Ignacio Muro Benayas

Política, economía, medios, participación

Autonomía Informativa y empresas de comunicación en el mundo hispanohablante

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Portada libro El EscorialAportación al libro “La información Internacional en el Mundo Hispanohablante”

Introducción

El hecho de que un tercio del presupuesto de la administración de la Comunidad Europea se destine al pago de traductores e intérpretes demuestra fehacientemente el coste que puede representar, en términos cuantitativos, superar las barreras idiomáticas.  Por contraposición, y pido excusas por el reduccionismo, la lengua españo­la es un producto básico de coste cero, que tienen 350 millones de consumido­res naturales. La ausencia de un coste añadido de traductores e intérpretes es un valor intangible e incuantificable cuando nos referimos a un mercado de esa extensión. Ese mercado es también el de los medios de comunicación que utilizan el idioma español.

Desde la Agencia EFE, permanente observador del Continente Americano, se dispone de una magnífica atalaya para calibrar los movimientos que se pro­ducen en ese mercado, con la aparición de nuevas sensibilidades y nuevos actores. El reto es confirmar que esas nuevas sensibilidades yesos nuevos actores caminan hacia un futuro en el que se fortalezca la autonomía informa­tiva y cultural de la Comunidad Iberoamericana.

El eje económico Norte-Sur potencia un flujo paralelo de información desde los países del norte a los del sur. Los países económicamente depen­dientes consumen información servida por las agencias y los grandes grupos audiovisuales de los países del norte y ese consumo les arrastra a conocer más lo lejano que lo próximo. De ese modo la dependencia informativa acentúa la dependencia económica; por el contrario la autonomía informativa potencia la intercomunicación entre vecinos, las relaciones comerciales y la integración regional.

Hace 30 años el 80 por ciento de la información internacional que consu­mía América Latina era servida por agencias de origen anglosajón mientras que solo un 15 por ciento era servido por agencias de origen latino. Hoy ese porcentaje se ha invertido a favor de las agencias latinas, con un 45 por ciento mientras las anglosajonas han descendido hasta el 31 por ciento. De forma paralela ha crecido la información procedente de la propia red de corresponsales de los medios hasta suministrar el 25 por ciento restante de las noticias internacionales. Ambos hechos apuntan hacia un fortalecimiento de la autonomía informativa del Continente.

En este contexto podríamos decir que América Latina es hoy más latina que hace 30 años.

Sin embargo, en un mundo cada vez más integrado económicamente, es preciso disponer de agentes económicos fuertes, al menos en los más impor­tantes sectores productivos, para garantizar una cierta autonomía económica. La particularidad de América Latina es que, precisamente por constituir un mercado homogéneo en el uso de la lengua, el sector de los medios de comu­nicación está capacitado como ninguno para constituir un sector fuerte con empresas solidamente implantadas en sus países y que deben ir abriéndose a la comunidad iberoamericana con proyectos de comunicación trasnacionales.

Si eso ocurre se convertirán también, junto con la Agencia EFE, en fabri­cantes, hacedores, agentes decisivos de la autonomía informativa del Continente, con el efecto indudable de facilitar los procesos de integración regional en que este está inmerso.  Por ello es de gran interés repasar el estado actual del mercado de la comu­nicación tanto desde una perspectiva nacional como desde la perspectiva de maduración de proyectos trasnacionales.

EL MERCADO DE LA COMUNICACIÓN HISPANOHABLANTE DESDE LA PERSPECTIVA NACIONAL

La primera perspectiva del mercado de la comunicación hispanohablante debe construirse sumando las diferentes realidades de los 20 países que for­man la Comunidad Iberoamericana.

Un resumen de esa realidad plural puede constituir el siguiente:

1.      Se trata de un mercado heterogéneo con unos medios de comunicación que en conjunto, es decir, incluyendo prensa, radio y TV, crecen en incidencia social (para cada 1.000 habitantes) en la medida en que es mayor el nivel de desarrollo del país (PIE por habitante en dólares).

Destacan en el nivel superior: Puerto Rico, Argentina, Uruguay (con niveles similares en conjunto a los de España), Venezuela y Chile y en el inferior Guatemala, Paraguay y Santo Domingo, países en los que el peso de los medios de comunicación (por cada 1.000 habitantes) es aproximadamente un tercio del de los primeros.

2.      La radio tiene una incidencia proporcionalmente muy alta en aquellos países en los que los periódicos no alcanzan la barrera de difusión de los 50 ejemplares por cada 1.000 habitantes.

A pesar de tratarse de países con bajo nivel de desarrollo (menos de un 10 por ciento del de España) la extensión de los receptores de radio (que supera los 350 por cada 1.000 habitantes) es un 62 por ciento de la existencia en España. En esa situación de dominio de la culturá radiofónica se encuentran todos los países Centroamericanos, más los andinos Perú y Bolivia.

3.      Los países con mayor nivel de renta del Continente, superan claramente a España y no solo a España, en cuanto a la difusión de su prensa diaria. En un supuesto ranking de países iberoamericanos clasificados por la difusión de sus periódicos, España se situaría en 7° lugar. Pero si intro­dujéramos Francia o Italia entre esos países sus puestos serían el 4° y el 6°, respectivamente.

Por delante de Francia estarían Venezuela (186 ejemplares por cada 1.000 habitantes), Puerto Rico (181) y Uruguay (171). Por delante de España estaría además Chile (120), México (120), Cuba (99) y Argentina (85) al mismo nivel.

4.      La extensión de los receptores de radio en este grupo de países se sitúa, con oscilaciones, al mismo nivel relativo que en España: alrededor de 600 aparatos por cada 1.000 habitantes. Quedan por debajo Venezuela (406), Chile (327) y México (231).

Para evaluar estos datos téngase en cuenta que el parque de receptores de un país crece en proporción a su renta per cápita (por cada 1.000 habitantes hay 581 en España, 788 en Italia, 890 en Francia y 2.050 en EE.UU). Pero que un número superior a 350 puede ser más que suficien­te para que la audiencia potencial sea el 100 por ciento de la población.

5.      Por último, el número de receptores de TV supera por término medio los 120 por cada 1.000 habitantes destacando: Argentina (208), Puerto Rico (264), Cuba (193), Panamá (197), Uruguay (168), Chile (177), Venezuela (127), México (118) y Colombia (100). El resto de los países se sitúan entre 50 y 75 receptores por 1.000 habitantes, excepto Guatemala y Paraguay que se sitúan por debajo.

Teniendo en cuenta que la cifra de aparatos que permite alcanzar una audiencia potencial del 100 por ciento de la población se puede situar en 225, la audiencia potencial en Iberoamérica debe alcanzar hoy un 60 por ciento del total de la población.

En resumen:

1.      El mercado de los diarios se caracteriza por su desigual implanta­ción, con una difusión media que ronda los 80 ejemplares por 1.000 habitantes y con un buen número de países, los más importantes económicamente, con unos niveles de difusión de la prensa similares o superiores a los europeos.

2.      El mercado radiofónico está soportado por un parque de receptores que permite alcanzar prácticamente al 100 por ciento de la pobla­ción. Ello es posible porque países con escasa implantación de la prensa han compensado ese déficit con un mayor consumo de la oferta radiofónica

 La audiencia efectiva de la radio se puede estimar, incluyendo la his­pana de EE.UU y Brasil, en 150 millones de personas.

3.      El mercado televisivo tiene una audiencia potencial que no alcanza más del 60 por ciento de la población, principalmente entre la que se concentra en las zonas urbanas, aunque la audiencia efectiva debe acercarse a la de la radio

 NEGOCIO TRASNACIONAL y MERCADO HISPANOHABLANTE

La pregunta que procede realizar después de haber esbozado las características desiguales del mercado de la información hispanohablante es:

¿ Qué tienen y qué le falta a ese mercado para que fructifiquen negocios trasnacionales desde sus propios agentes empresariales?

En principio una Comunidad de 350 millones de personas que hablan la misma lengua, con una tirada diaria de 25 millones de periódicos, con una audiencia efectiva de radio de 150 millones y una de televisión que puede casi alcanzar esa cifra debe estar en condiciones de generar proyectos de comuni­cación que trasciendan las fronteras de cada país.

Además, la reconstrucción del tejido productivo en los principales países, (precedido, es verdad, de políticas de ajuste y acompañado de entradas de capital foráneo) y la modernización tecnológica que los medios han efectuado en los últimos años hacen del momento actual la coyuntura óptima para afron­tar ese reto.

Ese reto de hecho se está abordando aunque, como no podía ser de otra forma, desde los terrenos que más necesitan las economías de escala para ser rentables; en primer lugar, desde la televisión y en segundo lugar desde los sectores de radio y prensa.

Las diferencias entre estos sectores las marca la propia naturaleza del negocio.

 1.      En el sector prensa, por ejemplo, tienen un peso significativo los cos­tes variables, es decir, que aquellos que crecen con la tirada (papel, impresión y distribución), lo que puede convertir en no deseable supe­rar determinado nivel de difusión. Además el producto informativo de la prensa precisa cada vez más de un apego a su propio mercado local en el que las informaciones cercanas al lector es lo que singulariza al producto.

En consecuencia la trasnacionalización puede y debe construirse desde proyectos de cooperación entre los diarios líderes de cada país con el objeto de, manteniendo la propia identidad, coordinar la salida de nue­vos servicios al lector (grandes firmas, suplementos, infografía, etc) y generar sinergias en recursos (red de corresponsales, coberturas espe­ciales y archivo común). Este es precisamente el proyecto de los diarios del Grupo América compuesto por LA NACION de Buenos Aires, EL TIEMPO de Bogotá, EL MERCURIO de Chile, EL COMERCIO de Lima, EL COMERCIO de Quito, EL NORTE de Monterrey, EL PAIS de Paraguay y EL NACIONAL de Caracas.

2.      * En el Sector Radio el panorama es diferente porque el negocio también lo es y es diferente el punto de partida. Aunque en 1991 había 4.200 emisoras de habla hispana legalizadas, prácticamente no existen gran­des cadenas que cubran todo un territorio nacional (excepción hecha de Radio Caracol en Colombia). Existen, eso sí, en México, Argentina y Venezuela grandes grupos, casi siempre de estructura multimedia, cuya difusión se centra en la capital y que hoy se expanden al interior de sus países al amparo de un mercado publicitario en alza.

La construcción de grandes cadenas trasnacionales es, por tanto, un asunto pendiente. Llama la atención el escaso interés de las potentes cadenas radiofónicas españolas por participar en ese mercado por enci­ma del mero planteamiento de venta de productos.

La demanda de servicios internacionales por satélite (programas musi­cales e informativos) es, sin embargo, cada vez mayor entre las radios americanas ya que sirven de complemento y enriquecimiento de una programación que siguen concibiendo como cercana a su audiencia local. Existe, por tanto, un lugar para los mayoristas de la información (las Agencias) y para los mayoristas de programas (las grandes produc­toras, normalmente vinculadas a los grupos empresariales de EE.UU. con intereses en el mercado hispano).

En la medida en que estos mayoristas consigan articular un proyecto a partir de la sindicación de emisoras de los países hispanohablantes la trasnacionalización se puede poner en marcha. La velocidad de ese paso dependerá, sobre todo, de la capacidad de obtener financiación de los centros de inversión publicitaria de las compañías multinacionales.

3.      En el negocio de televisión, los enormes costes fijos que conlleva la creación de un canal y el peso relativamente bajo que entre esos costes significa el alquiler de un transpondedor de satélites, empuja al sector a expandirse a todos los mercados que tengan la misma identidad cultural y lingüística.

La financiación de proyectos trasnacionales se encuentra, sin embargo, con el mismo problema que las radios pero aquí acentuado por los enor­mes costes que trae consigo la construcción de un canal televisivo: la no adecuación entre las estructuras de gestión del inversionista publici­tario y del medio lo que, de un lado, dificulta el acceso a los mercados publicitarios nacionales y, de otro, no encuentra en las compañías mul­tinacionales un interlocutor válido que apruebe campañas publicitarias destinadas a una audiencia internacional.

Esta forma de acceder al mundo de la televisión trasnacional, señalando uno de sus problemas, no debe oscurecer un hecho objetivo: es aquí donde se están produciendo las grandes batallas empresariales y donde más rápidamente se están quemando etapas y proyectos.

Entre los proyectos en los que la demora en su diseño y ejecución pue­den afectar a su viabilidad se encuentra el Canal Iberoamericano que debe emitirse a través de Hispasat, gestionado por TVE. Su ausencia se hace notar especialmente cuando en los últimos doce meses se están fraguando las alianzas y las posiciones de control entre los grandes gru­pos de comunicación hispanos (TELEVISA, VENEVISION, TELE­MUNDO, UNIVISION) y entre estos y potentes competidores anglosa­jones (BBC, Reuter- TV, CNN, y NBC).  Televisa inició su salida internacional en la primera mitad de la década pasada con su intento de controlar UNlVISION, el primer canal hispa­no de EE.UU., pero esa operación se frustró por la negativa de la Comisión Federal Norteamericana de Comunicaciones a aceptarla.

En la segunda mitad de los años ochenta TELEVISA lanzó sus proyec­tos ECO y GALAVISION con destino al continente americano y euro­peo respectivamente. Después de soportar significativas pérdidas en la operación por la dificultad de acceder a los mercados publicitarios no mexicanos, Televisa ha dado un nuevo paso más agresivo todavía: el control de UNlVISION, en alianza con el grupo venezolano VENEVI­SION y el magnate californiano Jerrold Perenchio (operación en la que han invertido 550 millones de dólares), y la toma de participaciones importantes en canales de Chile y Argentina. Con estas operaciones, Televisa se asegura el acceso a los principales mercados del continente lo que se supone le permitirá financiar sus proyectos globales de comu­nicación.

Como respuesta a esa operación TELEMUNDO, el segundo canal his­pano de EE.UU., procedió a reestructurar su proyecto rompiendo el acuerdo que tenía con CNN e iniciando negociaciones con el canal bri­tánico BBC y la agencia REUTER-TV, (antes VIS NEWS), para la cre­ación de un servicio informativo de 24 horas en español dirigido al Continente Americano y España.  Por último, un tercer proyecto se ha puesto en marcha, en marzo de este año, cuando la cadena norteamericana NBC inició su propio canal de noticias 24 horas en español dirigido al Continente Americano.

Estos movimientos demuestran las apetencias de los grandes grupos de comunicación audiovisual para liderar operaciones trasnacionales diri­gidas a la comunidad hispanohablante, operaciones en las que, por des­gracia, están ausentes los canales públicos y privados españoles.

CONCLUSIONES

De todo lo expuesto se puede concluir que el sector de la comunicación latinoamericano tiene en la televisión su principal exponente trasnacional en el que dominan grupos de origen iberoamericano que están accediendo y lide­rando también al importante mercado hispano de EE.UU.

Esos grupos encuentran respuestas en proyectos construidos desde EE.UU. a partir de canales hispanos y/o de canales anglosajones.

En ninguno de estos proyectos, ni en otros alternativos que se conozcan excepto la construcción del canal Iberoamericano cuyo diseño no ha sido pre­sentado, existe participación de canales españoles.

Esta ausencia es también significativa en el mercado de la radio donde la experiencia y potencia de las cadenas españolas podría servir de catalizador para proyectos nacionales o trasnacionales. Su lugar, siempre que desde el propio continente no aparezcan proyectos alternativos, puede ocupar una alianza entre mayorista suministradores de infonnación y programas con una oferta de sindicación a las emisoras locales como las existentes en España y EE.UU.

En el sector prensa los acuerdos de cooperación entre los diarios compo­nentes del GRUPO AMERICA son pasos en la dirección correcta que pueden culminar en estructuras estables con capacidad de decisión trasnacional.

Excluyo conscientemente el papel de mi empresa, la Agencia EFE, por entender que su importancia como articulador infonnativo del Continente ha sido suficientemente expuesto en otras mesas de este curso.

Para concluir, la fortaleza de los medios y agencias interesados en imbri­carse y extenderse con el Continente Americano es una pieza clave para aumentar su autonomía infonnativa y cultural. Es una pieza clave y necesaria aunque probablemente no suficiente. Aunque ese es otro tema que probable­mente también haya sido tratado en este curso.

Ignacio Muro. Director Gerente de EFE  (Julio de 1993)

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Written by Ignacio Muro

10/07/1995 a 12:32

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