Ignacio Muro Benayas

Política, economía, medios, participación

“Articulación Informativa y conciencia regional en la Globalización”

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Explorar 1Tradución al español de mi aportación al libro News Agencies in the Turbulent Era of the Internet:

“Articulación Informativa y conciencia regional en la Globalización” (Él papel de las Agencias desde la experiencia de EFE en Latinoamérica)

Las agencias no son agentes irrelevantes en la conformación de las conciencias colectivas. Y tampoco neutrales. Su condición de mediadores representantes del interés general no impide que incorporen sesgos al sistema informativo que favorecen una visión particular de ese “interés general”. Incluso la producción de hard news, caracterizadas por ser un material objetivo preocupado de resaltar sólo los hechos y sus protagonistas, forma parte también de la producción de bienes simbólicos. Y como tales, conectadas al ámbito político, a las visiones culturales y a los intereses territoriales.

La agencia EFE es considerada una de las grandes agencias del mundo por su hegemonía sobre el mundo hispano, un espacio multicultural de casi 500 millones de personas que utilizan el español como vehículo de comunicación. España es, a su vez, un estado compuesto, con un capital cultural plurilingüe vinculado a conflictos nacionales en su interior y en su historia, principalmente en Catalunya y Euskadi. Las páginas que siguen tratan de reflexionar, desde esta experiencia, sobre la articulación territorial de la información cuando internet y la globalización se convierten en realidades de primera magnitud.

1. El solapamiento de los “intereses generales” en un mundo globalizado.

Durante décadas, sin necesidad de decirlo, el concepto de interés general se ha identificado implícitamente con la idea de “interés nacional”. Hoy, sin embargo, se perciben diversas lecturas del interés general: las ciudades, las comarcas, los departamentos, las regiones, las naciones interiores, los estados… todos aluden al interés general para defender su visión de los problemas.

Pero aún hay más: la globalización de los hechos informativos convierten la guerra, el hambre, la explotación de la infancia, el calentamiento del planeta o los malos tratos a las mujeres en problemas comunes del mundo. La sensación de riesgo compartido y de fragilidad de los equilibrios ecológicos favorece el nacimiento de un  nuevo estadio asociado al interés general de la humanidad. El despliegue de internet y las redes sociales contribuye a desarrollar nuevas perspectivas transversales y multidimensionales en hombres y mujeres que ensanchan sus intereses hacia nuevos y más lejanos horizontes y alimentan una nueva forma de sentir general: la de ciudadano del mundo.

En la medida que la construcción de ese nuevo espíritu se alimenta de información se modifica el sentido de la credibilidad de las noticias que debe superar las pruebas del localismo y de los patriotismos estrechos. Dentro de cada comunidad -en Catalunya o España o Europa- muchos ciudadanos desarrollen una doble o triple perspectiva que les hace ser conscientes de las particularidades y sesgos que encierran las diferentes miradas de la realidad, que identifican, cada vez más, con una excusa para construir la defensa de intereses. Las identidades diversas y superpuestas revolucionan la conciencia colectiva y estimulan al ciudadano a evitar que  los intereses de las grandes potencias, los “intereses nacionales”, los corporativismos de grupos locales y el comportamiento de los líderes,  limitados a la gestión miope de lo inmediato en función de su horizonte electoral, se enfrentan al interés general de la humanidad.

Este conflicto condiciona las estrategias de los editores de los grupos editoriales –verdaderos intelectuales colectivos de las élites- pues abre un nuevo campo de confrontación ideológica: su idea de la modernidad se mide también por la forma en la que apoyan la apertura de sus sociedades mientras conservan sus raíces. También los directivos de las agencias de noticias – grandes o pequeñas, globales, regionales o locales- se ven obligados a ensanchar sus horizontes y a convertirse en actores de la construcción de una nueva conciencia que integre lo nacional, lo regional y lo global.

  1. 2. Articulación territorial de la información: necesidades y actores.

¿Qué es exactamente la articulación informativa? La búsqueda, intencional o no, evidente u oculta, de un cierto equilibrio informativo de acuerdo a una determinada mirada y a unos determinados intereses. Anticipa o acompaña a un determinado orden mundial alimentando una visión precisa de la realidad mediante un encuadre que amplia la relevancia de unos asuntos mientras deja a otros en la oscuridad.

Si la dirección tomada por la globalización ha provocado la actual crisis es porque el sistema de medios ha aceptado los enfoques interesados de los grandes grupos o, lo que es lo mismo, ha dejado de enfocar la parte de la realidad que contradecía esos intereses. Sin tomar conciencia de esta carencia, sin ampliar las miradas sobre el mundo, será imposible evitar nuevos desastres que coloquen a los ciudadanos y las instituciones a los pies de los caballos de los grandes intereses privados globales. Si otro mundo es necesario, la construcción de un nuevo equilibrio informativo se hace imprescindible. Es necesario recorrer el camino más equilibradamente para que se desarrollen las instituciones que contrapesen los distintos intereses generales y den respuesta al caos histérico del mercado. Ese nuevo equilibrio pasa también por establecer lazos económicos e informativos más intensos entre las naciones que comparten vínculos históricos y culturales.

Todo espacio regional que quiera desarrollarse como un centro político activo debe prestar atención a la eficacia de sus lazos informativos. El conocimiento de lo próximo requiere un intercambio articulado y permanente de noticias del vecino, requiere conocer al prójimo desde la cercanía de los asuntos cotidianos, único modo de evitar que los conflictos del pasado, los tópicos y desencuentros históricos, se impongan a los retos del futuro e impidan construir la confianza necesaria. El regionalismo abierto que impone la globalización exigen “redes regionales viables para aumentar la circulación de la información”[1], el mismo objetivo que planteara la UNESCO en los años 80. La capacidad para interconectar lo próximo con la máxima intensidad es el camino para construir una conciencia colectiva regional como estación complementaria en la construcción de una perspectiva global.

La articulación informativa no puede descansar en internet. Que un espacio espontáneo de individuos vinculados en comunidades de interés pueda satisfacer todas las necesidades mediáticas y culturales no deja de ser una maravillosa utopía. De la red se puede esperar el enriquecimiento del individuo pero no tanto la vertebración del pensamiento colectivo y tanto uno como otros son necesarios en la construcción de progreso. Internet sirve lo mismo para transferir conocimientos que tópicos y prejuicios con un resultado cultural no claramente decantado. El tipo de intercambio de información capaz de articular un espacio territorial no puede ser sólo ocasional ni limitado a los ciudadanos más activos; no puede, en otras palabras, descansar en Google, capaz de ofrecer todas las respuestas sólo a los que saben preguntar. Requiere también del contacto imprevisto y natural con la realidad del otro, con sus problemas y conflictos; requiere de la participación de periodistas y medios de comunicación.

El peso de los grandes grupos de comunicación es incuestionable en la creación de conciencia, pero sus intereses impiden desarrollar un contacto natural y espontáneo, sin restricciones. En América Latina, el grupo español PRISA compite en esa tarea con otros grupos regionales, como OGlobo o Televisa, y, todos ellos, con los norteamericanos CNN y Fox News cuya capacidad para generar opinión de acuerdo a una sensibilidad política y/o cultural es evidente.

El desarrollo de esos grupos, que inciden directamente sobre las elites urbanas vinculadas al poder, especialmente sensibles a los discursos hegemónicos globales, oculta la actuación de un entramado muchísimo más permeable y masivo compuesto por medios digitales, grandes y pequeños diarios,  radios urbanas y rurales, medianos y pequeños canales de televisión.  Con independencia de sus ideologías suelen ser testigos de la evolución del centro de gravedad político y los nuevos consensos sociales.

Es en ese espacio donde la función de las agencias, aún siendo menos espectacular que la de los grandes grupos, resulta más intensa a largo plazo, porque está vinculada a ese tejido informativo imbricado en las culturas locales. Quizás no condicione los comportamientos a corto de las burguesías de las grandes ciudades pero acota la agenda que consume la sociedad y articula la información que se procesa en el sistema de medios en su conjunto, en todas sus audiencias. Mientras aseguran el suministro diario de un flujo equilibrado y suficiente de noticias en todos los formatos imbuyen de una cosmovisión que resulta decisiva en la apertura al mundo de las conciencias colectivas y en la definición de la idea de modernidad. Al garantizar la credibilidad de sus contenidos para las diferentes miradas parciales crean el punto de encuentro de todas las conciencias, alimentan el espacio neutral de “lo objetivo” e incuestionable. Ese componente resulta esencial en la permeabilidad y accesibilidad de los mensajes globales y dominantes. Todavía sigue siendo así:

La cuestión está en que la inocencia del marchamo de la información objetiva, sin distorsiones de ningún tipo, es, sigue siendo, cada vez más discutible, sobre todo cuando se mira desde la perspectiva del interés general global que aspira a tener cualquier ciudadano del mundo.

  1. 3. Sesgos culturales y rutinas informativas en las agencias.

El punto de partida es conocido. Hace muchas décadas que las agencias –las grandes agencias- son organizaciones globales, pero adosadas a un estado-nación. Tienen un alma nacional pero, sobre todo, representan una cosmovisión cultural. Siempre fue un poco así. AP y Reuters y antes UPI representaban con diversos matices una visión del mundo anglosajona; la alemana DPA y junto a ella la austriaca APA, la húngara  MTI y otras varias una mirada centroeuropea; la francesa AFP, la española EFE, o la italiana ANSA una perspectiva eurolatina y mediterránea de los conflictos.

El análisis de los flujos noticiosos en largos periodos refleja que Latinoamérica es hoy más latina que hace décadas. Diferentes estudios realizados por expertos universitarios[2], confirman que las agencias de origen latino (EFE, AFP y ANSA) proporcionaban en conjunto a mediados de los 90 el 50% de las noticias publicadas mientras que 30 años antes, en 1962, era menos de la mitad, poco más de un 20%. Por el contrario, las de origen anglosajón (AP, Reuters, UPI) aportaban en los 90 poco menos de 30% cuando 30 años antes dominaban con casi un 80%. Este reequilibrio de las fuentes solo puede ser considerado en positivo, como un símbolo de la autonomía informativa del continente que ya anticipaba un presente con mayor peso político en el mundo y una mayor autonomía económica y cultural.

Mirando al futuro, no es difícil prever que, si la crisis no lo frustra, los grandes países como Brasil o México – lo mismo que China, India, Rusia en otros espacios- seguirán ganando presencia en la arena internacional y reclamando un mayor peso  informativo. Y si esa demanda no se satisface convenientemente desde los grandes grupos existentes, si las grandes agencias globales no resultan permeables a los nuevos equilibrios, las brasileñas OGlobo y Estado, la mexicana Notimex y la argentina TELAM, como las agencias asiáticas o rusas, encontrarán la forma de fortalecer la internacionalización de sus proyectos.

Podemos vislumbrar un nuevo orden mundial de la información compuesto por alianzas sistemáticas entre agencias globales y locales que garantice la densidad de información –y de puntos de cobertura- que reclama una sociedad abierta. Ese nuevo orden podría significar una construcción fáctica de la multipolaridad, o una versión libre del lema “un mundo, voces múltiples” que significó en los años 80 al informe Mc Bride. En cualquier caso, lo esencial es asumir que ningún equilibrio es eterno, que todo está sometido a influencias y reequilibrios presionados por las nuevas relaciones de poder. Y que ni las grandes agencias tienen el terreno consolidado ni las pequeñas pueden impedir imbricarse en los conflictos de credibilidad vinculados a la globalización de la información.

Pero volvamos al hilo conductor de este apartado. Si el consumo de noticias de agencia – número de noticias de las diferentes agencias publicadas por los medios – proporcionan esas conclusiones sobre Latinoamérica, el análisis del diferente perfil de la oferta de noticias nos proporciona nuevos y valiosos datos sobre las diferentes culturas informativas. ¿Cuántas noticias merece tal cumbre en Asia en los hilos de cada agencia? ¿Cuántas las experiencias de Brasil en el biodiesel? ¿Cuántas este o aquel conflicto bélico? Aunque la cantidad de notas no suele considerarse determinante como medida de relevancia de nada, aun así, si se pudiera medir y comparar fácilmente la diferente ponderación que cada agencia dedica a un conflicto o una nación o a un determinado tema, encontraríamos la dimensión aproximada de su desviación hacia occidente u oriente, el norte o el sur, Latinoamérica, Europa… o África.

Es así porque la cantidad de notas que una agencia produce desde una región, medida en términos absolutos o relativos, es una muestra objetiva de la relación de prioridades con las que jerarquiza su perspectiva, un símbolo de sus esfuerzos y preferencias informativas, una muestra evidente de la importancia relativa que concede a cada acontecimiento.

Como esa afirmación es muy difícil de probar (entre otras cosas por la dificultad que conlleva realizar la comparación) es posible recorrer otro camino más sencillo: sustituirlo por un análisis sobre el reparto de recursos dedicados a la cobertura de cada zona del mundo. Se trata de vías equivalentes porque, tratándose de comparar posiciones geoestratégicas, el reparto territorial de la red de información, es decir la distribución estable de periodistas por áreas geográficas, es la que determina la composición de los hilos medida en número de noticias. Ambas facetas, el número relativo de noticias y el de recursos destinados a la cobertura de cada región del mundo, son una medida de la importancia que se la asigna y, a la postre, de la sensibilidad con la que se la observa. Ambos son el resultado de decisiones que se toman aparentemente como un proceso natural amparado en criterios puramente profesionales, pero que es diferente según sea decidido por gestores de una agencia norteamericana, alemana o rusa.

Al final, esta dimensión cuantitativa acaba conectando con la cualitativa. La intensidad de recursos favorece los saltos de calidad informativa porque los periodistas más cualificados terminan desarrollando su carrera profesional en las grandes delegaciones, las que disponen el máximo de recursos.

El hecho es que la cosmovisión cultural impregna, de forma natural, las culturas empresariales. La ubicación de los recursos de redacción en cada agencia responde a una lógica diferente tan precisa como invisible: no es consecuencia de una sola decisión, que podría discutirse, sino el resultado de todas las decisiones que los directivos que han pasado por cada departamento internacional ha ido tomando en las diferentes etapas. El presente es simplemente el resultado de la huella que deja toda una historia de decisiones, recibidas como “naturales” aunque sean opuestas a las que tomaría cualquier otra agencia ubicada en otro espacio. El pasado condiciona el futuro de modo que, quienes participan en esa asignación natural no son conscientes que están determinando las agendas futuras y los contenidos que se derivan de ella.

  1. 4. Recursos periodisticos y desequilibrios territoriales

¿Qué se sabe del África subsahariana? Fundamentalmente lo que las agencias y los corresponsales de medios transmiten. La calidad, profundidad y humanidad de las crónicas de un solo hombre, Ryszard Kapuscinski, -hoy tambien cuestionado- actuando como único corresponsal de la agencia polaca, ha hecho más por su conocimiento que  todos las coberturas rutinarias de muchos otros periodistas. Hecha esta salvedad excepcional, extensible a los buenos corresponsales de medios, habrá que convenir que es necesario elaborar un número suficiente de noticias para obtener el dibujo preciso de una realidad. Una presencia insuficiente o puntual en un país o una región ofrece necesariamente una imagen sesgada, por parcial e incompleta, en la medida en que lo urgente, a menudo lo más burdo o lo más espectacular, empezando por sucesos y catástrofes, hechos insólitos o crisis políticas, ocupara todos los espacios y tiempos disponibles. Es necesario desplegar un mínimo de redactores para poder captar los esfuerzos de una sociedad para modernizarse o describir la pluralidad cultural y política existente en un país.

El continente africano sufre guerras, muerte, hambre, epidemias del SIDA, corrupción y nepotismo pero también es un hervidero de muchas voluntades que pelean por salir del círculo vicioso del subdesarrollo. Si los medios informativos destinados a ese continente tuvieran relación con la densidad de acontecimientos y con las historias humanas que pueden provocar, se nos haría insoportable la indiferencia sobre sus problemas.

Las grandes agencias garantizan una malla de cobertura permanente de los grandes conflictos mucho más plural, abierta y “democrática” que las de los grandes grupos editoriales privados. AFP, AP, EFE y otras agencias casi triplican la red de puntos de puntos de información del New York Times[3], por ejemplo. Son, por ello, las organizaciones más sensibles a la diversidad cultural entre los grupos de comunicación occidentales, la garantía de que no se produce un apagón informativo sobre un asunto, las que “están siempre allí” antes y después de convertirse en el punto apetecido por los grandes medios.  Pero, no por ello, son ajenas a la lógica dominante del Primer Mundo: su escasa presencia en África confirma que, también para ellas, se trata de un continente marginal. A pesar de producir muchas más noticias que las que los medios publican, la realidad es que destinan a su cobertura un porcentaje de periodistas (entre un 1 y un 3% de la red mundial entre las grandes agencias occidentales) que está más cercano a la escasa aportación de Africa al PIB mundial (un 1%) que a su población (un 12%). Desgraciadamente, también para ellas la importancia informativa de un territorio la marca, sobre todo, la magnitud de su PIB y no la de los conflictos humanos que encierra.

Tomemos otro ejemplo de una comparación de los diferentes criterios en el despliegue de recursos informativos, como muestra de sensibilidad cultural. España y Francia pertenecen a la UE y, a la vez, se sienten cerca, cultural y emocionalmente, de Latinoamérica. ¿Cómo asumen “sus” agencias, AFP y EFE, esa doble seña de identidad? ¿Cómo ajustan sus estrategias? A pesar de su diferencia de tamaño (AFP tiene el doble de recursos en el exterior que EFE), una comparación entre la distribución territorial de sus recursos nos ofrece una fotografía de sus diferentes almas informativas.

AFP EFE
Norteamérica 12% 10%
Latinoamérica 16% 49%
Oriente Medio 13% 10%
África 8% 5%
Asia-Pacifico 20% 9%
Europa 29% 17%
Total 100% 100%

Empecemos por Europa. El diferente ascendiente de Francia y España en el continente condiciona, sin duda, las estrategias de “sus agencias” Allí, AFP concentra un 29% de sus esfuerzos informativos en la cobertura directa de acontecimientos mientras EFE le dedica solo el 17%. Mientras la primera asume su vocación de liderazgo regional, la segunda refuerza su posición a partir de alianzas con otras agencias europeas, especialmente con la alemana DPA, en European Press Agency, EPA[4], una empresa en la que cada agencia nacional es, a la vez, contribuidor, distribuidor y socio. Fruto de ello fue la creación en 2003 de un servicio internacional de fotos –con más de 1000 instantáneas diarias- con cobertura en todo el mundo que les está reportando un rápido éxito informativo..

En Latinoamérica el esfuerzo es inverso. Allí concentra EFE casi la mitad de su potencia informativa internacional, tres veces más recursos que en Europa, mientras France Press le dedica solo el 16%, casi la mitad que a  Europa. Medido en número de personas la red de EFE casi duplica a la de AFP, 240 por 165. Pero conviene añadir un poco de perspectiva a estas cifras porque su diferencia se agranda respecto a la situación habida en 2004. Entonces, EFE dedicaba a América Latina solo un 13% más periodistas que France Press, 17% más que AP y 25% más que Reuters. ¿Qué significa eso? Sencillamente que cada agencia está leyendo su posicionamiento geoestratégico en la globalización de forma diferente, una prueba que sitúa la misión y el papel de cada agencia en una nueva perspectiva dinámica.

La disposición intensa de recursos en una zona se convierte en una condición necesaria pero no suficiente para la mayor autonomía informativa de una región: es necesario además que la mirada sirva para enriquecer su visión del mundo, que tenga la voluntad de cubrir suficientemente cualquier interés que le afecte. Si Latinoamérica está incrementando sus intercambios con el área Asia Pacifico, ¿cómo interpretar  el menor esfuerzo en recursos que vuelca allí EFE? ¿Puede debilitar, con ello, su posición en Latinoamérica en beneficio, por ejemplo,  de France Press, con una cobertura más intensa en esa macroregión?  ¿Tendrán las agencias latinoamericanas que suplir las carencias del creciente espacio informativo que supone Asia?

  1. 5. La conciencia evoluciona: la pugna entre el alma española y el alma latinoamericana en EFE

La mirada al mundo desde Latinoamérica ha sido parte de las señas de identidad de EFE, como reconocía el chileno Fernando Reyes Mata[5] cuando afirmaba en 1993: “EFE parece llenar el hueco del viejo sueño de la agencia latinoamericana de noticias: ha construido la identidad de lo iberoamericano en el espacio informativo internacional” y nos trae “la actualidad de otros continentes y regiones vista desde una percepción cultural más propia y cercana”.[6]

Eran momentos en que EFE se sentía y presentaba fundamentalmente como agencia iberoamericana sin dejar de percibirse como española quizás porque ambas nociones no se sentían conflictivas. Así, cuando EFE recibió, el Premio Príncipe de Asturias  en Comunicación en 1995 -un galardón que otros años ha recaído en Indro Montanelli, la CNN, Riszard Kapucinski o Humberto Eco- el jurado no hacía ninguna referencia a su condición de española: se citaba su carácter de “vínculo de comunicación entre España e Iberoamérica, y entre los diversos países de habla hispana”. Sin decirlo se estaba premiando su alma latinoamericana.

La cuestión es plantearse como ha evolucionado esa percepción y esa mirada. Y es que la construcción de conciencia colectiva no es algo estático sino dinámico, requiere una adaptación continua a los nuevos equilibrios geopolíticos y al tamaño y la influencia de los nuevos actores. La idea de modernidad y el papel de España en el mundo ha ido evolucionando en los últimos 20 años, no-solo en su interrelación creciente con Europa, sino también y sobre todo por la transnacionalización de sus  grandes empresas, un fenómeno que ha forzado una nueva mirada hacia Latinoamérica.

El cambio ha sido tan rápido que en pocos años la cercanía cultural entre ambas orillas ha pasado a estar salpicada por episodios que reflejan recelos o distancia emocional. De un capital social común, derivado de un contacto humano históricamente fluido, enriquecido con el mestizaje, en un clima de ausencias de conflictos, acrecentado por el éxito de la transición política y su modernización económica, se ha pasado rápidamente a otra situación caracterizada por la hegemonía de empresas españolas en buena parte del continente. El hecho de que hayan pasado a controlar muchos de los espacios económicos que afectan directamente a la vida de los ciudadanos (el teléfono, la energía, la banca, el turismo…) ha reforzado reflejos negativos colectivos asociados al rol de nuevos conquistadores, con actitudes distan­tes o arrogantes. El desplazamiento hacia las diversas izquierdas del poder político en muchos de sus países o el peso creciente de China como estabilizador de sus desequilibrios macroeconómicos han actuado en el mismo sentido.

De forma consciente o inconsciente, estos cambios han afectado a la dialéctica entre el espacio político y el espacio informativo y ha tenido que perturbar la mirada sobre los acontecimientos desde la propia EFE, como agencia líder del mundo en español. Digamos que ha tenido que poner a prueba un conflicto latente entre su “alma iberoamericana” y su “alma propiamente española”, una disputa similar a la que sufre cualquier organización que se abre a los conflictos de la globalización, pero que adquiere en los medios un matiz particular. Y es que enlaza con el conflicto latente entre los dos vectores que pugnan por definir su línea editorial: de un lado, el que representa el poder directo de los gestores, representante, a su vez, del más sutil de los accionistas, con frecuencia preciso pero corto; de otro el interés de su audiencia compuesta por lectores, radioyentes o televidentes. En el caso de EFE, ese dilema la hace vascular entre los diferentes impulsos asociados a la legitimidad del interés general asociada a España y la procedente de la mayoría de sus clientes medios ubicados en América.[7]

Esta situación inédita coloca a EFE – y a otras muchas agencias- ante un nuevo reto: confrontar la independencia informativa con el interés general. Pues si éste se concibe desde su perspectiva nacional, como una prolongación de los intereses españoles, está claro que debería favorecerse la mejor difusión de las posiciones de las empresas españolas, a menudo en conflicto con los gobiernos de diversos países. Pero si se mira la realidad desde una perspectiva del continente, como agencia transnacional latinoamericana más que española, entonces la autonomía de la línea editorial adquiere otra dimensión multilateral.

  1. 6. La transnacionalización como conflicto: consensos básicos, y principios periodísticos.

La independencia informativa adquiere un nuevo sentido en este contexto porque exige elevar la dimensión del interés general informativo.El ejemplo de EFE es valido para muchas otras agencias: sentirse un proyecto regional latinoamericano requiere desnacionalizar su mirada como refuerzo de credibilidad internacional en esta etapa concreta de la globalización.

La asunción desde las agencias de una nueva conciencia supranacional es un camino largo cargado de contradicciones. Afecta a sus principios informativos y a sus pautas organizativas, obliga a universalizar consensos e institucionalizar cauces para resolver conflictos, altera los equilibrios internos de poder. Todo ello afecta a sus redacciones en tanto que trabajadores y en tanto que periodistas.

Nadie puede asegurar que ese conflicto por el que se cuelan, de una forma u otra, los intereses nacionales vayan a resolverse a favor de una lógica cultural más abierta y multilateral. Pero, en cualquier caso, se trata de un camino cargado de oportunidades porque permite reforzar la vocación universal de los principios periodísticos, algo que conjuga bien con la aplicación de Consejos de Redacción con competencias de ámbito global. Ese es el caso de EFE donde la aprobación de un Estatuto de Redacción en 2006 ha servido para explicitar los deberes y derechos de los informadores y las normas comunes de carácter deontológico y, al tiempo, y esta novedad es tan importante como la anterior, por primera vez, institucionaliza un tratamiento transnacional de las redacciones y se extiende a todos sus miembros, incluidos los colaboradores y corresponsales en todo el mundo, y los de empresas filiales sea cual sea su nacionalidad o relación laboral.

No es un asunto menor porque significa un principio de ruptura con  aspectos organizativos que gozaban de una amplía tradición nacional como el que asociaba la labor de los delegados de EFE con la de embajadores de España, un planteamiento demasiado común en otras agencias. Esa tradición tenía una consecuencia evidente que cada vez resulta más difícil de asumir y verbalizar: que las cabeceras de las corresponsalías debían de estar ocupadas por españoles. Y es que la madurez de las tendencias globalizadoras impiden mantener la credibilidad como agencia internacional latinoamericana y mantener el mando, en todos los niveles, en españoles. Lo que ha sido posible hace 25 años ya no lo es ahora, cuando se precisa desarrollar la apertura orgánica a otras identidades. La internacionalización de un proyecto no es compatible con la nacionalización del mando, no lo es para cualquier empresa transnacional de cualquier sector y, con menos motivo, lo es para una empresa informativa.

Llama la atención que empresas que consideran esencial avanzar en la igualdad de género hayan mantenido o mantengan otras actitudes orgánicas de exclusión cuando se refieren a la igualdad de trato entre periodistas de diferentes naciones. La resolución rápida de esa “ficción nacional”, propia de un planteamiento neocolonial, exige abrir la carrera profesional y seleccionar a los redactores en función de su valía, no de su origen, para las más diversas funciones, incluidos puestos de la central.

Esa armazón nacional justifica un interés general sectario que resulta cada vez menos defendible y requiere ser sustituido por nuevos consensos basados en planteamientos profesionales. En la medida que se avanza en ese camino, se hace imprescindible objetivizar y someter a revisión determinados sobreentendidos nacionales. Otros ejemplos de EFE pueden servir de ejemplo: si antes no era necesario explicitar que Ceuta y Melilla “son plazas españolas”[8] o que ETA es una “banda terrorista” y se la persigue  por eso y no por defender la separación de Euskadi, ahora sí. En la medida en que se produce a una apertura a nuevas perspectivas, (lo que en EFE sería la asunción definitiva del alma americana), los consensos ideológicos, antes percibidos y asumidos como naturales, deben explicitarse y superar el penúltimo debate de la independencia informativa.

  1. 7. Algunas conclusiones.

La construcción de un nuevo equilibrio informativo se hace imprescindible. La actual crisis ha sido posible porque el sistema de medios ha aceptado los enfoques interesados de los grandes grupos o, lo que es lo mismo, ha dejado de enfocar la parte de la realidad que contradecía sus intereses. El nuevo equilibrio exige un entramado más articulado y equilibrado de los flujos de información y avances en las pautas periodísticas de acuerdo a las nuevas miradas del interés general.  En ambos aspectos las agencias deben aspirar a cumplir una labor esencial pero, para ello, deben  animarse a formar parte de proyectos globales o construirlos ellos mismos internacionalizando sus redes de información. La alianza entre agencias globales y locales es una alternativa que puede satisfacer el nuevo reequilibrio multipolar.

Aunque a algunos tengan miedo de ciertas palabras lo que se les pide a las agencias -a todas pero sobre todo a las pequeñas- es que desnacionalicen su mirada, que transnacionalicen sus proyectos a partir de identidades culturales regionales.

Todas las agencias habrán de afrontar los conflictos de credibilidad vinculados a la globalización de la información. Significa que, aunque dispongan todavía de un alma nacional, deben bascular hacia planteamientos universales que globalizan los intereses y las pautas informativas que son precisamente las del equilibrio y la independencia, escritas con letras de oro en el imaginario del periodista. Significa también, saber ganar distancia respecto a sus objetivos e intereses nacionales, a cuidar su credibilidad entre los ciudadanos y medios de otros países cuando exportan información sobre hechos domésticos o se refiere a la actividad de “sus” empresas e instituciones.

La historia de EFE es parte de la mejor historia de España, una historia de equilibrio de sensibilidades, de miradas complejas al mundo y de complicidades con Latinoamérica en la construcción de un futuro mejor para el continente. Estas líneas han pretendido explicitar sus conflictos como muestra de un alma viva y en evolución que debe saber crecer y cambiar.


APENDICE: El espacio intraestatal: articulación plurilinguística y autonomía informativa  en España

Si España ha debido reordenar en las últimas dos décadas sus sentimientos y sus proyectos exteriores, en el espacio interior ha debido afrontar, una vez más, un debate esencialista en el que vocablos como autodeterminación, nación de naciones o estado libre asociado han formado parte de la agenda política. La presión de Catalunya y Euskadi han puesto en evidencia los diversos niveles del interés general, mientras sufrían la prueba de fuego de las diferentes miradas políticas y culturales y se  avanzaba en la rápida construcción de un estado compuesto, que aspira a compatibilizar rasgos asimétricos y solidarios.

Estos cambios han afectado, sin duda, al espacio informativo que se muestra con una mirada cultural diferenciada por territorios. Merece la pena dedicar unas líneas a analizar la coherencia interna del discurso de la autonomía y los reequilibrios territoriales informativos.

Desde los primeros años 80 EFE debió asumir un nuevo discurso orgánico para adecuarse a la tarea de la articulación informativa de España adecuada al nuevo mapa de las Comunidades Autónomas. Ese objetivo significaba  una doble perspectiva: por un lado, había que garantizar que cada comunidad pudiera cohesionarse en su interior desde su propia idiosincrasia; por otro, que esos particularismos no rompieran la idea colectiva de España mientras se acompañaba en su evolución. Lo primero exigía que los medios pudieran crear y desarrollar secciones dedicadas a su comunidad lo que requería el suministro de un número suficiente de noticias regionales. Lo segundo que los servicios nacionales e internacionales recogieran la pluralidad del nuevo Estado.

A finales de los 80, Miguel Angel Aguilar, director de Información de EFE, declaraba, “tengo explicado a Don José Bono[9] que no existirá Castilla-La Mancha hasta que no haya medios informativos con suficiente implantación en el conjunto de todos sus territorios. Entre tanto, Castilla-La Mancha seguirá siendo un lugar de cuyo nombre político no querremos acordarnos”. Esa reflexión, que enlaza el espacio político y el informativo, permite enjuiciar la presencia y el comportamiento de EFE en Cataluña, una de las nacionalidades-naciones históricas de España, y hacerlo con los mismos parámetros que se han utilizado en las líneas anteriores para valorar la articulación informativa en otros territorios supranacionales.

Según el Baròmetre de la Comunicacio i la Cultura la lengua más habitual en Cataluña es el castellano en una proporción del 58/42. El consumo de información refleja esa realidad con bastante aproximación ya que se desenvuelve en castellano y catalán en una proporción aproximada de 56/44 a favor del castellano. Esos datos reflejan una ligera sobreponderación del catalán probablemente motivada por los esfuerzos de las instituciones catalanas para fomentar el uso del catalán como expresión de una cultura. Esa tarea está dedicada en buena medida a la Radio Televisió de Catalunya, TV3, medio que cumple la función de garantizar una cohesión cultural en la lengua vernácula.

Si TV3 es parte del Estado español al serlo de su nacionalidad más significativa, EFE es parte de Cataluña al hacer valer su peso como principal agencia de noticias para potenciar y enriquecer su identidad. Muchos datos avalan la política informativa de su organización en Cataluña. De entrada, su producción informativa se transmite indistintamente en castellano y catalán y tiene una dimensión suficiente para abastecer cualquier proyecto informativo. En cada lengua se producen más de 250 noticias diarias referidas a Cataluña en todos los formatos y en diferentes ámbitos, incluidas las de nivel comarcal, emitidas solo en catalán. Despliega una red de 110 personas -una plantilla fija de 55 personas y el resto corresponsales- que asumen la cobertura y edición regional de noticias en diferentes formatos, principalmente texto. Esos activos suponen el 8% de los recursos desplegados en todo el mundo.

La presencia informativa de Cataluña en el resto de España esté en consonancia con su peso. La participación de las noticias de EFE Catalunya en las recibidas y procesadas por cualesquiera de los medios de España, vascula entre el 17 y el 21% superior a su peso poblacional que es del 16% y también ligeramente la participación de Cataluña en el PIB de España, que asciende al 18%. Ambas referencias han sido precisamente utilizadas como ejemplo de equilibrio en la negociación del Estatut de Catalunya, la pieza institucional que instrumenta su relación con España.[10] Se trata de unos recursos y una presencia capaz de transmitir sus más ricos perfiles identitarios.

EFE cuida también la presencia de Cataluña en el mundo y se beneficia de su condición como agencia internacional de primer orden y de su capacidad para diseminar sus mensajes de posicionamiento en un conjunto informativo caracterizado por la credibilidad y la seriedad. Su contribución a los hilos internacionales está, desde luego, sobreponderada respecto a cualquier otra nación latinoamericana que no cuente con un altavoz de esa potencia.

Ignacio Muro Benayas[11]

www.ignaciomuro.es


[1] Esa es una de las recomendaciones incluida en el Informe Mac Bride que recomendaba un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación, NOMIC, auspiciada por la UNESCO en los 80.

[2] El primer estudio de referencia lo llevó a cabo, en 1962, el Centro Internacional de Estudios Superiores de Periodismo para América Latina (CIESPAL), con sede en Quito. Sus resultados fueron reveladores: el 94,3% de la información internacional publicada en Iberoamérica era obra de las grandes agencia de noticias no hispanas, sobre todo de las dos, estadounidenses –AP y UPI-, que sumaban el 79,3% del total.

Cuatro años más tarde, en 1966, el profesor venezolano Eleazar Díaz Rangel dirigió otro estudio, que refrendó similares conclusiones. Les correspondía a las agencias internacionales el 76,5% de la información publicada, siendo el 72,1% del total de AP y UPI, y sólo el 4,4% de las europeas Reuter (Reino Unido), AFP (Francia) y ANSA (Italia). Estudios posteriores de ambos institutos apuntan un fuerte despliegue de EFE. Entre 1989 y 1993, el chileno Fernando Reyes Mata, profesor de periodismo internacional de la Universidad Andrés Bello en Chile y director de ILET, Instituto Latinoamericano de Estudios Transnacionales, publica nuevos informes en el último de los cuales EFE ocupó el primer lugar con el 28,76% de las noticias publicadas y el 26,87% del espacio total. Detrás quedaron AP (18,37% de las noticias y el 15,98% de la extensión), AFP (13,22% y 10,69%) Y Reuter (12,85% y 11,12%).

[3] New Yor Times disponía antes de la presente crisis de 45 corresponsalías desplegadas en el mundo. AFP supera las 165, AP o EFE las 125

[4] EPA, European Press Agency, además de EFE, incluye a la alemana DPA, la holandesa ANP, la austriaca APA, la italiana ANSA, la agencia de Bélgica BELGA, EFE, la suiza KEYSTONE, la portuguesa LUSA…

[5] Fernando Reyes Mata,  en tanto que profesor de periodismo internacional de la Universidad Andrés Bello en Chile y director de ILET, Instituto Latinoamericano de Estudios Transnacionales, es autor de diversos informes sobre la presencia internacional de las agencias de prensa en los años 1989, 1991 y 1992.

[6] Veinte años antes, la también chilena Raquel Salinas, una de las abanderadas del NOMIC y siempre crítica del protagonismo de las grandes agencias, reconocía en “Agencias Transnacionales de Información y Tercer Mundo” Quito 1984, el papel de la presencia de EFE en Centroamérica a través de ACAN-EFE que “tiene el mérito indiscutible de haber generado y ofrecido una alternativa noticiosa de mayor carácter local a los países de América Central”.

[7] Esa visión de EFE más española o iberoamericana ha estado influida, en líneas generales, por los periodos de hegemonía política del PP o del PSOE, más proclives los primeros a una visión nacional cerrada y arrogante y los segundos a una perspectiva más integradora y multilateral, comprometida con la autonomía latinoamericana. En cualquier caso, se trata de una afirmación que no se considera relevante para este trabajo y que merece ser analizada en otro espacio.

[8] Ceuta y Melilla son enclaves españoles en el norte de Marruecos que éste reivindica como propios, por considerarlos reminiscencia de un pasado colonial, en un claro paralelismo con Gibraltar, enclave ingles en España.

[9] José Bono era entonces presidente de Castilla La mancha, la región a la que se refería Cervantes en “El Quijote”, cuyas primeras palabras rezan: “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…”

[10] En el Estatut de Catalunya se han utilizado los criterios de población o PIB para medir el equilibrio de la relación intraestatal: como ejemplo, existe un compromiso de que la inversión del Estado central en Cataluña será, como mínimo, proporcional al PIB.

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Written by Ignacio Muro

10/05/2010 a 12:22

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