SEÑAS DE IDENTIDAD

Cada persona es siempre una intersección de muchas voluntades y pasiones, de muchos intereses, de muchos espacios.
En mi caso, esa intersección cruza, de un lado, la POLITICA con la ECONOMÍA y, de otro, la SOCIEDAD con la COMUNICACIÓN.
Mi experiencia vital me ha permitido compatibilizar, con una cierta dosis de dignidad, esos diversos espacios, al tiempo que me especializaba, casi sin querer, en la valoración de los procesos colectivos, es decir, en medir “la justicia” de los aportes de cada cual. Eso ocupó un primer momento de mi vida; en los siguientes, me dediqué al desarrollo de proyectos integrando visiones y conocimientos plurales. El balance de esa experiencia ha marcado indefectiblemente (espero que no lastrado) mi mirada y mi contribución como experto en flujos y tecnología de procesos, o, si lo prefiere más en abstracto, como experto en el análisis y desarrollo de cadenas de creación colectiva de valor. La consecuencia es que no puedo evitar aplicar esa óptica a la política o a los medios cuando me ocupo de ellos: me interesa no solo lo que son sino cómo han llegado a ser lo que son y cómo afrontar el cambiarlos.
La necesidad de modernizar LAS IDEAS DE LA IZQUIERDA es, quizás, la primera de mis obsesiones. No creo en los caminos trillados que, simplemente, gestionan lo que existe; no me gusta el conservadurismo de mucha de la socialdemocracia ni el simplismo y sectarismo de mucha de la otra izquierda. La incorporación de los derechos civiles y la lógica individual permiten sumar a las clases medias a los procesos de cambio, pero deben hacerse de forma que no se pierda cierta mirada colectiva que da sentido al “ser social” de todo individuo. Los derechos sociales y el concepto del interés general no son solo un problema ético y político, también los son de eficacia colectiva; solo mejorando a las personas, otorgándolas dignidad, se puede mejorar las organizaciones y los procesos sociales. Hay que entrar sin complejos en la pelea por hacer más abierta la sociedad y más participativas las empresas y las instituciones (y los sindicatos, las asociaciones o los partidos). Y también eficientes.
Del segundo cruce, surge la pasión por los MEDIOS DE COMUNICACIÓN y su creciente influencia y poder (y su desnaturalización) en la medida en que estrechan sus alianzas industriales con otros sectores empresariales. Conocer cómo contribuyen a articular el pensar y el sentir de las diferentes clases y grupos sociales se convierte en una necesidad. Los medios, son ya los principales INTELECTUALES ORGÁNICOS de las sociedades modernas, los centros de pensamiento que articulan las élites, construyen las conciencias y alimentan las ideologías mediante la construcción de los “mapas del mundo” que permiten a los ciudadanos aproximarse a una realidad, progresivamente ficcionada.
Del intercambio entre ambas pasiones surge una tercera. Comprender en qué medida las NUEVAS TECNOLOGÍAS e INTERNET pueden contribuir a democratizar los procesos y a rebajar las barreras a la creación de inteligencia y valor social. O, por el contrario, son solo una posibilidad frustrada más, un avance técnico que no solo no altera los fundamentos sociales sino que refuerza el poder de las élites y la injusticia de este mundo.
Hola, Ignacio!
He ido buscando por su libro de 2006 pero con ningun exito todavia; se parece que no existen examplares por Amazon o otros vendedores como asi. Se puede dicirme como puedo conseguirlo?
Muchas gracias!
Oliver
Oliver Boyd-Barrett
22/12/2009 a 4:41 PM
Hola
Yo también soy partidario de una España federal, con nuestras particularidades, plenemente democrática y federal.
Gallego-asturiano, de izquierdas, nunca afiliado, valoro la alternancia, si… pero no como fué “esto”, esta derrota tan deprimente de esa izquierda tan descafeinada, tan entregada… tan diferente de lo de hace siete años…en fín, ese es otro tema.
¿Por qué no una Iberia confederal?. En ella a nadie podría extrañar que un portugués hablase portugués… y, por tanto, un catalán, catalán, etc. Cambiaría radicalmente el enfoque de las cosas, la percepción de la realidad de nuestras gentes. Se evaporarían de un golpe, quizás, multitud de prejuicios, se moverían los ejes económicos, el triángulo Madrid-Barcelona-Lisboa cambiaría nuestro entorno, pienso que para bien. Me gustaría conocer tu opinión.
JL Porto Torres
17/02/2012 a 6:36 PM