Ignacio Muro Benayas

Política, economía, medios, participación

“El cambio digital y los principios periodísticos”

leave a comment »

Libro El Periodista en la encrucijadaContribución al libro “El periodista en su encrucijada”  (Ver entrada separada)

Resumen ejecutivo

Se asume el fin del monopolio periodístico. La hiperabundancia de información procede de la ciudadanía y hace que la sociedad reclame y aprecie  la selección, jerarquización y valoración de los hechos, pero estas funciones, que, hasta ahora, se asociaban exclusivamente a la mediación periodística, también se comparten cada vez más con otros profesionales.

Se asume tambien que la interacción periodismo-poder ha dificultado la actualización de los principios y el establecimiento de nuevas cautelas como sí hicieron otras profesiones. La pérdida de referentes absolutos, propia de la época posmoderna, parecen dotar de un carácter coyuntural a verdades que se suponían permanentes. Múltiples argumentos sirven para justificar “disrupciones” en la lógica con la que se perciben las cosas (la ética está en crisis, el “cambio de paradigma” digital acaba hasta con verdades que se creían científicas, etc) pero existe consenso en que la convulsión que trae consigo la revolución digital, es considerada también una oportunidad múltiple que trae aire fresco en la defensa de principios.

La subordinación de las redacciones a las gerencias es el síntoma de la dependencia del periodismo a los intereses empresariales, un hecho sobre el que existe amplio consenso. La transmutación de la empresa informativa en gran corporación, su salida a bolsa, el baile de alianzas y fusiones con compañías de otros sectores amplían los espacios de conflicto entre lo mercantil y lo informativo .

El espacio digital incorpora nuevas rutinas que, de un lado, empobrecen y, de otro, enriquecen el discurso informativo. El corta y pega o el no salir a la calle a buscar noticias son factores negativos. Pero se compensa con el tratamiento de las redes sociales como calle virtual que facilita el acceso a fuentes directas, la captación de testimonios y entrevistas y la preparación de asuntos complejos hasta igualar, incluso, lo que las fuentes saben.

Se asume la perdida de credibilidad del sistema mediático. Pero mientras ésta se debilita aumenta su importancia, aunque las nuevas audiencias la ven como algo contingente, que necesita reafirmarse diariamente mediante pruebas y demostraciones. Las nuevas generaciones ganan en autonomía, difuminan el sentimiento de lealtad a los medios, el de la fidelidad absoluta que sentían sus antecesores.

 El cambio y los principios periodísticos

Índice

  1. ¿Tiene futuro el periodismo?
  2. Una profesión “desmusculada” antes del cambio tecnológico.
  3. Periodistas en su circunstancia. La sumisión a los intereses empresariales.
  4. La búsqueda de la verdad frente al “relativismo moral”
  5. Nuevas disciplinas de verificación en busca del equilibrio informativo
  6. Las causas del deterioro de la credibilidad.
  7. Credibilidad y fidelidad se alejan como espejo del vínculo entre audiencias y medios

1.    ¿Tiene futuro el periodismo?

El periodismo se encuentra sometido a cambios que afectan a todas sus facetas: soportes, tecnologías, lenguajes, negocios. “Estamos en mitad del río a merced de las corrientes… dejando una orilla que nos da de comer y nos orientamos a una orilla que nos promete el paraíso, pero que todavía no vemos que mane ni leche ni miel”. (J. A. Álvarez Gundín). Esa idea de tránsito, de mutación, producto de fuerzas que parece le zarandean desde todos los flancos, es la que hace difícil predecir los rasgos de su futuro próximo.

Los cambios en el ecosistema mediático se iniciaron hace ya muchos años, un tiempo suficiente para ir generando una cultura de síntesis, un conjunto de lugares comunes que se abren paso como consensos básicos procedentes de muchas y diversas experiencias. Pero también hay diferencias y matices, disensos propios de la confrontación y la diversidad, porque, volviendo a la metáfora, no todos cruzan el río por el mismo sitio, ni lo hacen a la misma velocidad,de modo que los acuerdos se abren paso como resultado de esfuerzos realizados desde posiciones muy diversas. El conjunto de esos consensos y disensos perfila un contorno, un perímetro en el que ocurren todas las batallas en las que el periodismo se  juega su futuro.

¿Cómo afecta ese devenir a la actualidad de los viejos principios periodísticos? Comprobar en qué medida mantienen inalterable toda su vigencia o han quedado desbordados por la realidad es el propósito de este trabajo. ¿Cómo los perciben hoy los actores de la cultura tradicional, inmigrantes digitales, y cómo los de la nueva cultura, los nativos digitales? Desde estas preguntas, nos enfrentamos a la primera cuestión.

Dice Iñaki Gabilondo que “si acudes a una reunión a hablar sobre el futuro del  periodismo” siempre acabas hablando de dos cuestiones: de empresas periodísticas o de tecnologías de la comunicación”. Concluye, con pesimismo, que pareciera que hablar de periodismo es hablar de los “cacharritos con los que vamos a hacer la información o de cómo van a ser las empresas periodísticas”. Intentaremos no caer en ese error. Para empezar, vamos a hablar de ética y de principios, de si se aplican o se obvian y en qué medida los cambios tecnológicos y culturales arrasan o modifican valores que se creían eternos. Nos interesa, sobre todo, investigar en qué medida vamos a conseguir que estén presentes en el futuro del periodismo.

¿Futuro del periodismo? ¿Qué tipo de futuro le espera a esta vieja profesión? ¿Acaso lo que hoy se práctica es el mismo oficio que se ejercía hace 10 o 20 años “El papel del periodismo sigue siendo el mismo, exactamente el mismo, porque se trata de transmitir una información a una audiencia.” (Alejandro Vara).Sobre esta afirmación volveremos permanentemente, porque, entre otras cosas, avanza una percepción del futuro que es muy sólida en algunos, -“El periodismo va a existir siempre” como señala Gloria Valenzuela- y menos sólida en otros: “probablemente, va a existir siempre”, según expresa José Manuel Calvo.

¿Qué significa poder asegurar su existencia futura? Significa tres cosas:

  • La primera, afirmar que entre los hechos y su difusión siempre será necesario un mediador.
  •  La segunda, que ese mediador será un periodista en el sentido que hoy lo concebimos, el de una persona cargada con un conjunto de principios y disciplinas de verificación y no un mero “profesional de la información”.
  •  La tercera, que aunque existan otros actores, la contribución del periodista seguirá siendo determinante, en cantidad y relevancia,  sobre el conjunto de los procesos informativos en comparación con la aportación de otros colectivos.

Cuando se contesta afirmativamente a las tres preguntas en un contexto de cambio como el que hoy se vive, es normal acompañarse de argumentos que relativicen la naturaleza de las mutaciones que trae consigo la cultura digital o que se les quite importancia hasta convertirlos en mera circunstancia, algo “menor” que no altera lo esencial, algo perfectamente asumible desde una perspectiva histórica. Las referencias del tipo “el periodismo siempre ha estado cambiando” (Gloria Valenzuela) o “el papel del periodista siempre es distinto” (José Manuel Calvo) pueden interpretarse en ese sentido aunque luego veremos que caben muchos matices en los análisis. Lo mismo ocurre cuando los cambios que se detectan, por ejemplo el trabajo multimedia y los nuevos formatos, se sienten con efectos similares a otros cambios habidos en el pasado (“al igual que ocurrió cuando llegaron la radio y la televisión” según señala J. Serrano), como si no fueran suficientes para alterar el carácter imprescindible de la mediación periodística.

Por ello, es importante señalar pronto una posición desde la otra orilla, como la que puede representar Mario Tascón, para exigirnos que avancemos mucho más, que analicemos la naturaleza del cambio, su profundidad para ver qué mantenemos y qué recuperamos del viejo oficio:

“Sobre lugares comunes te hago yo una listilla: el periodismo siempre sobrevivirá, desaparecerán los periódicos pero no el periodismo, vale fenomenal. Sí, vale ya sabemos, esto nos ha cambiado todo. Pero ahora vamos a ver cómo se construye, qué recuperamos, qué mantenemos, aparte de las generalidades y los lugares comunes”

Parece que empieza a asumirse algo que los sectores más implicados en la cultura digital llevan tiempo diciendo: que los cambios traen consigo, al menos, una  pérdida de espacios de mediación o delmonopolio periodístico”por la aparición de nuevos actores.

“Nos enfrentamos a una situación en la que la información no es patrimonio del periodista.” Por razones diversas, “circula muchísima información que no está hecha por periodistas, lo cual supone, desde mi punto de vista un serio riesgo para la veracidad de las informaciones y su contraste.” (J. Serrano).

“Su papel, él del periodista- como mínimo ha disminuido” cuando no ha desaparecido. “Existen nuevos párrocos, nuevos líderes, nueva gente que influye de otra manera, con otras herramientas.” (Mario Tascón)

Por suerte, ha saltado “en pedazos un monopolio que ha durado más de un siglo.” Quizás traiga desorden y complicaciones “pero es muy positivo porque hay mucha más libertad y mucho más democracia en el conocimiento de la información que antes”. (José Manuel Calvo)

“Tenemos que competir en un mundo en el que hay muchos más elementos que son capaces de convertirse en prescriptores, de ejercer influencia, de generar comunidades de seguidores”. (Gumersindo Lafuente)

La competencia de los nuevos mediadores no solo afecta a la producción y edición de contenidos. Todo lo contrario, la hiperabundancia de información hace que la sociedad reclame y aprecie especialmente otras funciones típicamente editoriales, como son la selección, jerarquización y valoración de los hechos, que, hasta ahora, se asociaban a la mediación periodística y que ahora empiezan a compartirse con nuevos actores. También la jerarquización, un tarea esencial de mediación, queda  compartida con otros, “está en otros sitios también, que es lo que se nos olvida. Ahora tienes un tío como Enrique Dans que (en su materia) ahora mismo es un foco de opinión de este país.” (Mario Tascón)

Pero aun hay más. Los cambios que traen consigo la cultura digital afectan a todos los eslabones de la producción informativa, no solo convierte en activos a los receptores y usuarios sino que también altera y revoluciona el papel de las fuentes que se ofrecen como creadores esenciales de información.

De un lado, “la comunicación que hacen ahora las empresas les permite saltarse al periodista”, mientras que, de otro, “el lector tiene acceso directo a las fuentes con lo cual tampoco necesita la intermediación del periodista”

El mundo de la comunicación en general, está creciendo. El departamento de comunicación del Banco Santander está absorbiendo -tiene siete tíos nuevos que no existían hace cuatro meses-, está incorporando perfiles que se dedican a la comunicación en los medios, en redes sociales… Lo mismo en BBVA. (Mario Tascón).

Sobre todas estas cuestiones volveremos en cada uno de los capítulos de este trabajo. Al final, parece que el futuro del periodismo está más abierto que lo que se podía pensar. Una idea de consenso surge, en este tumulto de ideas: que habrá siempre  un hueco para el trabajo del periodista profesional pero que es fundamental asociar ese trabajo a la calidad en la información.

“¿Van a existir periodistas profesionales? Evidentemente. Va a subsistir un periodismo profesional pero el problema que yo veo es cómo se va a financiar este periodismo. ¿Cómo vamos a financiar la calidad, un periódico de calidad? Al final, la empresa periodística es necesaria aunque hacer una información de calidad tiene un coste.” (J. Serrano).

Desde esta perspectiva, desde la calidad y el rigor, se produce una nueva oportunidad que aprovechan Rosalía Llorente y Gloria Lamala para resaltar la singularidad de la función periodística en comparación con otras contribuciones informativas como el “periodismo ciudadano” del que Rosalía destaca como vía para construir periodistas.

(El periodismo ciudadano)  “eso no es periodismo (…) son fuentes o gente que puede llegar a ser periodista, como surgen blogueros que terminan convirtiéndose en periodistas, como ocurría antes también, que no solo la gente que salía de la carrera trabajaba como periodista. También está produciéndose el fenómeno del trabajo colaborativo de determinada gente que no son periodistas, pero que hacen cosas interesantes.” (Rosalía Llorente)

“Seguimos siendo los garantes de la información, los que en última instancia cocinamos todas las materias primas que nos llegan y entonces, es verdad que ahora nos llegan materias y elementos para la cocina que son diferentes, y que nos vienen de otro proveedor, como es Internet, las redes sociales… pero eso nosotros también lo seguimos cocinando.” (Gloria Lamala)

2.    Una profesión “desmusculada”, ya antes del cambio tecnológico.

Empresas, financiación y productos de calidad parecen converger al analizar el futuro del periodismo en un mundo en permanente cambio. Reconociendo esa interacción empieza a perfilarse un nuevo espacio de debate: ¿En qué condiciones aborda esos retos la profesión periodística? Si el futuro del periodismo está asociado a la calidad, ¿está la profesión sensibilizada para recuperar y defender los valores que determinan la existencia de la calidad en la información? ¿Tiene suficiente músculo para contraponer sus posiciones a la fuerza de otros vectores que solo piensan en el negocio a corto plazo? ¿En qué situación le coge estos retos?

Sobre esta cuestión predominan las percepciones pesimistas como la que supone asumir que, en el pasado, “existían unos principios deontológicos que tenía la propia profesión. Pero creo que han caído en desuso.”  (J Serrano). O la afirmación categórica de Jesús María Santos: “la ética ha desaparecido como concepto de referencia. Hoy no se entiende”. O esta otra de Magi Iglesias: “En el futuro tal y como van las cosas, desgraciadamente, se olvidará el periodismo clásico, se olvidarán los principios clásicos”.

Vincular el futuro del periodismo a “unos parámetros éticos incuestionables” y comunes para toda la sociedad es una de las exigencias que plantea Iñaki Gabilondo. Esos consensos éticos deben constituir “los límites de nuestra actuación” de los que hay que tener conciencia, aunque cuando se comente la necesidad de estos limites con compañeros periodistas “te llaman traidor y te dicen que eres un enemigo de la libertad de expresión”.

¿Libertad de expresión? ¿Libertad de información? ¿Quiénes son los sujetos de esos derechos? Pareciera que algo que compete a todos los ciudadanos fuera un patrimonio exclusivo de los periodistas, pareciera que la ideología de la profesión hubiera transmutado los principios democráticos. A eso apunta Alex Grijelmo cuando afirma:

El principal error que se está cometiendo ahora es confundir la naturaleza del principio básico que gestionamos los periodistas “un derecho que no es nuestro, que es de los ciudadanos”. Los periodistas, “sobre todo los que se dicen periodistas sin serlo, creen que defienden SU libertad de expresión, SU derecho a la información y llegan incluso a patrimonializarlo: “es que yo puedo decir”, “es mi libertad de expresión”… Y eso es un error de concepto porque la libertad no es del periodista, la libertad es del ciudadano en general, del que recibe la información, del que recibe la opinión (…)  y eso explica que se tarde en rectificar o que no se rectifique, que no se contrasten las informaciones, que se opine alegremente, que se difundan rumores”

Nos hemos perdido acerca de cuál es la función del periodista”, insiste Grijelmo. A partir de ahí deberíamos aceptar que “hay muchísimos periodistas que se sirven a sí mismos o sirven a quienes les pagan y no sirven a los ciudadanos” que “son los que tienen consagrado en la Constitución el derecho a la información. Siguiendo un hilo argumental paralelo, retomamos la voz de Iñaki Gabilondo que nos reafirma que “nada es posible mientras existan periodistas que entiendan que los limites del periodismo son solo la ilegalidad, que afirmen que “avanzo hasta que me detenga el código penal”. Mucho antes que llegar a eso, hay una “cenefa en la cual el periodista debería haberse hecho fuerte” que no son otra cosa que el código de la ética, el de la dignidad y del honor público, el del respeto que nuestros padres y nuestros abuelos y generaciones y generaciones que nos permitieron avanzar.

Por un lado, la crisis de valores de la profesión forma parte de una crisis general de valores que sufre la sociedad en general, en los que “la idea de triunfar” se impone en el que “el éxito y las audiencias lo legitiman todo”. Pero, por otro, recalca Gabilondo, la aceptación de los “valores sociales del éxito” son propios de una profesión “desmusculada” que no supo defender sus espacios y valores en las empresas informativas.

La cuestión es que la profesión no supo actualizar sus principios ni establecer sus cautelas como sí hicieron otras profesiones. Mientras “un cirujano se lava las manos antes de operar” en todos los sitios del mundo y en todos los tipos de hospitales, el periodismo “ha ido perdiendo determinado tipo de cautelas profesionales”.

Parece no haber duda en que “la intervención del periodista en el medio es mucho más limitada en relación a la que era antes.” (Jesús María Santos) pero esa pérdida de espacio ha estado acompañada por una pérdida formal de referencias éticas. Dos hechos explican mejor que mil argumentos el deterioro que trae consigo el info-espectáculo:

“Hace unos años ningún periodista que estuviera haciendo información en televisión podía salir protagonizando anuncios. No se podía confundir a la gente con una cosa y con otra. Ahora esto se está haciendo sin ningún recato.” (J. Serrano)

“La manera incluso de elegir a periodistas, especialmente en el caso de mujeres que responden a iconos de belleza y después puede haber grandes inteligencias, pero donde el factor fundamental de elección es la belleza y la juventud, incluso la ropa que llevan y los estilistas que están detrás. Esto antes era inconcebible y en algunas televisiones clásicas de toda la vida lo sigue siendo. Esto no lo ves en la BBC, o no lo ves en la TF1 o la TF2 o en la TF3. Entonces, el info-espectáculo, la manera espectacularizada de presentar la información también… Después, la alteración del orden de lo importante y de lo interesante.”  (Alicia Montano)

Si se pierde la capacidad de mediador social es porque “nos hemos perdido acerca de cuál es la función del periodista”. Ahí y no en otros factores externos se encuentra, según Alex Grijelmo, la causa de la crisis de mediación: la falta de espacio social como mediadores estaría vinculada paradójicamente a la creciente asunción de que “somos los protagonistas”. Pasar de ser mediadores a ser actores políticos, “estrellas” sociales, famosos, es un proceso que nace de una degradación y contaminación de las prácticas y rutinas informativas

“El deterioro de los fundamentos de la profesión” se nutre de “muchas pequeñas cosas que van empujando a otras. Empezaron determinados medios a no respetar los fundamentos de la profesión y contaminaron a otros, que contaminaron a otros, que contaminaron a otros.” (Alex Grijelmo)

Alejandro Vara localiza la fuente de esa contaminación viciada en la televisión:

“No es que la ética haya bajado la guardia, lo que (…) sí hay es una especie de canalleo generalizado que yo creo que viene por la parte de los medios audiovisuales”.  (Alejandro Vara)

Se trata de ejemplos que muestran hasta qué punto, como señala Iñaki Gabilondo, “la debilidad del músculo periodístico” es un factor autónomo y previo a otras circunstancias tecnológicas o empresariales, que muchas veces se utilizan como excusa. Al final de todo se perfila el dibujo de una profesión que por la incidencia de un conjunto de factores ha diluido sus propios perfiles. “El periodista es un señor que se suele definir más por lo que no es que por lo que es”. (Iñaki Gabilondo)

3.    Periodistas en su circunstancia. La sumisión a los intereses empresariales.  

La dependencia de los intereses empresariales es también un hilo conductor que encuentra elementos de consenso que puede resumirse en una idea crítica: la de que “el periodista está para servir intereses ideológicos, empresariales”. (Alex Grijelmo).

No es difícil reconocer en la situación actual “una relación, redacción-gerencia, digamos, claramente alterada” en beneficio de lo empresarial”  (Iñaki Gabilondo). Magi Iglesias vincula esa dependencia de lo periodístico a la “degradación de la profesión tras la Transición” cuando los editores tradicionales se convierten en empresarios que cambian las reglas del juego: “en lugar de pensar en el periodismo, piensan en el lucro.”

Antes, cuando “los editores, los propietarios, eran hombres de prensa, sabían que su riqueza era el prestigio y la credibilidad, es decir, la marca” pero, poco a poco, “las empresas dejan de ser empresas de comunicación y pasan a ser empresas. ¿Quién manda? Ya no manda el director, manda el consejero delegado, el gerente, el jefe de personal…”

Este hecho no solo subordina los periodistas a los gestores, sino que introduce una lógica que debilita la calidad informativa al descapitalizar la profesión: de un lado, porque excluye a sus mejores profesionales; de otro, porque encumbra a una generación menos capacitada y más débil, tanto por sus condiciones laborales como por su inexperiencia.

“Esto es un oficio y el oficio se transmite de los senior a los junior. Los senior empiezan a prejubilarse. Fue un precedente nefasto el ERE de RTVE.” (Magi Iglesias)

Ese hito tiene, siguiendo el mismo razonamiento, consecuencias funestas: “el crecimiento de los mediocres en los cargos directivos.”.

“Poco a poco, los medios se van llenando de directores de relativa calidad periodística y de ahí, hacia abajo: el redactor jefe, el subdirector, el jefe de redacción… Todos son gente dócil, obediente al poder, que le dan más importancia al interés empresarial que al interés informativo del lector” (Magi Iglesias)

Esas mutaciones se producen espoleadas por cambios tecnológicos rapidísimos que no solo se acompañan de ajustes industriales y sociales sino que desconciertan a una generación de periodistas apegados a los formatos y usos clásicos. Los tecnólogos eran entonces los reyes de la modernidad, algo que hoy es visto como símbolo de un exceso. Durante mucho tiempo, afirma J C Laviana, “se sobrevaloró la dimensión técnica del periodista y se olvidó la clave de todo que sigue siendo el contenido” que da igual por el canal que salga. En ese contexto, es lógico que se produjera un muro de incomunicación entre las funciones desarrolladas por gestores y los periodistas, en buena parte aliviadas. Donde uno sentía el deterioro de la profesión y la pérdida de principios, otros detectaban “resistencias al cambio”.

“La única resistencia son los periodistas mayores que consideran esto de Internet una especie de frivolidad” mientras recuerda el comportamiento de “periodistas de un periódico importante que se negaban a trabajar para la página Web” (JC Laviana)

La “adecuación a las nuevas herramientas del periodismo, en eso estamos con muchas resistencias.” (Alex Grijelmo)

Quizás sea por esas resistencias que según Gloria Lomana “el papel del periodista no está cambiando de la manera vertiginosa en que sí que está cambiando el mundo de la comunicación”. La irrupción de lo digital no es percibido, en cualquier caso, como un factor que esté en el origen de la degradación de la profesión, es un factor que incide sobre una degradación previa basados en la perdida de referentes propios y en la creciente dependencia a los intereses empresariales. Así que, cuando aparecen las nuevas tecnologías,  dice Iñaki, “han pillado al periodismo en un momento de lo más bravucón, poseído de sí mismo, que hace todos los aspavientos, todos los excesos y las desmesuras del que ha perdido la autoestima”. En la misma línea, Magi Iglesias concibe la invasión tecnológica como una excusa perfecta, una circunstancia que favorece el poder de la gerencia y justifica los cambios.

Múltiples factores confluyen, pero el hecho es que la lógica empresarial se impone sea cuales sean las tecnologías que se usen en la información.

El hecho es que “hace muchísimo tiempo que la lógica del gerente se ha impuesto sobre la lógica de la comunicación, sea cual sea el modelo de empresa, sea cual sea el artilugio con el que se trabaja”. (Iñaki Gabilondo)

El desarrollo de la lógica empresarial termina ampliando los escenarios en los que la colusión de intereses entre lo mercantil y lo informativo se hace más frecuente y más compleja. La transmutación de la empresa informativa en gran corporación, su salida a bolsa, el baile de alianzas y fusiones con compañías de otros sectores amplían los espacios de conflicto.

“La diversificación (empresarial) empieza a hacerse demasiado oscura.” (Mario Tascón).

Cuando “las empresas salen a bolsa, eso es la muerte, porque cuando juega en el mercado de la bolsa y no juega en el mercado del interés periodístico y del interés ciudadano. Para mí esa es una clave que, después, como un efecto mariposa, se transmite a toda la cadena.” (Magi Iglesias)

Estas afirmaciones permiten completar el relato de cómo “la empresa periodística se ha apoderado de la comunicación periodística” (Iñaki Gabilondo). La misma realidad se puede contar desde la mirada optimista que ve “el vaso medio lleno” como la que aporta José Manuel Calvo sobre el futuro.

Confío que “el trabajo de los periodistas sea mucho más rico, más complejo y más cambiante de lo que ha sido siempre. Así que ya veremos cómo nos arreglamos para ganar dinero, pero lo fundamental es lo fundamental.”

4.    La búsqueda de la verdad frente al “relativismo moral”

Los cambios acabaron, como vamos viendo, afectando a todo, desde los actores intervinientes a sus comportamientos, desde las rutinas periodísticas a la organización social, desde los valores dominantes a las esperanzas y frustraciones. ¿Qué papel le corresponden a los principios en ese contexto? Dice José Manuel Calvo:

“En la situación actual de cambios y a tanta velocidad, hay pocas cosas a las que agarrarse, pocas certezas que existan. Yo creo que una de ellas es la de los principios. De hecho y desde nuestro punto de vista, de las pocas cosas que nos dan confianza para el futuro son, precisamente, dos solo. Una es tener profesionales probados, profesionales expertos, profesionales capaces. Y dos: tener principios, tener estándares, tener criterios…  a la hora de tratar las noticias, a la hora de contarlas”

Tener principios, tener estándares, tener criterios. El uso indistinto de esos conceptos apunta ya a que nos referimos a algo que parece inalterable pero que, sin embargo, muta también. Mientras un principio es la base inextinguible, el origen sobre la que se procede discurriendo en cualquier momento, un estándar es una referencia de comportamiento, algo más utilitario, que sirve como patrón porque se ajusta a un momento determinado. ¿Significa esa asimilación entre principios y estándares una muestra de relativismo moral? Para algunos es así. Sencillamente, lo que ocurre es que ese “relativismo afecta también a la ética periodística.” (José Jolly) que no puede dejar de compartir los rasgos de los tiempos actuales en el que “los valores absolutos hoy están casi todos cuestionados”.  ¿Es un signo sólo de los tiempos actuales?  Algunos no creen tampoco en esa originalidad porque “la ética ha estado siempre en crisis desde Adán y Eva” (Mario Tascón). En todo caso, “habría más bien que definir qué es la ética en cada momento”, algo que no es exclusivo del periodista, que lo trasciende. (J. Maffeo)

El relativismo moral, la pérdida de referentes absolutos, puede justificarse en el llamado “cambio de paradigma” que achaca a la tecnología digital “un salto similar al que supuso el salto entre la física de Newton y la física cuántica” origen de las disrupciones en la lógica con la que se perciben las cosas. El hecho es que esos cambios dotan de un carácter coyuntural a verdades que se suponían permanentes. Incluso “la verdad de la ciencia siempre es provisional” aunque parezca inalterable durante 300 años. “Esa es la diferencia con otras verdades que no son provisionales, que pertenecen a otro ámbito.” (B Lana). Ante ese dilema moral, cabe también la opción de no debatir, de desarrollar un sentido práctico alejado de las grandes cuestiones:

“Yo creo que (el periodista) lo que tiene que hacer es trasladar los hechos. A mí la preocupación por la verdad no es una cosa que me haya obsesionado mucho. Me parece que lo importante es trasladar hechos.” (Jesús María Santos)

Todo ello sirve, pero no resuelve la pregunta que nos interesa responder en relación a los principios. ¿Qué cambia, qué permanece?  En este caso, la mejor respuesta nos viene de las contestaciones que los responsables de decidir los contenidos en casi 100 medios digitales hicieron a la encuesta incluida en este trabajo.

  • Los cambios afectan a dos espacios esenciales: la forma de acceder a las fuentes (consenso entre el 100% de los encuestados) y el carácter de la mediación entre la realidad y el receptor (están de acuerdo el 92% de los encuestados entre los que responden como de acuerdo o muy de acuerdo).
  • Pero no parecen afectar a los principios que guían al periodista: ni el compromiso con la búsqueda de la verdad  ni la verificación de los hechos a través de fuentes diversas parecen ponerse en duda. Ambos resultan inalterables para el 100% de los encuestados.

A pesar de ello, parece conveniente que contrastemos esos planteamientos con las reflexiones de los expertos. Para acercarnos a las respuestas posibles tomamos como referencia inicial un argumento expuesto por Mario Tascón que permite analizar como interactúan lo permanente y lo cambiante.

“Hasta las cosas permanentes, cambian. Contar la verdad sigue siendo el primer deber, así en abstracto. Periodismo es, dicen algunos, “contar aquello que alguien quiere que no se cuente”. Lo que pasa es que ahora “los métodos para impedir que las cosas no se sepan han variado”, ahora, por ejemplo “la superabundancia de información es un método: cuanta más información echo, más difícil es ver en todo ese barullo donde está la clave”.

Al variar los factores y las estrategias de oscurecimiento varían las de defensa de la claridad y la verdad. La creación artificial de ruido para oscurecer la información, o para que pase desapercibido lo más relevante o grave de un hecho, obliga a cambiar necesariamente la forma de actuar de los que buscan “contar la verdad”. ¿Qué puede hacer el periodista entonces para acercarse a ella?

Lo primero es acostumbrarse a navegar en el nuevo ecosistema, en el que la superabundancia de información y de agentes informativos parece relativizar la verdad. Lo mismo que detallan los encuestados es puesto de relieve también por los expertos: el hecho de tener que compartir la mediación con muchos nuevos actores, modifica necesariamente las pautas tradicionales.

“Nuestro poder estaba asociado a la exclusividad de la mediación. Éramos una especie de rey que firma y dice: “Esto es verdad o esto no lo es o esto acontece”. Yo creo que eso, de alguna manera, ha empezado a cambiar. Con lo cual la esencia del oficio yo creo que se tiene que replantear” (Mario Tascón.)

En la navegación por el nuevo ecosistema se modifican muchas pautas tradicionales por eso hay que saber distinguir entre lo importante y lo accesorio. Nada mejor que abordar el fenómeno de Wikileaks para delimitar el campo del periodismo. Damos la palabra a Alicia Montano:

“Wikileaks no es periodismo, lo que es periodismo es el análisis de todos esos cables (…) Que El País destaque aquellos cables que tienen que ver con España; que Le Monde destaque los que tienen que ver su país, que Times, los suyos; que el Frankfurter, los suyos; que el Washington Post, los suyos. Eso es periodismo. (…) Ahí es donde empieza el periodismo, en poner en contexto, el ordenamiento de todo esto, en la selección, en lo que doy, en lo que no doy y en cómo se lo ofrezco al lector.” (Alicia Montano)

En ese contexto, es fundamental muscularse en la técnica periodística, es deciren el  desarrollo profesional. No vale con la buena edición de contenidos preexistentes, eso no crea necesariamente valor si se mide en términos de “búsqueda de la verdad”. Falta la técnica de “la caza y la pesca” de información, el desarrollo del olfato del experto, o su paciencia, porque hay ámbitos “como puede ser el terrorismo, en los que tardas 3 ó 4 años para que por primera vez alguien te de una noticia” (B. Lana)

“Hay gente que lleva un montón de años manejando una herramienta y si tú le das una lubina, el tío la cocina maravillosamente, pero lo que es la técnica de la caza y la pesca no la dominan, o sea, que los sueltas en la calle y nada”. No es por su culpa, sino por como está organizado el sistema, porque  no han tenido oportunidad de aprender de verdad de los viejos periodistas “ni han aprendido a buscar fuentes, a que alguien confíe en ti y que te cuente una cosa que de verdad sea verdad.” (B Lana)

Esa técnica puede ser adquirida, nos dice Rosalía Llorente, hasta construir nuevas narrativas y nuevos lenguajes.

“El periodista poco a poco va a adquirir o debería adquirir, -muchos de ellos al menos- unas capacidades técnicas mucho mayores que les permitan generar nuevas narrativas que muchas veces están enganchadas con la tecnología.” (Rosalía Llorente)

Pero lo más importante, es saber desarrollar las nuevas capacidades mientras se refuerzan los principios. Y entre ellos, la voluntad de buscar la verdad, algo no tan obvio ya que supone “desearla como un buen superior dentro de una deontología de la información.” Esa actitud significa apostar decididamente por unos determinados códigos éticos de la profesión periodística que fortalecen la convivencia social dentro de modelos sociales democráticos, algo que no siempre forma parte de la práctica de los medios. Sencillamente, porque, como hemos visto, hay veces que su deseo es ser más que mediadores, su deseo es ser actores o marcas ideológicas con intereses reconocidos vinculados a la conquista del poder. Nos lo recuerda también Mario Tascón.

“Hay muchos comunicadores de radio, aquí y en EEUU, bastante conocidos, que es evidente, que su principio no es la verdad sino que es defender la suya y modificar la realidad creándola a su imagen y semejanza” (Mario Tascón)

Esta reflexión sobre los principios periodísticos no puede ignorar un factor  relevante que tiene que ver con el entorno laboral en el que se desarrolla la información. Los cambios en el ecosistema informativo van a afectar radicalmente a la relación entre periodistas y editores y las condiciones materiales en las que se hace el periodismo, es decir, el campoen el que se juega el partido de los principios periodísticos. Si, según señala el Informe de la APM 2009, el 80,7% de los periodistas son asalariados contratados por un medio –actuando el 19,3% restante  como freelance-, la encuesta que acompaña a este estudio apunta a un cambio revolucionario ya que solo un 23% confía en que eso será así en el futuro. El resto de los encuestados se apunta -a partes iguales del 38%- a que dominarán los freelance o dependerán de proyectos profesionales independientes.

¿Es posible incorporar principios y disciplinas asociadas a la búsqueda de la verdad en un entorno de inestabilidad vital como el que permite dibujar ese escenario? Experiencias recientes demuestran que lo es. No solo nuevos medios como Pro-publica son galardonados con el Pulitzer por su periodismo independiente y su apuesta por la investigación, sino que muchos periodistas aislados, con su blog, se muestran como ejemplo de aceptación de riesgos en la búsqueda de la verdad. Mario Tascón nos recuerda a la  periodista mexicana Judith Torrea, galardonada con el premio Ortega y Gasset de periodismo por su blog sobre Ciudad Juárez.

“Se nos llena la boca del periodismo como sinónimo de contar lo que nadie quiere oír, pues mire usted, tiene ahí un sitio donde se cuenta lo que nadie quiere que se cuente, fuera del circuito convencional.” Una mujer “que encomienda su vida a una misión, que es denunciar lo que pasa allí. A mi me preocupa el peligro que entraña lo que hace esta mujer… y es que quizá no la vuelva a ver más con vida.” (Mario Tascón)

Y concluye, “denigramos de Internet, porque tiene otras cosas malas, pero tiene aire fresco”, también en la defensa de principios, podemos añadir.

5.    Nuevas disciplinas de verificación en busca del equilibrio informativo

¿Hacia donde vamos? ¿Hacia un mundo sin control social, cargado de peligros asociados a la manipulación, construido con “hechos” difíciles de verificar? Desde esta pregunta lanzada al aire es fácil entroncar con el debate sobre la objetividad, entendida como la suma de principios y disciplinas, como la suma entre una voluntad permanente de equilibrio, un propósito de equidad –que no de neutralidad o equidistancia- y una disciplina asociada a la verificación y contraste de fuentes.

“Creo que la objetividad es una de las cosas que está en peligro en cuanto a los principios del periodismo” (José Manuel Calvo). Efectivamente, al abordar ese reto, el de la objetividad como principio, aparecen en seguida múltiples formas de exponer su carácter relativo.

En el contexto actual, “la objetividad es una entelequia, un espejismo, una utopía”. (J Maffeo).

“Lo de la objetividad es lo que decimos todos. La objetividad es el esfuerzo que todos hacemos, pero realmente todo es opinable.” (Alejandro Vara)

“Prefiero hablar de honrada subjetividad” lo que significa partir de “las propias creencias, de las propias ideas, del entorno en el que se ha formado y permite transmitir de la manera más honrada posible lo que has visto”. ( J Maffeo)

“Soy claramente contrario a las teorías que dicen que la objetividad ha muerto o que la objetividad está disfrazada. La objetividad no es ir a uno, ir a otro y hacer luego una síntesis. La objetividad es tener un propósito y un objetivo de equilibrio, de balance.” (José Manuel Calvo)

Al margen de la discusión sobre el vigor del principio en sí, parece haber consenso en que “la objetividad está en peligro por causas objetivas” (José Manuel Calvo) que se asocian a la dificultad de verificar los hechos. Sin embargo, esa dificultad no parece afectar a la necesidad de mantener una “disciplina de verificación” como cualidad esencial del periodista en los procesos informativos.

“Eso nos lleva a pensar que el proceso periodístico conserva muchos elementos, ya formulados mil veces, como ‘la disciplina de la verificación’, ese tipo de cosas. Hay muchos principios, muchos elementos en el que ese proceso periodístico que se mantienen; hay otros que, sin embargo, tendrán que cambiar con los tiempos.” (A. Fumero)

“Creo que lo que va a justificar esta profesión de periodista, justo en un momento en el que hay un caudal de información extraordinariamente grande, lo que va a justificar la profesión, lo que nos va a dar el toque de diferencia va a ser la verificación y la comprobación.” (Alicia Montano)

“Probablemente nuestro papel cambia con Internet y pasamos a ser sobre todo filtradores de información, pero del criterio que tengas para filtrar, dependerá tu credibilidad. Pero que no es más que lo que hemos hecho toda la vida, solo que ahora tenemos un volumen ingente de información que filtrar. Pero nuestra tarea es esa filtrar – contrastar – verificar.” (Virginia Pérez)

En la misma línea, podemos recurrir al discurso de Mario Tascón que remarca que la objetividad, entendida como la verificación y contraste de fuentes, está asociada a las circunstancias en las que se hace periodismo. Y defiende que quizás se deba añadir, como valor explícito, el hecho de que un dato está verificado. Así ocurrió en otros momentos históricos:

“En todos los momentos en los que ha habido cambios históricos en la profesión ese concepto se debilita, o bueno, más que se debilita, sufre.” Pone como ejemplo una experiencia muy antigua, “las relaciones de sucesos del siglo XVII.” Los cronistas “se van dando cuenta que aparecen cada vez más sucesos apoyados débilmente en datos en los que el contraste es difícil,  se van dando cuenta que un elemento importante es la verificación. No es suficiente con relatar la relación de sucesos de un monstruo que apareció en no sé dónde, o la relación de sucesos de una carta que supuestamente escribió. Y algunos se van dando cuenta de esa debilidad y “empiezan a añadirle sucesos verificados” mientras otros utilizan “una palabra popular: algunos lo han certificado”. (Mario Tascón)

¿Qué circunstancias son las que condicionan la verificación? José Manuel Calvo apunta como una de las más relevantes el nuevo tempo de los acontecimientos. No es solo el tiempo real de la difusión informativa (“El ritmo relativamente nuevo, on-line, obliga a unos tiempos que no son los propios de la prensa tradicional.”) sino la aceleración de los acontecimientos en sí que acentúa, cada vez más, la “urgencia de las respuestas” en asuntos que necesitarían una maduración suficiente antes de volver a formar parte de la agenda.

La urgencia de las respuestas, actúan como “trampas auténticas tanto para nosotros como para la clase política que, en lugar de tener 72 horas o una semana o dos días para reaccionar, ahora se le exige –nosotros exigimos- que reaccione en minutos.” (José Manuel Calvo)

En ese contexto acelerado, los contrastes de fuentes siguen preocupando como garantía de veracidad, procesos en los que es imprescindible seguir contando para la decisión final con el olfato periodístico y la experiencia como símbolo de los factores intuitivos. Así lo reconoce Gloria Lomana.

“Cuando te llega una noticia de Facebook, de Twitter o de tal, contrastas a ver de qué manera se ha producido, si el lugar en que se ha producido corresponde con lo que te está llegando… O sea, haces diferentes contrastes de puntos de información para ver si lo que te esta llegando a través de una red social se corresponde con otro material que de alguna manera te está sirviendo (…) Y de esa manera llegas a una conclusión o a otra, pero no deja de ser bastante intuitivo en general, a partir del sentido común, de la profesionalidad que tienes y del empeño que tienes por contrastar.” (Gloria Lomana)

Otro asunto es comprobar hasta qué punto nuevas rutinas informativas vician la verificación. ¿Cuáles son las más relevantes? Dos fenómenos, la nueva rutina del corta y pega, y el abandono de la calle por las redacciones, se repiten como un mantra, ejemplo de circunstancias, especialmente conectadas con las redes sociales que aligeran la disciplina de la verificación.

“El corta y pega. Parece que este fenómeno ha sustituido en buena medida al trabajo fuera de las redacciones.” (J Serrano)

La constatación de que ahora el redactor no sale a la calle se convierte en una “acusación” repetida y justificada de diferentes formas.

La gente sale menos de las redacciones “precisamente porque ahora es más fácil el acceso a la información a través del ordenador” (Alex Grijelmo)

El auténtico periodismo de salir y conseguir noticias se queda para los reporteros de sucesos (locales) y para los enviados especiales y corresponsales, que son los que se mueven.” Y seguirá siendo así. (Alejandro Vara)

Sin embargo, lo que parecía ser objeto de consenso universal choca con experiencias asociadas a internet y televisión representadas en Rosalía Lloret y Gloria Lomana.

¿Que los periodistas de Internet no salen a la calle? “Esos son los malos. Yo creo que a la calle hay que salir igual que antes” Lo que ocurre “es que algunas veces, mezclamos Internet con la crisis que están teniendo determinados medios. Además, siempre ha ocurrido, también en periódicos pequeños en papel, que tenían redacciones pequeñas y permitían, menos que otros medios más grandes, salir a sus redactores. Es simplemente un tema de recursos.” (Rosalía Lloret)

“Yo creo que no hemos perdido la frescura de la calle, de ir a los sitios, de hacer las noticias, de reportajearlas mucho, pero hemos ganado más fuentes, como te decía. Lo nutrimos con más puntos de vista y, sobre todo, afinamos más porque tenemos la inmediatez, la última hora y mucha más riqueza.”  (Gloria Lomana)

 Aun hay más. Las representantes de diarios con gran peso en la red, como El Mundo y 20M, coinciden a argumentar las redes sociales e Internet como “calle virtual” y dan la vuelta al argumento de “salir a la calle”.

“Yo creo que para hacer buenas historias hay que salir a la calle y eso significa la ‘calle real’ a la que hay que seguir saliendo, sí o sí, o sino no se tendrán buenas historias. Y también la ‘calle virtual’. Yo muchas veces digo que ahora tenemos una ventaja con respecto a antiguamente que es que además de salir a la ‘calle real’, podemos salir a la ‘calle virtual’. Y de repente, por ejemplo, en Twitter puedes hacer una consulta de una palabra clave y te enteras de todo lo que está diciendo la gente sobre esa palabra. Yo que sé, preguntas sobre Nadal y te enteras de todo lo que está comentando la gente sobre Nadal. Es casi como poner un micrófono en todas las conversaciones telefónicas del planeta.” (Rosalía Lloret)

“Digamos que el terreno del periodista siempre ha sido la calle. Ahora tiene dos calles: una de verdad y otra que es virtual, pero que sigue siendo de verdad porque la integran personas que están allí y están haciendo cosas.” (Virginia Pérez)

El caso es que la red, normalmente asociada a nuevos riesgos y peligros, ofrece también ventajas? ¿Facilita nuevas oportunidades para hacer buen periodismo?. José Manuel Calvo se esfuerza en sistematizarlas.

La primera de ellas, la facilidad de acceder a fuentes directas que antes se tardaba una eternidad en contactar: “Hoy con redes sociales y con Twitter y con el correo electrónico, llegas en cuestión de segundos a fuentes directas a las que antes no llegabas.” (José Manuel Calvo)

La segunda, sin ir más lejos, la facilidad de captar testimonios o realizar entrevistas desde las redes sociales, algo que antes estaba vinculado a una presencia física o al encuentro personal. “Yo no estoy en contra de entrevistar a través de correo electrónico o de tener testimonios.” (José Manuel Calvo)

Además, “Internet nos ofrece muchas herramientas de profundidad que yo creo que despreciamos” añade José Manuel. Esas herramientas de profundidad son imprescindibles en la preparación de los temas, porque faculta al periodista para acercarse a asuntos complejos sobre los que no tenía conocimientos.  “¿A qué me estoy refiriendo? A la preparación de los temas, al estudio, al rastreo, a la necesidad de que el periodista se acerque, iguale o supere lo que las fuentes saben de algún asunto, a la formación periodística. Esto Internet lo facilita mucho y, sin embargo, en general lo dejamos de lado por diferentes asuntos.” (José Manuel Calvo)

La red aumenta las oportunidades y, con ello, la libertad del medio para optar por un camino diferencial respecto a la agenda dominante. Ese esfuerzo de diferenciación requiere también decidir qué conservar y qué sacrificar.

La masificación de la información que conlleva el mundo digital nos obliga a “hacer un esfuerzo de diferenciación”, un esfuerzo suplementario “por tener un relato propio, una mirada propia sobre las cosas” que es uno de los principios básicos del periodismo. “Tenemos que tener eso en cuenta cuando nos lanzamos a la recuperación del periodismo en todas sus formas, no importa en qué formato. También nosotros tenemos que saber decir cuando practicamos periodismo on-line: “hay cosas que no estamos dispuestos a sacrificar”. (José Manuel Calvo)

La construcción de un periodismo de calidad sigue siendo el objetivo para buena parte de la profesión. La identificación entre el papel y los géneros periodísticos  más trabajados y la de los formatos digitales con la urgencia y la noticia, es otra afirmación generalizada que rompe la representante de 20 Minutos,  Virginia Pérez.

“Antes el papel era más el análisis, digamos, la media vuelta, la noticia que había ocurrido en el día, y la web se limitaba a la última hora, pero ahora realmente ya están muy solapados. O sea, la gente en Internet realmente empieza a pedir ya análisis en tiempo real y que en el momento que ocurre una noticia, le expliques por qué ha ocurrido, si puedes hablar con expertos, que se lo cuentes, en fin… que ha empezado un requerimiento mayor también por parte de los usuarios.” (Virginia Perez)

Gumersindo Lafuente aconseja un toque de realismo cuando se pretende universalizar la aspiración al periodismo de calidad. No achaquemos a la tecnología    el poder de generalizar la construcción de un relato propio de calidad.

“La calidad es minoritaria. Los periódicos de calidad, históricamente han sido siempre minoritarios, pasa aquí y en Inglaterra o Alemania. El que haya un nuevo escenario tecnológico tampoco va a cambiar así automáticamente la cultura de consumo de la gente.” (Gumersindo Lafuente)

6.    De las causas del deterioro de la credibilidad.

La perdida de credibilidad de los medios y el análisis de sus causas es él ultimo asunto que tratamos en este primer capítulo. Para valorar los factores que la condicionan incorporamos una pregunta específica en la encuesta con los responsables de los contenidos en medios digitales, cuyos resultados utilizamos como guía.

Se puede observar que el 70% de los responsables digitales encuestados resalta, como principal factor de deterioro en la credibilidad de los medios, a “la creciente politización mediática”. Los siguientes factores señalados se refieren a un factor de preagenda (“la ingerencia de anunciantes y grupos de presión”, al que apuntan como determinante un 50% de ellos); otro, referido a “la menor calidad y cantidad de recursos redaccionales” al que citan el 48% de los encuestados. Y un cuarto factor, que vincula la pérdida de credibilidad como consecuencia de factores externos, (como es la “pérdida de control del periodista en la construcción de la agenda del medio”, al que apuntan un 41%). Esos factores serán analizados, junto con otros, en los sucesivos capítulos de este trabajo.

Estas mismas causas de descrédito son admitidas como igualmente relevantes entre los expertos. La incidencia de la politización es, en general, resaltada pero Jose Jolly se preocupa de señalar que ese factor es relevante solo en la prensa de Madrid no en los medios locales o regionales.

“Yo distinguiría entre la prensa nacional y la prensa local-regional. Desde luego en la primera la politización es evidente y yo creo que eso ha ayudado a desacreditarla; en la local regional, yo creo que esto se ve mucho menos afectado. Pero yo diría que en la prensa de Madrid, es la politización, sí.” (José Jolly)

La incidencia de los anunciantes y los grupos de presión se simplifica en los intereses económicos cuya incidencia, a través de la preponderancia de la lógica mercantil sobre la informativa, ha sido ya comentada. Se asume que la perdida de credibilidad está directamente asociada a la evidencia de que los grandes grupos económicos condicionan, de múltiples formas, el comportamiento editorial de los medios.  Lo señal, con claridad, Jesús María Santos:

“La gente ha percibido que esto es mucho más que antes un negocio, y que responde a intereses económicos.” Poco a poco, se instala una decepción en el lector o usuario que conduce a la desconfianza con los medios. “Si te has sentido engañado alguna vez, a partir de ese momento… Y luego has visto confirmados que, en determinadas ocasiones, hay muchos intereses económicos en las empresas y entonces hace que hayan dejado de ser fiables. Las empresas se han ganado a pulso toda la falta de credibilidad que tienen.” (Jesús María Santos)

En el fondo de todo aparecen determinadas factores económicos que son causa de sesgos y dependencias en la línea editorial. Las necesidades de expansión y diversificación hacia la multimedia y su dependencia de autorizaciones administrativas es señalada por Mario Tascón como fuente de corruptelas y subordinaciones a través de “deudas con el poder político”. La necesidad de encontrar fuentes de financiación alternativas a la publicidad es señalada por J. Serrano como imprescindible para estar exento de presiones desde los grandes anunciantes.

“En los últimos años, las empresas de comunicación, en general, su forma de hacerse multimedia, ha implicado tener cada vez más deudas con el poder político, y eso la gente lo sabe. entonces yo sé que para que me concedan la licencia de una televisión, que es un gran negocio, tendré que portarme medianamente bien (…) Es un elemento que ha sembrado muchas dudas sobre la labor de los periodistas y los medios de comunicación (…) y tiene que ver con que una de las principales fuentes de ingreso es que el negocio se abre con una autorización administrativa.”  (Mario Tascón)

“Si dejamos que la información se financie sólo a través de la publicidad estamos poniendo en manos de los grandes anunciantes incluso los contenidos de los propios medios.” (J Serrano)

¿Qué otros factores están detrás de la falta de credibilidad de los medios? Sin duda influyen “factores organizativos, tecnológicos, de procesos, tanto individuales como de negocio, de empresas”.

“La falta de credibilidad de los medios puede asociarse por una parte a la precariedad de la propia profesión, la falta de medios y la falta de  personal y recursos redaccionales. Por otra parta también a la deriva de la información cada vez más hacia el entretenimiento.” (J Serrano)

7.    Credibilidad y fidelidad, conceptos que se alejan como vínculo entre audiencias y medios

Al analizar las causas de la pérdida de credibilidad, José Manuel Calvo, destaca como más relevante la pérdida del papel central de la prensa y la crisis del viejo ecosistema. Cuando había pocos medios con unas audiencias estables, hegemonizados por la prensa, la credibilidad era una consecuencia de la fidelidad de la audiencia, en cambio, se difumina cuando se produce la explosión de nuevos medios.

“Cuando la prensa ocupa un lugar central en el universo de la comunicación es más sencillo que el mensaje de esos medios llegue a la sociedad y penetre. Cuando hay una explosión tremenda de nuevos medios, cuando están las radios y las televisiones e Internet, cuando con Google puedes ser director de tu propio medio y seleccionarte criterios y hacerte la información, cuando los periódicos ven reducida su esfera de comunicación, es normal que, en esta explosión muy horizontal, se difumine esa credibilidad. Los canales de comunicación son muchos más, mucho más amplios, por lo tanto, pesan menos los medios tradicionales y, entre ellos, la prensa que tenía un papel central en esa credibilidad.” (José Manuel Calvo)

Esa afirmación no es compartida por Gumersindo Lafuente que rechaza la identificación entre periódicos de papel y las buenas prácticas asociadas a la credibilidad informativa mientras afirma “que según vaya madurando este escenario, la audiencia premiará la calidad”

“El rigor y la credibilidad no dependen del soporte. Afortunadamente para nosotros, dependen de las personas, de los criterios y de las cocinas laborales o periodísticas que tengamos en los medios.” (Gumersindo Lafuente)

Las intervenciones de los expertos incorporan nuevos matices y preguntas. La primera, no menor, la introduce Oscar Espíritu Santo, y se refiere a la naturaleza de lo que llamamos credibilidad, mientras sugiere reprensar el concepto. ¿Hablamos de credibilidad o de fidelidad? Es obvio que la credibilidad en tanto que cualidad que posee el que merece ser creído es algo contingente, que acepta someterse a prueba y demostración. Pero, a veces, la vinculación de audiencias y medios parece trascender ese sentir, (al menos eso parece al observar el pasado reciente) para caer en la fidelidad, es decir, en un vínculo asociado a creencia o fe, algo inmanente que destila seguridad en lo que se nos cuenta. Así, al referirnos a la credibilidad de los grandes medios como pueden ser El País o El Mundo, pareciera que estuviéramos relatando un vínculo más parecido a lealtad o a identidad que a credibilidad. En este contexto, Oscar Espíritu Santo sugiere “repensar el concepto” para abordar los cambios que operan en el nuevo ecosistema mediático.

“¿De verdad creemos en esa credibilidad? Los periódicos surgieron en un momento dado” y cubren un espacio social que “muchas veces se ha utilizado incluso como estandarte: “Yo creo en La Razón”, “Yo creo en El País”… Es como una identidad. Una identidad real que llevábamos debajo del brazo cada uno dependiendo de qué sector fueras, eras de A o eras de B. Pero ¿de verdad pensáis que la nueva audiencia va a llevar como página de inicio del IPad a La Razón o a El País o va a llevar otra cosa? Yo creo que estas nuevas audiencias van más allá de la credibilidad de la marca de ese medio.” (Oscar Espíritu Santo)

Algunos, parecen confiar en que las grandes marcas tradicionales podrán trasladar su credibilidad y éxito a las nuevas audiencias, de modo que el nuevo ecosistema será, con pocas diferencias, una prolongación del actual. No lo cree así Oscar Espíritu Santo para el que no debemos pensar que, en el futuro, “las grandes cabeceras van a tener el marchamo de la credibilidad o el marchamo de la fiabilidad”, porque será así cada vez menos. Trascender en credibilidad supone estar muy atento a los cambios.

“Wikileaks nos está diciendo que a lo mejor lo que nos estaban contando los medios tampoco era tan creíble” (Oscar Espíritu Santo)

Y ahí surge una pregunta crucial, planteada por Mario Tascón. ¿Pueden las cabeceras dominantes transmitir sucredibilidada los nuevos usuarioscomo una herencia intergeneracional? ¿Cómo se retiene credibilidad cuando cambian las audiencias hacia los nativos digitales? La persistencia de la credibilidad, exige ser capaz de superar sucesivos retos, saltar muchas barreras intangibles:

“Algunos medios sobrevivirán en digital porque retienen un elemento que ha permitido trasladar a las nuevas generaciones.El País tiene credibilidad para la generación Gutenberg, aunque esté en Internet, pero su credibilidad para la gente nueva no tiene nada que ver. Para la nueva generación El País es una marca más… y no te digo nada a medida que vas abajo en la generación.” (Mario Tascón)

Otro matiz, no menor, se refiere a la conexión entre credibilidad y éxito editorial. Se asume como algo necesario, imprescindible, pero se discute si se debe sacralizar la credibilidad como factor determinante para la viabilidad de un proyecto editorial. ¿Viabilidad? ¿Éxito? Algunos no desearían vincular el debate de la credibilidad con el del éxito empresarial, pero Antonio Fumero recuerda que “si hablamos de periodismo profesional, es porque alguien paga a alguien que se dedica profesionalmente a ello. Parece una obviedad, pero a veces se nos olvida”.  Aclarado queda antes de abordar los nuevos matices.

“Al final, el perfil del periodista y el perfil de la empresa mediática es credibilidad. Al final lo que vendemos es credibilidad.” (J. A. Álvarez Gundín)

“Tú dices: “credibilidad” y yo digo, sí. Condición necesaria, pero no es suficiente. La credibilidad es un parámetro, una forma de medir una de esas interacciones, por ejemplo, entre audiencias”.  (Antonio Fumero)

“Yo estoy de acuerdo en que es algo imprescindible, pero no es suficiente. Tú puedes ser muy creíble, pero si no te necesito te quedaras ahí con toda tu credibilidad. Entonces, el tema es cómo somos capaces de seguir siendo necesarios, porque lo hemos sido, hemos sido imprescindibles (los medios profesionales, hablo). Entonces, yo creo que la gran batalla es la de que para seguir siendo necesarios cómo tenemos que mutar.”(B. Lana)

 Mutar para ser otra vez creíbles, he ahí el verdadero reto.

Anuncios

Written by Ignacio Muro

25/12/2011 a 12:13

Publicado en .En libros colectivos

Tagged with ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: