Ignacio Muro Benayas

Política, economía, medios, participación

“La fuerza del trabajo”

Reseña El PaisReseña en EL PAIS de “Esta no es mi empresa” por Ramón Casamayor  

Descargar sobre el trabajo el ajuste de la crisis es una temeridad. Porque provocaría un nuevo hundimiento de la demanda y, sobre todo, porque es imprescindible cambiar el modelo económico y hacerlo más intensivo en conocimiento para multiplicar la innovación y la productividad. Y ese objetivo es incompatible con la precaria y continua rotación de recién licenciados o con modelos empresariales que requieren la expulsión sistemática de trabajadores expertos mediante prejubilaciones forzadas. Ésa es a grandes rasgos una de las tesis que el autor de este trabajo, colaborador de estas páginas, desarrolla en el mismo.

Un trabajo que según el prologuista, Ramón Jáuregui, se trata de “una obra de sociología empresarial a la americana”, con casuística incorporada. Una obra “reflexiva, pero sistematizada” que se aborda desde una óptica progresista en el sentido de “apostar por una sociedad libre y justa”.

 

En el acto público de presentación del mismo, Jáuregui destacó también que se trata de “una llamada al cambio y a la esperanza para que la empresa y la sociedad vayan en paralelo”. Sobre todo, si se tiene en cuenta que, según Jáuregui, “a la empresa se la sopla la sociedad”, por lo que debe ser esta última la que presione para que la empresa juegue bien el importante papel que tiene en el mundo por su responsabilidad social. Y más aún al considerar que el papel de los sindicatos y los trabajadores está “cada vez más difuminado”.

 

En ese contexto y en unas coordenadas marcadas por “la revolución tecnológica y la globalización” se desarrolla la vida de las empresas y se inscriben las propuestas de este trabajo, que se acabó en plena etapa de crecimiento económico, hace 14 meses, y que no sólo sigue vigente, sino que “la crisis le aporta más valor”, según su autor.

 

Muro recuerda que antes de que la crisis financiera actual recordara a la de 1929, otro parámetro menos visible, “la distribución de la renta en EE UU entre capital y trabajo había retrocedido a los niveles previos a esa fecha fatídica”. Y concluye en que si ambos fenómenos, crisis financiera y desigualdad de rentas, son simultáneos es “porque están interconectados, son manifestación del mismo comportamiento y deben participar del mismo diagnóstico”.

 

Volviendo a la presentación pública del libro, su autor recordó que más del 80% de los 6.000 millones de ciudadanos del mundo están cohesionados por las reglas del mercado, “la cadena civilizadora e implacable de la burguesía”, según Karl Marx. Cita algo osada en los tiempos que corren por lo que pidió disculpas. Pero recordó a continuación que a pesar de la evidente “democratización territorial de la riqueza”, también nos encontramos ante una clara “concentración del poder en pocas manos”.

 

Una situación a la que habría que añadir el predominio del capital financiero y el predominio absoluto del capital sobre el trabajo. Con más ingredientes, incluso, como la presión del corto plazo en las decisiones empresariales y la capacidad de las tecnologías de la información para cambiar los objetivos, también, a plazos cada vez más cortos.

 

En ese contexto es en el que se encuentra el trabajador actual con la sensación de que le han cambiado la empresa y con dificultades para identificarse con la misma. Ahora se pasa “de mileurista a prejubilado”, casi sin solución de continuidad. Según Muro, de las tres partes de la vida laboral de un trabajador, dos está desapegado. “Cuando se acerca a los 45 o 50 años ya empieza a sentirse incómodo porque la compañía le mira de forma irregular. Le considera ajeno al equipo de la nueva dirección y casi siempre hay una nueva dirección en las compañías”.

 

Una de las soluciones que el autor propone para hacer frente a ese desapego, para dar más peso al trabajo frente al capital, es “aumentar la participación de los empleados en el capital de la empresa”. Y cita los ejemplos de Alemania, con efectos y resultados muy positivos, o los de EE UU, con compañías también ejemplares, como Google o Microsoft. Unos casos que le sirven para apuntillar que “el mejor cemento que puede unir a los trabajadores son las ideas”. 

Descargar sobre el trabajo el ajuste de la crisis es una temeridad. Porque provocaría un nuevo hundimiento de la demanda y, sobre todo, porque es imprescindible cambiar el modelo económico y hacerlo más intensivo en conocimiento para multiplicar la innovación y la productividad. Y ese objetivo es incompatible con la precaria y continua rotación de recién licenciados o con modelos empresariales que requieren la expulsión sistemática de trabajadores expertos mediante prejubilaciones forzadas. Ésa es a grandes rasgos una de las tesis que el autor de este trabajo, colaborador de estas páginas, desarrolla en el mismo.

Un trabajo que según el prologuista, Ramón Jáuregui, se trata de “una obra de sociología empresarial a la americana”, con casuística incorporada. Una obra “reflexiva, pero sistematizada” que se aborda desde una óptica progresista en el sentido de “apostar por una sociedad libre y justa”.

 

En el acto público de presentación del mismo, Jáuregui destacó también que se trata de “una llamada al cambio y a la esperanza para que la empresa y la sociedad vayan en paralelo”. Sobre todo, si se tiene en cuenta que, según Jáuregui, “a la empresa se la sopla la sociedad”, por lo que debe ser esta última la que presione para que la empresa juegue bien el importante papel que tiene en el mundo por su responsabilidad social. Y más aún al considerar que el papel de los sindicatos y los trabajadores está “cada vez más difuminado”.

 

En ese contexto y en unas coordenadas marcadas por “la revolución tecnológica y la globalización” se desarrolla la vida de las empresas y se inscriben las propuestas de este trabajo, que se acabó en plena etapa de crecimiento económico, hace 14 meses, y que no sólo sigue vigente, sino que “la crisis le aporta más valor”, según su autor.

 

Muro recuerda que antes de que la crisis financiera actual recordara a la de 1929, otro parámetro menos visible, “la distribución de la renta en EE UU entre capital y trabajo había retrocedido a los niveles previos a esa fecha fatídica”. Y concluye en que si ambos fenómenos, crisis financiera y desigualdad de rentas, son simultáneos es “porque están interconectados, son manifestación del mismo comportamiento y deben participar del mismo diagnóstico”.

 

Volviendo a la presentación pública del libro, su autor recordó que más del 80% de los 6.000 millones de ciudadanos del mundo están cohesionados por las reglas del mercado, “la cadena civilizadora e implacable de la burguesía”, según Karl Marx. Cita algo osada en los tiempos que corren por lo que pidió disculpas. Pero recordó a continuación que a pesar de la evidente “democratización territorial de la riqueza”, también nos encontramos ante una clara “concentración del poder en pocas manos”.

 

Una situación a la que habría que añadir el predominio del capital financiero y el predominio absoluto del capital sobre el trabajo. Con más ingredientes, incluso, como la presión del corto plazo en las decisiones empresariales y la capacidad de las tecnologías de la información para cambiar los objetivos, también, a plazos cada vez más cortos.

 

En ese contexto es en el que se encuentra el trabajador actual con la sensación de que le han cambiado la empresa y con dificultades para identificarse con la misma. Ahora se pasa “de mileurista a prejubilado”, casi sin solución de continuidad. Según Muro, de las tres partes de la vida laboral de un trabajador, dos está desapegado. “Cuando se acerca a los 45 o 50 años ya empieza a sentirse incómodo porque la compañía le mira de forma irregular. Le considera ajeno al equipo de la nueva dirección y casi siempre hay una nueva dirección en las compañías”.

 

Una de las soluciones que el autor propone para hacer frente a ese desapego, para dar más peso al trabajo frente al capital, es “aumentar la participación de los empleados en el capital de la empresa”. Y cita los ejemplos de Alemania, con efectos y resultados muy positivos, o los de EE UU, con compañías también ejemplares, como Google o Microsoft. Unos casos que le sirven para apuntillar que “el mejor cemento que puede unir a los trabajadores son las ideas”.

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Written by Ignacio Muro

08/02/2009 a 16:16

Una respuesta

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  1. […] Enero 2, 2010 · Dejar un comentario Descargar sobre el trabajo el ajuste de la crisis es una temeridad. Porque provocaría un nuevo hundimiento de la demanda y, sobre todo, porque es imprescindible cambiar el modelo económico y hacerlo más intensivo en conocimiento para multiplicar la innovación y la productividad. Y ese objetivo es incompatible con la precaria y continua rotación de recién licenciados o con modelos empresariales que requieren la expulsión sistemática de trabajadores expertos mediante prejubilaciones forzadas. Ésa es a grandes rasgos una de las tesis que el autor de este trabajo, colaborador de estas páginas, desarrolla en el mismo. Leer más… […]


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