes se acaba imponiendo en las redacciones como “la actualidad” a secas.

4.     Las agencias legitiman los mensajes encriptados de las fuentes

Si la falta de credibilidad de los medios actuales tiene un origen directo del que parecen escapar las agencias (la creciente presencia de los intereses economicos de la preagenda como sesgos voluntarios tolerados por el editor) la influencia de las nuevas rutinas informativas que acarrea la masificación de la información programada por las fuentes, las afecta de lleno.  La diferencia es que este factor tiene efectos mucho más perniciosos a largo plazo aunque se muestre invisible y sin generar resistencias a corto plazo, al no violentar la conciencia del periodista.

La ecuación “agencia = fuente”, instalada a fuego en las mentes de cualquier estudiante de periodismo, difumina el rol de las agencias como la puerta de entrada donde nace o se vicia la credibilidad del conjunto del sistema de medios.  Efectivamente, las agencias son, a la vez, elementos centrales de la credibilidad del sistema y también, la primera instancia por la que se corrompe esa misma credibilidad. Es así porque son las más expuestas a asumir, como rutinas diarias, las agendas institucionales propuestas por los gabinetes de comunicación y a cubrir sus propuestas. La ausencia de límites físicos en sus hilos – pueden duplicar su oferta desde 300 a 600 noticias de un día para otro, en un mismo servicio- y su vocación de interés general las convierte en la puerta de entrada por la que se cuela y valida el exceso de “noticias” en un magma en el que la oferta de notas desborda sus redacciones, incapaces de contrastar los contenidos. Es en sus redacciones donde se originan la mayoría de las llamadas “distorsiones involuntarias de la información” (Mauro Wolf, 1987) aquellas que se asumen e interiorizan sin violentar la conciencia del periodista.

Su incapacidad para frenar ese impacto es, sobre todo, un problema de desequilibrio estructural de recursos asociado al hecho de que cada vez más periodistas trabajan para el lado de las fuentes. Un dato puede servir de ejemplo: las grandes empresas españolas, representadas en las 35 que ponderan en el índice IBEX, tienen ya más periodistas económicos que las agencias. En España, aunque 2/3 de la información publicada sobre contenidos económicos procedía de las agencias, todas juntas (EFE, Europa Press, Reuters, AFX y Bloomberg) empleaban solo a 2/3 de los expertos en comunicación, casi 200, periodistas en su mayoría, a disposición de esas empresas. (I.Muro, 2005)

Es desde los hilos de las agencias desde donde se exportan y legitiman los mensajes encriptados de las fuentes. Aunque éstas no necesitan su mediación para acceder a las redacciones de los grandes medios en los asuntos relevantes, el trabajo de las agencias garantiza un flujo permanente de noticias en eventos rutinarios, por el que se cuela la actualidad programada por las fuentes. Lo mismo ocurre en los diarios regionales y locales, más dependientes del trabajo de los mayoristas en todo aquello que excede de su pequeño radio de cobertura.  Tambien ahí las agencias se juegan su papel como garantes de la credibilidad del sistema o como la puerta de entrada por donde se cuelan los sesgos precocinados por las fuentes. Si es así, no tendrán oposición. Desgraciadamente, muchos de los medios pequeños llevan tiempo asumiendo dentro de sus rutinas diarias el llamar a los gabinetes para preguntar qué tienen para ellos, una práctica que los integra en la cadena informativa como si fuera un servicio externalizado. El ahorro de recursos redaccionales actúa como coartada para asumir, con naturalidad y cinismo, su cuota de parcialidad imprescindible.

Las agencias deben afrontar este problema como parte esencial en la recuperación de un nuevo rol en la cadena informativa.

5.     Las agencias, gatekkepers esenciales para recuperar la credibilidad del sistema.

 La sobresaturación de contenidos puede jugar a favor de la autonomía de los medios y de la calidad de la información. Con la producción de contenidos asegurada por las fuentes el éxito se juega, más que nunca, en la validación y en la selección. Si todos disponen de material suficiente, la facultad de decidir cuando y cómo hablar de tal o cual cosa, se convierte en el factor determinante de la línea editorial. Recuperar margen de autonomía sobre las agendas se convierte en un asunto crucial. Cada medio debe platearse como objetivo recuperar la iniciativa en un tanto por ciento de lo publicado – ¿alcanzar un 30% sería mucho?- y destinar los mejores recursos a ese fin. La selección y la jerarquía de temas debe servir para desbrozar la realidad interconectando datos recibidos en momentos dispersos, (muchas veces contradictorios a pesar de venir de una misma fuente) buceando bajo la espesa capa de intereses presentados bajo el marchamo de la “rabiosa actualidad”.

 Esa política editorial es válida también para las agencias. Más que el volumen lo que importa es la capacidad de seleccionar lo que se distribuye a los medios. El rol central de las agencias no es ya el garantizar una cantidad suficiente de noticias a las multiples redacciones, algo que garantizan las mismas fuentes, su aportación esencial es su capacidad de primer filtro para impedir influencias interesadas.  Ya no es centralsentirse y actuar como proveedor de contenidos sino portero que selecciona un mix de perspectivas que incluya todo aquello que sea de interés general para los diferentes públicos.

Hoy más que nunca, la principal función de los medios (y del propio periodismo) es añadir valor a las fuentes. Pero esa afirmación, del todo cierta, exige que se asuma que el principal valor desde la lógica informativa es garantizar la veracidad de los transmitido. Con otras palabras, el valor añadido que se le debe reclamar a un medio es su capacidad de filtrar la información sesgada por las fuentes. La creación de valor informativo requiere hoy un equilibrio entre producción propia de calidad y el filtrado sobre enlaces e informaciones ajenas.

“El valor ahora es la selección y la intermediación de contenidos, más que la creación. En un mundo de hiperabundante oferta de contenido, lo más importante no es crear contenido, sino encontrar el mejor contenido. Hay tanto que elegir que la selección se convierte en una gran necesidad. Y ese es un papel editorial.”  (Jeff Jarvis, 2010)

En ese contexto, las agencias deberían sacar mucho más partido a sus extensas redes de corresponsales para garantizar el uso de contribuciones fiables en cada materia. Es utópico imaginar que su valor está en garantizar una cobertura directa de los acontecimientos. Es cierto que la intensidad de puntos de información de muchas agencias les permite actuar pegadas a los hechos acaecidos en sus espacios nacionales, territorios a los que dedican entre el 55 y el 70% de sus recursos periodísticos totales. La intensa malla de AP en EEUU  o la de AFP en Francia o la de EFE en España les permite estar cerca de muchos acontecimientos. Pero, en todos los casos, la densidad de recursos y, en consecuencia, su capacidad de cobertura directa desciende exponencialmente fuera de sus fronteras.  EFE, por ejemplo, despliega en Cataluña, una de las regiones españolas con aspiración a ser “una nación”, con 7,5 millones de personas, una red de 110 personas -una plantilla fija de 55 personas y el resto corresponsales- que asumen la cobertura y edición regional de noticias en diferentes lenguas y formatos, principalmente texto en catalán y español. Sin embargo, en Chile, con el doble de población, emplea una plantilla de 10-12 periodistas, un 10% del utilizado en Cataluña. Con esa estructura su cobertura directa de los acontecimientos chilenos debe ser necesariamente muy reducida.

La aportación de las agencias exige una amplia red por todo el mundo, pero su valor no está en la ficción de la cobertura directa de los acontecimientos, imposible con los escasos recursos desplazados, sino en la capacidad para seleccionar y jerarquizar la información doméstica de cada país publicada en los medios locales y aportarle valor. Ya no tiene sentido obsesionarse con ser los primeros en informar ni preocuparse excesivamente por no serlo. Eric Scherer, directivo de AFP describía[7] con preocupación en una reunión de agencias internacionales, que en los asaltos fundamentalistas de Bombay de noviembre de 2008, la primera agencia en informar del suceso lo hizo en cuarto lugar, por detrás de medios electrónicos y de la cadena CNN, algo impensable hace unos años. Lejos de preocuparse se debería asumir como parte del nuevo rol: lo importante es aportar valor a la información que se transmite sin obsesionarse por ser los primeros. Lo que se les pide desde una perspectiva de interés general, es, ante todo, capacidad para excluir los eventos que no merecen formar parte de la agenda social y aumentar el contraste y el rigor sobre todo aquello que merezca estar presente en sus hilos.

6.     Las agencias, los principios del periodismo y el interés general de la humanidad,

Lo que se les pide a las agencias es que actualicen su función como gatekkeepers para ajustarla a lo que hoy se entiende por interés general. Porque mejor no olvidar que gatekkeepers fueron siempre aunque actuando en beneficio de los intereses geoestratégicos de sus respectivos países, algo que hoy se rechaza como evidente e  insoportable. Lo recordaba el editor uruguayo Federico Fasano, ante el Tercer Congreso Mundial de Agencias de Noticias celebrado en Buenos Aires, en octubre de 2010.

 “En los 60 éramos muy dependientes de las agencias, porque no teníamos como ahora otras fuentes globales de información extra muros. Nuestra batalla era contra los gate keepers, que en las agencias abrían o cerraban las puertas de la comunicación masiva, controlaban el flujo y formaban la agenda setting (jerarquización de los temas prioritarios). Si una noticia no era incluida en esa agenda no existía otro modo de que fuera conocida por el mundo. Las agencias dirigían más que un director de un diario, el mundo de las noticias internacionales. Los clientes, éramos simples receptores desarmados.” (Federico Fasano, 2010)

Las cosas han cambiado desde entonces en parte porque la democratización de los flujos informativos que aporta internet se ha convertido en un axioma. También el concepto de interés general se ha enriquecido y elevado. Si, durante décadas, sin necesidad de decirlo, el concepto de interés general se identificaba implícitamente con la idea de “interés nacional”, hoy se perciben diversas lecturas del interés general: las ciudades, las comarcas, los departamentos, las regiones, las naciones interiores, los estados… todos aluden al interés general para defender su visión de los problemas. Aún hay más: la globalización de los hechos informativos convierten la guerra, el hambre, la explotación de la infancia, el calentamiento del planeta o los malos tratos a las mujeres en problemas comunes del mundo. La sensación de riesgo compartido y de fragilidad de los equilibrios ecológicos favorece el nacimiento de un  nuevo estadio asociado al interés general de la humanidad. El despliegue de internet y las redes sociales contribuye a desarrollar nuevas perspectivas transversales y multidimensionales en hombres y mujeres que ensanchan sus intereses hacia nuevos y más lejanos horizontes y alimentan una nueva forma de sentir general: la de ciudadano del mundo.

 En la medida que la construcción de ese nuevo espíritu se alimenta de información se modifica el sentido de la credibilidad de las noticias que debe superar las pruebas del localismo y de los patriotismos estrechos. Dentro de cada comunidad -en Catalunya o España o Europa- muchos ciudadanos desarrollen una doble o triple perspectiva que les hace ser conscientes de las particularidades y sesgos que encierran las diferentes miradas de la realidad, que identifican, cada vez más, con una excusa para construir la defensa de intereses. Las identidades diversas y superpuestas revolucionan la conciencia colectiva y estimulan al ciudadano a evitar que  los intereses de las grandes potencias, los “intereses nacionales”, los corporativismos de grupos locales y el comportamiento de los líderes,  limitados a la gestión miope de lo inmediato en función de su horizonte electoral, se enfrentan al interés general de la humanidad.

El citado editor uruguayo ponía el acento en lo que ahora se les pide a las agencias:

“No queremos que nos den un océano de información con sólo 15 centímetros de profundidad. No queremos recibir un periodismo chatarra de fácil consumo. Queremos recibir una información inteligente, de mirada profunda, de explicaciones. Queremos que nos ayuden a convertir la información en significación.” (Federico Fasano, 2010)

Lo que se les pide es que utilicen su presencia global para ofrecer a los medios “más features de análisis y explicaciones y menos show y hard news”. La gente quiere entender este mundo y espera que las estructuras informativas más poderosas contribuyan, desde su nueva posición multicanal que ocupan en el mundo digital, a  contribuir al enriquecimiento informativo y a solventar la llamada crisis de mediación.

7.     CONCLUSIONES

La construcción de un nuevo equilibrio informativo se hace imprescindible. La actual crisis económica ha sido posible precisamente porque el sistema de medios ha aceptado los enfoques interesados de los grandes grupos y los países dominantes o, lo que es lo mismo, ha dejado de enfocar la parte de la realidad que contradecía sus intereses. El nuevo equilibrio exige un entramado más articulado y equilibrado de los flujos de información y avances en las pautas periodísticas de acuerdo a las nuevas miradas del interés general. En ambos aspectos las agencias deben aspirar a cumplir una labor esencial.

De un lado, las agencias habrán de afrontar los conflictos de credibilidad vinculados a la globalización de la información y superar lo que hoy les limita a un alma nacional. Significa que deben bascular hacia planteamientos universales que globalizan los intereses y las pautas informativas que son precisamente las del equilibrio y la equidad, escritas con letras de oro en el imaginario del periodista. De otro, el interés general del sistema de medios requiere que las agencias fortalezcan su función de gate keepers profesionales, garantizando que las noticias que aparecen en sus hilos lo están por su valor noticioso al margen de los deseos de los grupos de interés. Por último, es importante que las agencias sepan compatibilizar su rol de proveedor de noticias al resto de los medios con su éxito como medio finalista, que sepan capitalizar su rigor informativo y sus marcas de alta notoriedad que les empieza a reconocer el mundo digital.

La experiencia de las grandes indica que la superación de esos retos forma parte de un camino posible. ¿Por qué no iban a tener éxito? Aportan una mirada objetiva en la que se resaltan los hechos, unas marcas reconocidas, con creciente notoriedad y alta credibilidad, redes globales altamente profesionalizadas, contenidos multimedia de valor, ¿por qué no van a poder gestionar adecuadamente sus derechos informativos a través de terceros mientras compiten en prestigio con las grandes cabeceras globales desde el New York Times a Le Monde? El prestigioso The Economist contestaba (12-feb-2009) a esta pregunta afirmando[8]: no está claro que triunfen “pero dado que continúan implantando nuevas oficinas en todo el mundo y suministrando mayor cobertura informativa, están mejor situadas para sobrevivir a largo plazo” que los periódicos.

Mejor que lo consiguen en beneficio del interés general de la información.

Ignacio Muro  Benayas


BIBLIOGRAFIA

 

  • Boyd Barret, Oliver – Libro colectivo “News Agencies in the Turbulent Era of the Internet”.  (Col-lecció Lexikon,  2010).
  • Colombo, Furio. “Ultimas noticias sobre periodismo” Anagrama 1997
  • Davys, Nick.  “Flat earth News”, Arrow-Random 2008.
  • Golding, P. y Elliott, P., Making the News, Londres, Longman. 1979,
  • Diezhandino, Pilar. “Periodismo en la era de internet”. Editorial Ariel, 2007.
  • Maherzi, Lotfi. “Informe mundial sobre la comunicación: los medios frente al desafío de las nuevas tecnologías”.  Paris (UNESCO, 1999).
  • Muro Benayas, Ignacio. “Globalización de la información y agencias de noticias”. Paidos 2006.
  • Wolf , Mauro. “La investigación de la Comunicación de masas”. Paidos, 1987.

Sobre el autor

Ignacio Muro Benayas imuro2@yahoo.es

Economista y profesor de Periodismo en la Universidad  Carlos III de Madrid.  Analista social, experto en procesos informativos. Colaborador de medios de comunicación, entre ellos el diario EL PAIS. Ha sido Directaor Gerente de Agencia EFE.


[1] Declaraciones a la revista Esquire, mayo del 2009.

[2] El País, 14 octubre 2011.

[3] Los datos de Reuters y AP se basan en el ranking que elabora Alexa-2011. Los de la española Europa Press corresponden al tráfico certificado por OJD, la oficina de justificación de la difusión, en marzo de 2011.

[4] “Los 30 medios más influyentes según Google”. Fuente, 233grados-LaInformación, 25 de marzo 2011.

[5] Recogido por Milagros Pérez Olivas en “Indignados con los periodistas” EL PAIS 26 de junio de 2011.

[6] Declaraciones con motivo de la recepción del Premio Francisco Cerecedo. EL PAIS 20 de julio de 2009.

[7] Eric Scherer, director de Estrategia y Relaciones Externas de AFP hacía estas declaraciones en la conferencia anual de la Alianza Europea de Agencias de Noticias (EANA) celebrada en Zagreb entre el 6 y 8 de mayo de 2009.

[8] The Economist, 12-feb-2009.


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Written by Ignacio Muro

25/12/2011 a 21:20

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